Es natural querer ayudar a un amigo/a o a un ser querido que atraviesa una crisis matrimonial. Por desgracia, en ocasiones podemos terminar haciendo más daño que construyendo. Ayudar a una pareja requiere gran cantidad de sensibilidad; he conocido a muchos matrimonios en crisis que empeoraron debido a la participación de un tercero.

Aquí te presento tres formas en las que realmente puedes ayudar y salvar el matrimonio de tu amigo:

1. Aprende a escuchar

A pesar de que creas que eres un buen oyente, es posible que no adviertas que tus bien intencionados deseos de brindar consejos no solicitados, compadecerte o dar sentimientos por sentado podrían hacer que tu amigo/a sienta que no lo escuchas. Un verdadero buen oyente está enfocado en el otro y no en sí mismo. Trata de mostrarle sus propios sentimientos mediante repetir lo que escuchas sin incluir tu propia opinión. Muchas veces, cuando escuchan sus palabras dichas por otra persona, se sienten aliviados, ganan claridad y muchas veces idean soluciones por cuenta propia.

Pese a que puedes validar sus sentimientos diciéndole que sus palabras tienen sentido y sentir empatía imaginando por lo que debe estar pasando, estar allí en ese momento es el regalo más grande que puedes hacerle.

2. No tomes partido

Un juez honesto no puede dar un fallo sin escuchar y entender a ambos lados. Si bien puedes brindar apoyo emocional, debes estar consciente de que sólo escuchaste un lado de la historia.

Las relaciones son un baile dinámico en el que hay muchos factores del pasado y del presente que entran en juego y crean la tormenta de drama por la que atraviesan las parejas. En mi trabajo de terapeuta, por lo general es uno de los cónyuges el que me llama para fijar una cita. A veces me dicen sobre las razones que los motivaron a venir y por lo general me ofrecen un relato muy doloroso sobre su relación. Pero yo sé que hay dos lados en la moneda y nunca me sorprende oír cómo ambos contribuyen por igual a la pesadilla que están viviendo (obviamente no estoy hablando de situaciones en donde hay abuso físico. Más allá de la provocación, ese comportamiento es inaceptable, inseguro e inexcusable).

Muchas veces los miembros de la familia, los amigos y otros consejeros se involucran y demonizan al otro cónyuge. Si la pareja alguna vez decide esforzarse para resarcir la relación, a veces el daño causado es demasiado grande como para ser reparado. El envalentonado cónyuge se niega a admitir responsabilidad por su rol, ya que su visión sobre que su pareja es la fuente de todo el mal ha sido confirmada una y otra vez por quienes lo rodean. Es muy irresponsable que quienes fueron llamados para dar un consejo juzguen al otro cónyuge basados en un relato lleno de prejuicios. Las relaciones son extremadamente complicadas y para entender lo que está pasando hace falta una perspectiva madura y abierta. Es muy fácil verse atrapado en los detalles de la historia y quedar varado en una interminable lucha de poder en la que ambas partes terminan perdiendo.

3. Remite a un profesional competente

Tal como no irías a un médico general —y mucho menos a un plomero— para que te hiciera una cirugía a corazón abierto, asegúrate de que cuando estés intentando salvar el matrimonio de tu amigo lo envíes donde alguien que sabe lo que está haciendo. Por mucho que quieras ayudar, no seas el terapeuta. Remite a la pareja en crisis a profesionales competentes que tengan experiencia en terapia de parejas y que se especialicen en esa área. Asegúrate de conseguir referencias de gente que conoces. Es asombroso lo juiciosos que somos con otros especialistas pero, cuando se trata de nuestro matrimonio, vamos donde cualquiera que cubra nuestro seguro médico.

Si bien puede que para ti sea obvio que la función del consejero matrimonial es salvar el matrimonio, podrías sorprenderte al descubrir que muchos terapeutas toman partido por uno de los lados o incluso alientan el divorcio. Aunque esto no es lo normal, ocurre con suficiente frecuencia como para lo tengas en cuenta cuando intentes ayudar a un amigo. No habría listas de terapistas pro-matrimonio si esto no fuera común. Asegúrate de que el consejero tenga esperanza en la relación y los ayude a curar las heridas y alcanzar la reconciliación.

A pesar de que hacen falta sólo dos personas para que un matrimonio funcione, un buen terapeuta puede ayudar incluso a la relación más complicada si es competente y cree en la institución del matrimonio. Esto no significa que esos terapeutas crean que el divorcio esté prohibido, pero su trabajo como consejeros matrimoniales es ayudar a la relación para que prospere.

A nadie le gusta ver a su amigo o ser amado sufriendo y, por lo general, tratamos de ayudar con buenas intenciones. Aprendiendo a escuchar, a no tomar partido y a remitir a un profesional competente cuando sea necesario, estarás dando tres pasos constructivos que ayudarán al matrimonio de tu amigo en lugar de perpetuar la negatividad y el conflicto.