Tuve recientemente una reunión muy interesante con un matrimonio que vino a verme por terapia de pareja. La primera cosa que me dijeron es que se aman el uno al otro y que se consideran buenos amigos. Sin embargo, sienten que no hay otra opción más que el divorcio, porque no sienten ninguna conexión o vínculo fuerte entre ellos.

"Ustedes dicen que se aman, ¿pero quieren divorciarse? ¿No hay nada más que ande mal?"

Luego de indagar un poco, la esposa admitió que ella estaba un poco afectada con el hecho de que el primo de su marido había estado viviendo con ellos por seis semanas, y que ella sentía que a su marido le importaba más el bienestar de su primo que el de ella. Después de explorar otro poco más, la verdad finalmente salió a la luz. El marido sentía una enorme lealtad hacia su familia; tanto así, que estaba teniendo dificultades para incluir a su nueva esposa en su "círculo interno" de personas por las que realmente se preocupa.

En la teoría de sistemas familiares, esto se llama "triangulación". Al marido le importan más ciertos miembros familiares que su propia esposa. El ha creado un triangulo en el cual su esposa siente que no es la primera preocupación o prioridad. Eliminar triángulos es uno de los desafíos más grandes en todos los matrimonios, especialmente en los recién casados. Separarse de la familia de origen y realinear las lealtades con el cónyuge no es una tarea fácil. Sin embargo, debe hacerse antes de que un vínculo matrimonial fuerte pueda desarrollarse entre marido y mujer.

El problema de triangulación demuestra la genialidad psicológica del judaísmo. Los sabios nos enseñan que hay que dar especial atención al primer año de matrimonio, referido en hebreo como "shana rishona". El primer año es un momento crítico para que la pareja construya los fundamentos iniciales de confianza, respeto e intimidad. Hay muchas leyes judías asociadas a este primer año de matrimonio, diseñadas para dar a los recién casados todas las oportunidades para relacionarse y formar una alianza como la existente entre "un rey y una reina".

Por ejemplo, durante el primer año el marido debe minimizar todo viaje de negocios y pedir el permiso de su esposa si es que debe viajar y consultarla sobre cuando hacerlo. La Torá reconoce la dificultad que tienen un marido y su esposa para relacionarse, como está dicho en Génesis, "Por eso el varón dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne". Quizás la Torá está haciendo un énfasis especial en el primer año de matrimonio para protegernos del posible desafío de la triangulación.

Convertirse en reina y rey significa crear una alianza indestructible entre marido y mujer. No puede permitirse que nada se interponga entre ellos. En resumen, tu pareja debe ser tu prioridad número uno. No hay por ningún motivo lugar para el término medio. Cuando las parejas están teniendo problemas, a menudo la fuente del problema es la existencia de un triángulo. Cuando las parejas tienen hijos, el desafío está en no triangular a los niños en la relación matrimonial. Esto significa que las necesidades de tu cónyuge deben siempre estar por sobre las necesidades de tus hijos. Los triángulos no están siempre formados por personas; a veces las personas triangulan trabajo, televisión, Internet, pasatiempos o ejercicio a la relación. Cualquier cosa que disminuya la prioridad de tu cónyuge por debajo del puesto número uno es el resultado de triangular a alguien o algo a la relación matrimonial.

Por lo tanto, las parejas necesitan realizar una exhaustiva investigación para descubrir si existen triángulos, identificarlos y eliminarlos. La manera más simple de lograr esto es preguntar a tu cónyuge si él o ella sienten que tú estas triangulando algo al matrimonio. Un signo infalible de que un triangulo existe, es que no sientes que eres la prioridad número uno de tu cónyuge.