¿Puede hoy en día alguien estar felizmente casado por más de 50 años?

Y no me refiero a la manera en la que lo logró un productor de Hollywood que se jactaba de cuán fácil le fue – ya que él necesitó seis diferentes esposas para alcanzar ese total.

Tampoco me refiero a la manera en la que el comediante George Burns decía que sería posible, ya que el decía que las únicas personas que podrían posiblemente disfrutar de 50 años de felicidad conyugal son aquellos que estuviesen casados por lo menos durante 100 años.

A lo que yo me refiero es a si en el mundo de hoy en día, donde cada año se necesita un modelo diferente y mejor de auto, iPad y teléfono inteligente; un mundo que nos ha lavado el cerebro para aceptar el concepto de desechar lo que ya no queremos y reemplazarlo constantemente por un sustituto mas deseable – ¿existe en este mundo moderno la posibilidad de lograr un compromiso feliz de larga duración con solamente una persona?

La pregunta se hace más relevante dado que la esperanza de vida ha ido aumentando con el tiempo, y la muerte ya no impone un repentino final al lazo al que entramos en nuestra juventud. Luego de décadas juntos, los miembros de la pareja tienen que tomar una decisión: pueden tratar de mantener el romance, la pasión y la amistad que en un principio los unió, o bien pueden renunciar a la esperanza de encontrar satisfacción en su primer amor y comenzar a dar vueltas y vueltas intentando encontrar la esquiva felicidad.

El matrimonio es un desafío. No podemos simplemente dar por sentado que entenderemos de forma intuitiva cómo hacer que una relación entre dos personas sobreviva con perfecta armonía. Luego de 54 años de matrimonio (¡y seguimos contando!) quiero compartir con ustedes tres grandes consejos que he obtenido de la sabiduría y la tradición judía.

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1. Felicidad y Dificultades

El primer consejo lo escuché de los labios de mi madre, de bendita memoria. Ella tenía 95 años en aquel entonces. Habiendo visto muchos matrimonios tener serias dificultades y contrastando con lo fuerte que era la relación de mi madre con mi padre, me preguntaba cual sería su "secreto". La vida de mis padres estuvo llena de tiempos difíciles. En varias ocasiones tuvieron que escapar de su residencia por miedo a que los mataran – de Polonia a Alemania, de ahí a Hungría y luego a Suiza. Por último llegaron a Estados Unidos, donde enfrentaron grandes dificultades financieras. "¿Cómo puede ser" le pregunté a mi madre, "que a pesar de todo lo que enfrentaron, nunca te desesperaste sino que, en cambio, siempre hubo amor entre tú y Papá?".

Mi madre reflexionó por algunos momentos. Luego ella dijo de forma muy simple: "Para serte sincera, nunca supe que supuestamente debíamos ser felices".

Lo que ella entendió intuitivamente era que el matrimonio representaba mucho más que un mandamiento de pasar un buen rato y de ser felices. La versión Hollywodense publicita la felicidad como la meta; la versión judía ve a la felicidad como el dividendo que trae una buena vida con el compañero elegido, una vida que incluye la dificultad del compromiso, el deber y la responsabilidad.

La felicidad es el dividendo de una buena vida con el compañero elegido, una vida que incluye la dificultad del compromiso, el deber y la responsabilidad.

Como dijo la escritora Helen Keller: "La felicidad no viene desde afuera. Debe venir desde adentro. No es lo que vemos y palpamos, o lo que los otros hacen por nosotros lo que nos hace felices; sino que es lo que nosotros pensamos, sentimos y hacemos, primero por el prójimo y luego por nosotros".

La raíz de la palabra hebrea para amor, ohav, también significa "yo voy a dar". Amar verdaderamente significa estar más preocupado por las necesidades del otro que por las propias. "Te amo" no es poner énfasis en lo que debes hacer para hacerme feliz a , sino en la oportunidad que tengo yo de hacer algo por ti – lo cual después hará que me regocije.

Compara esto con los acuerdos que hace la gente hoy en día antes de casarse. El sacará la basura dado que ella lavará los platos. Harán turnos para preparar la cena. Dios no permita que una persona haga más que la otra. Eso no sería justo. Y luego por supuesto ninguno de los dos nunca será feliz, ya que siempre sentirán que podrían haber obtenido más del acuerdo.

Entra al matrimonio con la idea que éste garantizará una sonrisa perpetua en tu rostro y estarás condenado al fracaso. Debes en cambio comenzar tu matrimonio con el conocimiento de que lo que éste realmente te ofrece es la oportunidad de compartir los desafíos de la vida con la persona que amas, sin importar lo difícil que sea o lo que requiera de ti, y así recibirás a cambio el regalo de la mayor felicidad que hay, la cual viene del acto de dar.

Entonces el primer paso para tener un matrimonio feliz es recordarte a ti mismo que no se supone que estés siempre feliz. El mensaje inicial que se le da a los novios judíos al final de la ceremonia de casamiento es el rompimiento de un vaso. La vida tiene sus momentos difíciles. No puede estar llena de risas perpetuas. Pero el amor desinteresado nos permite sobreponernos a las dificultades juntos – y nos permite encontrar aquel tipo de alegría que nunca podríamos haber experimentado solos en una búsqueda hedonista de placer.

2. La Bendición del Olvido

El segundo secreto, por más sorprendente que parezca, es descubrir la bendición del olvido.

"Cada vez que tenemos una pelea" un hombre le dice a su amigo, "Mi esposa se pone histórica".

"¿Quieres decir histérica?", pregunta su amigo.

"No, quiero decir histórica – ella recuerda absolutamente todo lo que hice mal los últimos 20 años desde que estamos casados".

Los rabinos del Midrash preguntan por qué Dios nos creó con la aparente falla del olvido. ¿Acaso Él no podría haber hecho que nuestras mentes fueran lo suficientemente competentes como para recordar los eventos de nuestra vida? Y responden que no fue un error celestial, sino el cumplimiento de un propósito divino. Las personas no somos perfectas. Todos cometemos errores; ese es el precio que pagamos por nuestra humanidad. Y si nos equivocamos tenemos la oportunidad de arrepentirnos; si herimos a otra persona tenemos la oportunidad de disculparnos y luego seguir adelante.

"La felicidad no es más que una buena salud y una mala memoria"

Olvidar es el regalo de Dios que nos permite dejar los errores del pasado atrás. "Nunca lo olvidaré" es la respuesta apropiada sólo ante un acto de bondad de otro. "Yo elijo no recordar" es la sabia reacción ante un error de alguien que amamos, por un lapso de mal juicio o enojo temporal.

"La felicidad no es más que una buena salud y una mala memoria", escribió el filósofo Albert Schweitzer – y él podría haber dicho lo mismo como receta para un matrimonio exitoso. Desgraciadamente somos limitados en cuanto a lo que podemos hacer para asegurar una buena salud. Pero ciertamente no puede ser tan difícil acordarse de olvidar.

Concéntrate en las fallas de tu compañero y la lista no hará nada más que crecer y crecer. Aprende a utilizar la goma de borrar para los errores de tu compañero y la punta de tu lápiz para llevar el registro de sus virtudes, y siempre te acordarás por qué te casaste con él/ella en primer lugar.

3. Acuerdos

Y un último consejo para completar mis sugerencias.

Nunca me olvidaré de la manera en que lo expresó la mujer que compartió conmigo el mayor problema que había tenido en su matrimonio. "Yo siempre me quise casar con el Sr. Correcto. Y pensé que lo había encontrado, hasta que me di cuenta que mi esposo pensaba tener siempre razón".

¿Sabes cómo se le llama a alguien que cree que siempre tiene razón? “Divorciado” es la respuesta más apropiada. Nadie está siempre en lo correcto. Y nadie está siempre equivocado. Y si tú piensas que estás siempre en lo correcto – tú estás equivocado.

Correcto o incorrecto, una pareja casada tiene que aprender a llegar a un acuerdo.

Dos personas que viven juntas de seguro tendrán desacuerdos. Si ellos someten su discusión a votación, siempre terminara en empate. La solución es obvia. Correcto o incorrecto, una pareja casada debe aprender a llegar a un acuerdo.

Existe una sorprendente ley sobre el símbolo religioso que se pone en la puerta de cada hogar judío. En la puerta de entrada colocamos una mezuzá para afirmar la presencia de Dios. Los comentaristas tienen una famosa disputa sobre la forma de la posición en la que la mezuzá debe ser colocada. Algunos dicen que debe ser vertical, y otros dicen que debe ser horizontal.

¿Qué debemos hacer? Éste es el único caso en la ley judía en el cual no se llega a una decisión a favor de ningún lado. En cambio, la ley final dice que hay que poner la mezuzá inclinada – ni como una ni como la otra opinión, sino que se llega a un acuerdo. No hay ninguna fuente para la opinión que dice que hay que ponerla inclinada, pero ésta representa una verdad más elevada. La verdad sobre la cual un hogar judío debe construirse si es que el matrimonio quiere sobrevivir y prosperar. El llegar a un acuerdo es la clave. Cuando marido y mujer – incluso cuando cada uno de ellos está seguro de estar en lo correcto – pueden aprender a inclinarse un poco y a ceder en vez de buscar una victoria incondicional, entonces serán premiados con una recompensa aún mayor – un hogar embellecido con shalom, la mayor bendición de todas.

No es fácil seguir estos tres consejos. Los matrimonios felices no ocurren automáticamente. Como dijo la actriz Mae West, "los años más difíciles de matrimonio son aquellos que siguen a la boda". Pero habiendo celebrado nuestras bodas de oro, creo que me he ganado el derecho de recomendar estas tres verdades que me ayudaron a llegar hasta este punto – y de asegurarte que estos consejos también te pueden ayudar a ti a alcanzar este hito.