Las parejas pelean cuando no pueden resolver un problema de forma efectiva. En la raíz de cada pelea hay un problema que se debe resolver. Desafortunadamente, a menudo las emociones se apoderan de la situación, las cosas escalan y antes de que puedan darse cuenta, el marido y su esposa —o los socios, los parientes, etc.— ya se están gritando, se hieren mutuamente y la relación se desintegra.

Aquí hay una estrategia simple pero muy poderosa que puede detener cualquier pelea y logra que la pareja pase de una postura de adversarios a un estado de colaboración. Estos son los 4 pasos:

Paso 1: Detener la pelea. Cuando comienza una pelea, ambos deben decir clara y firmemente: “Dejemos de pelear. Tenemos un problema que hay que resolver”. Por supuesto, esto no funcionará a menos que ambos hayan aceptado de antemano (cuando estaban tranquilos) que utilizarían esta estrategia. No puede funcionar como una intervención unilateral. Pero cuando ambos aceptan utilizar este enfoque, se asombrarán al ver que la pelea deja de ser una opción inevitable.

Cada pelea es sobre un problema en el cual la pareja tiene una porción equitativa. Por supuesto, uno de ellos puede ser la causa inicial y el catalizador del problema. Pero en una relación no existe algo así como: “Tú eres el problema”. Cada problema es nuestro problema, porque de alguna manera ambos contribuyen a alimentar el conflicto. Por ejemplo: Ana ya está harta de que David use su teléfono de forma obsesiva. Siente que él está casado con su teléfono y no con ella. Aunque David tiene una relación un poco obsesiva con el teléfono, la pelea podría ser menos desagradable si Ana no se enojara tan rápido.

La persona que hace un agujero en su lado del bote no puede decirle a la otra persona que está en el bote: “¿Qué te molesta? Yo hago el agujero en mi lado del bote”. Es obvio que ambos se ahogarán cuando el bote se hunda.

Cuando una pareja acepta dejar de lado el combate verbal, de inmediato dejan de ser adversarios y funcionan como colaboradores.

Paso 2: Identificar y nombrar el problema. El siguiente paso para profundizar la colaboración es estar de acuerdo en cuál es el problema. Esto no siempre es fácil de lograr, porque por lo general cualquier problema tiene diversos niveles. Lo que parece ser el problema puede ser tan sólo el síntoma de un problema más profundo, pero tienen que empezar por alguna parte.

Por ejemplo, David y Ana pueden estar de acuerdo en que su problema es cómo asegurar que el uso del teléfono no dañe su relación. Lo que es importante es estar de acuerdo en darle un nombre al problema. Esto les da a ambos un enfoque común para poder trabajar juntos para resolverlo.

Paso 3: Comenzar a trabajar juntos para resolver el problema. En esta etapa se experimenta un alto nivel de colaboración. Por ejemplo, David y Ana pueden entender que el uso del teléfono es más dañino cuando se encuentran por primera vez al final del día y que quizás deberían tener una caja para poner sus teléfonos durante cierto periodo de tiempo acordado, hasta que tengan tiempo de hablar y conectarse. Su meta es intentar encontrar una solución en la que ambos ganen, lo que significa que ambos tienen que sentirse bien con la solución y ninguno tiene que sentirse como el perdedor.

Desde una perspectiva terapéutica, esto se llama "reparar una crisis". Una buena reparación es cuando ninguno se queda con malos sentimientos residuales. Cada uno debe ser honesto respecto a cómo se siente. Si ambos se sienten bien, entonces lograron reparar la crisis. De lo contrario, tienen que seguir trabajando hasta encontrar una solución mejor. Muchas parejas no llegan a una reparación satisfactoria y acaban la conversación sintiéndose molestos. Múltiples fallos en reparar las crisis llevan a una acumulación de resentimiento y enojo que es una condena a muerte para la mayoría de las parejas.

Paso 4: Estar alerta ante problemas subyacentes, más profundos. Cuando una pareja tiene dificultades para ponerse de acuerdo respecto a cuál es el problema o incluso cuando están de acuerdo pero no pueden encontrar una solución, por lo general esto significa que hay un problema más profundo.

Después de una hora de conversación sobre lo relativo a los límites, David sigue molesto. Se siente herido y enojado con Ana. En verdad David se siente amenazado si Ana limita su uso del celular. David siempre sintió mucha ansiedad respecto al dinero, porque creció en un hogar donde siempre faltaba dinero. Ahora, al construir su negocio, siente mucha presión por tener éxito y evitar el dolor emocional que experimentó de niño ante la carencia. Además, él también recuerda que sus padres a menudo peleaban debido al dinero. Ahora que se casó, inconscientemente le preocupa que si no logra ganar suficiente dinero, él y Ana comiencen a pelear como lo hicieron sus padres. En su mente, tener acceso constante al teléfono es la clave del éxito.

Lo que dificulta detectar un problema subyacente es que la persona que tiene el problema por lo general construyó inconscientemente una fuerte estrategia defensiva para protegerse y no verse agobiada o abatida por ciertos sentimientos amenazantes. Cuando una pareja se encuentra una y otra vez atorada en un problema específico que no pueden resolver, lo más sabio es buscar ayuda profesional.

La máxima definición judía del éxito matrimonial es Shalom bait, un 'hogar de paz'. El primer paso para construir un hogar de paz es detener las peleas hirientes y destructivas. Yo creo que la pareja que se compromete a utilizar estos cuatro pasos encontrará que evitar las peleas destructivas y construir una relación colaborativa es más fácil de lo que pensaban.