Estos cuatro hábitos sencillos pueden cambiar la forma en que amas y ayudarte a construir un hogar repleto de paz, gratitud y bondad.

Sonríe

Recibir a tu esposo con una sonrisa significa que sin importar cuán difícil haya sido tu día, te alegras de verlo. Es un acto pequeño que tiene gran impacto. Quizás sufriste una gran decepción en tu trabajo, un niño te agotó y te sientes agotada, pero si comunicas amor el desafío no afectará tu relación.

El idioma corporal nos afecta. Un rostro amargo crea una atmósfera fría. Una sonrisa nos acerca. Incluso si no tienes ganas de hacerlo, asegúrate de recibir a tu esposo con una sonrisa. Uno de los dichos favoritos de mi padre era: “Sonríe incluso si no tienes una razón para sonreír y Dios te dará la razón”.

Sé agradecido

Es fácil focalizar la atención en lo que nos molesta en vez de hacerlo en lo que está bien. Podemos entrar a una habitación y ver el caos o podemos sentirnos agradecidos por la vida familiar. Mucho depende de cómo entrenamos nuestros ojos para ver lo positivo.

Pensar con agradecimiento implica dedicar cada día tiempo para considerar tus bendiciones. “¿Valoro tener un esposo a mi lado? ¿Valoro los sonidos de los niños? ¿Comprendo lo afortunada que soy de vivir en un lugar al cual llamo mi hogar?”.

También hay pequeños momentos en los cuales se puede cultivar la gratitud. Una comida caliente, un viaje compartido, un oído atento… Si decidimos prestar atención, sin duda descubriremos todo lo que nuestra relación nos brinda.

El matrimonio florece con gratitud. Un esposo desagradecido se transforma en un ingrato desconsiderado que siempre espera más y se preocupa menos por el otro.

Piensa con gratitud y encuentra una forma de expresar tu valoración. Observa el placer en los ojos de tu pareja y disfruta al ver crecer el amor.

Abre tus ojos a las necesidades de tu pareja

Vivimos en un mundo egoísta, con la mirada enfocada en nosotros mismos y a menudo olvidando observar a quienes nos rodean.

Da un paso atrás y mira con atención a tu pareja. ¿Qué es lo que ves? ¿Está agotado? ¿Se siente agobiado? ¿Tu esposo necesita una noche a solas contigo? ¿A tu esposa le vendría bien descansar una hora?

Las relaciones se basan en la bondad. Hacemos algo por el otro no porque tenemos que mantener equiparados los tantos, sino porque deseamos crear un ambiente de bondad. Sé amable con tu pareja. Mira lo que él ve. Siente lo que él siente. Pregúntate a ti mismo: ¿qué puedo hacer hoy por mi esposo/a? ¿Cómo puedo mejorar la vida de mi pareja?

Abrir los ojos a las necesidades de tu pareja mantiene viva la compasión y le demuestra que te preocupas por él/ella.

Protege tus límites

Algunas parejas tienen el hábito tóxico de publicar en línea sus vidas. Cada regalo, cada mueble nuevo, cada cena, cada paseo aparece de inmediato en Instagram y en Facebook. Estamos tan ocupados compartiendo con los demás que descuidamos compartir el momento con nuestra pareja. Además, ¿por qué esa necesidad de exponer nuestras vidas? Comparar nunca es saludable. Sólo da lugar a que crezcan el resentimiento y los celos.

El Talmud nos enseña que la bendición recae sobre aquello que está oculto. Si, disfruta de tus vacaciones, pero no es necesario llevar contigo a otras parejas en línea. Pasen una noche maravillosa, pero manténganla en privado. La intimidad es tanto física como emocional.

Acostúmbrate a dejar de lado tu teléfono cuando pasen tiempo juntos. Crea “zonas sin teléfono”, como la hora del almuerzo, una noche de cita, el momento en que te despiertas y cuando regresas a casa. Proteger tus límites significa establecer rutinas para mantener tu conexión.

Ten cuidado de no caer en el patrón de contar tus desilusiones conyugales a parientes y amigos. Eso no trae ningún beneficio. Sin darse cuenta ellos pueden alentarte a dañar tu relación. Si es necesario, encuentra un profesional o un Rabino/Rabanit/terapeuta para que te ayude a enfrentar los desafíos. Protege tu relación más valiosa, el nexo entre marido y mujer.