Ella es sólo una niña, pero ha visto demasiado. Una niña de tan sólo diez años me preguntó si podía hablar conmigo en privado.

¿Qué significa cuando escucho a mamá llorando por la noche? ¿Por qué papá dice ‘Dile a tu madre que hoy no vengo a cenar’ y mamá dice ‘Dile a tu padre que vamos a ir a comprar zapatos’, siendo que ambos están en la misma habitación?”.

¿Qué le puedo responder a eso?

Todas las parejas están en desacuerdo en algunas cosas. Para algunas son los suegros, y para otras el dinero, dividirse las responsabilidades del hogar o la forma de disciplinar a los hijos. Siempre que dos individuos vivan juntos habrá ideas y opiniones diferentes. La cosa se pone seria cuando los padres no saben cómo resolver sus desacuerdos con respeto y dignidad. Los niños crecen viendo constantemente conflictos y oyendo a sus padres discutir. Viven con negatividad y con formas incorrectas de tratar las discordias maritales.

Los niños desearían que su hogar fuera un lugar feliz, que no tuviera gritos, discusiones ni problemas de conexión emocional. Cuando los padres se aferran a resentimientos o no saben cómo resolver sus conflictos, los niños absorben las hostilidades.

El matrimonio nunca debe ser considerado un dolor crónico, ya que en realidad puede ser nuestra mayor fuente de felicidad. Vivimos con nuestro mejor amigo, con la persona que comparte todas nuestras alegrías y nuestras heridas; la persona cuyo amor llevamos en nuestro corazón para siempre. Pero cuando no tenemos las herramientas necesarias para comunicarnos como es debido, los desacuerdos y los conflictos pueden hacer que la vida de casados sea miserable.

El judaísmo se refiere al hogar como un mikdash meat, un santuario en miniatura. Los niños necesitan este refugio para poder crecer sintiéndose a salvo y seguros. Cuando creamos una atmósfera de tensión y lucha en nuestro hogar, lentamente vamos socavando no sólo nuestro matrimonio, sino que también la sensación de seguridad emocional que nuestros hijos necesitan para florecer en la vida.

¿Cómo puede una pareja solucionar sus diferencias sin lastimarse ni destruir su matrimonio?

4 PASOS PARA resolver los CONFLICTOS SIN DESTRUIR TU MATRIMONIO

1. Mantén tus discusiones en privado

Cuando sabes que hay un tema conflictivo, no lo discutas frente a otras personas. Decidan en conjunto que de ahora en adelante discutirán sus temas en un lugar y momento privado. Cuando pelean en público pierden la dignidad y por lo general se sienten avergonzados. Culpas a tu pareja y te enojas aún más. No hace falta que los niños oigan los detalles de tus discusiones. Si me dices que los niños deberían verse expuestos a las discusiones de los padres porque así es la vida real, te respondo que en el mundo en que vivimos nuestros hijos ya están expuestos a suficiente dolor y desafíos. La hostilidad entre los padres no debería ser expuesta ante los niños. Lo mismo aplica para las conversaciones unilaterales y para el pensamiento de que los niños no oyen porque están en el cuarto de al lado. Cuando los niños oyen a los padres discutiendo, a menudo se ven forzados a tomar partido por uno o por otro; quedan atrapados en el medio y se involucran en las discusiones de los padres. Esta situación no sólo es poco saludable, sino que también ayuda a destruir aún más la relación entre marido y mujer.

2. Establece reglas de enfrentamiento

Independientemente de cuán terco seas o de cuán correctas sientas que son tus ideas, no tienes derecho a denigrar a tu pareja. Nunca deberíamos creer que podemos quitarle la dignidad a otra persona y menos aún a nuestro compañero de vida. Los niños no pueden crecer pensando que denigrar, gritar, intimidar, burlar, amenazar, rebajar o ser hostil con los demás está bien sólo porque pensamos distinto.

Y demás está decir que la violencia física (agarrarse, empujarse o cualquier otro tipo de asalto físico) está fuera de discusión.

Por desgracia, cuando nos apasionamos con nuestras ideas actuamos de formas de las que después nos arrepentimos. Ambos integrantes de la pareja deberían sentarse antes de que aparezcan los conflictos y establecer reglas de conducta para los momentos en que no concuerden. De esta forma nos aseguraremos de tratar nuestras diferencias de manera respetuosa. No podemos esperar del comportamiento de nuestros hijos más que de lo que nosotros mismos hacemos.

3. Descubre la fuente de tu enojo

Hay ocasiones en las que permitimos que las emociones se acumulen en nuestro interior hasta que explotamos. A veces estallamos y no podemos explicar por qué la pelea se volvió tan hostil. El problema es que en realidad estamos enojados por otras cosas, sólo que toda la emoción sale en ese momento. Los dos pensamos que la discusión es sobre si pasar el domingo con tus padres o no, pero en el interior uno está resentido porque el otro se queda hasta tarde en la oficina y no llega a cenar. O cuando uno menciona que tienen una invitación para salir con otras parejas y el otro no quiere ir. Lo que el primero no sabe es que el otro sigue enojado por la última vez que salieron y se sintió humillado delante de los amigos. Nunca resolvieron el tema y terminaron quedándose con sentimientos negativos.

No permitas que las emociones salgan a la luz sin una evaluación previa. Si estás enojado, comunícate con tu pareja de manera respetuosa. Si no lo haces, de pronto podrías explotar y reaccionar. Este tipo de lucha rápidamente se torna consumidora, porque el enojo albergado amenaza con tomar el control de la conversación.

4. Enfócate en buscar soluciones

Muchas peleas son sólo acusaciones, quejas o críticas arrojadas en contra del otro. Tenemos que dejar de jugar a culpar y aprender a vivir en unidad. La vida nos traerá desafíos. Nadie está inmune. Discutir sobre quién tiene la culpa no sirve de nada.

En lugar de atacarse mutuamente, decidan buscar soluciones. La forma de hacerlo es que después de comunicar las emociones, en lugar de abandonar la discusión sintiéndose mal utilicen en cambio buenas herramientas de comunicación. Si tienes un lado sarcástico, muérdete la lengua. Tómate un momento para reflexionar sobre lo que crees que tu pareja está tratando de decirte. Trata de ponerte en los pies de tu pareja; tú no siempre tienes la razón.

Decidan que ambos tratarán buscar una solución y discutirán las formas en que pueden hacer que funcione. Una vez que hayan encontrado la resolución —ya sea pedir perdón, un nuevo enfoque para lidiar con el trabajo y el dinero, un plan de disciplina más efectivo— no den un paso atrás al recordar viejas quejas. Las soluciones nos hacen avanzar. No recicles discusiones antiguas.

La lucha hostil nos agota y destruye la relación más preciada que tenemos. Podemos resolver nuestros desacuerdos respetuosamente y crear una atmósfera de paz a pesar de nuestras diferencias.