"Yo sé que tú tienes miles de cosas que hacer cariño, pero estoy atrasado para una reunión en Manhattan y nunca voy a encontrar estacionamiento. ¿Crees tú que me podrías llevar?".

"¡Seguro!", me dijo mi esposa. "Déjame solamente tomar un suéter y las llaves y nos encontramos afuera".

"Muy bueno para ser verdad", pensé. "Si no nos encontramos con mucho tráfico, no voy a llegar más que cinco minutos atrasado".

En unos momentos, yo ya estaba instalado en la van y nos encontrábamos en camino.

No suelo andar en la van muy a menudo. Ese es su automóvil. Ese es el automóvil de la familia. Yo tengo mi propio automóvil.

Así es que ahí estaba yo, sentado en el asiento de pasajero – un lugar extraño para mí – deslizándome a lo largo de la autopista, rezando para que el tráfico de New York de alguna manera estuviera libre por una media hora o algo así, para que yo pudiese llegar a mi reunión a tiempo.

El grito que lancé causó que ambos saltáramos.

"¡¿12:55?!".

Tuve que mirar el reloj del tablero de instrumentos y no pude creer cuán tarde era. ¿A dónde se fue el tiempo? ¡No había manera de que pudiera llegar a esa reunión!

"¡No, no, no!", gritó mi esposa, escondiendo su risa. "No son las 12:55. Yo siempre tengo el reloj del automóvil unos minutos adelantados".

"Wow... er... me asustaste hasta la muerte. ¿Sabes cuál es la hora verdadera?", le pregunté.

"Seguro", me dijo mirando el reloj en su muñeca, "son las 12:33".

Hice una resta rápida.

"¿Eso significa que tienes el reloj ADELANTADO 22 MINUTOS?".

En ese momento mi esposa se rió fuertemente.

"Yo creo", es todo lo que pudo decir.

Levanté la palanca a mi derecha y mi asiento se sacudió 15 centímetros hacia atrás. Cerré mis ojos. El Toyota zumbió a lo largo del túnel. Nos quedamos en silencio por unos momentos. Yo trataba de asimilar el mini acontecimiento que acababa de experimentar.

No es que no haya conocido a alguien que tuviese su reloj adelantado. Es una práctica perfectamente aceptable. Pero 22 minutos me pareció un poquito excesivo. Digo, ¿cuál es el exactamente el sentido de tener el reloj de uno algunos minutos adelantados? ¿No saben ellos que la hora verdadera es en realidad más temprano? ¿A quién están haciendo pasar por tonto? ¿Pretenden olvidarse? ¿Realmente esto les ayuda a llegar a la hora?

Decidí dejar esta reflexión para mí mismo. (Pista: esto a menudo es una muy buena idea).

Pero esto me llevó a darme cuenta que al frustrarme porque la mujer de mi vida pareciera no estar viviendo en la misma zona horaria que yo, estoy perdiendo el mensaje esencial. De la forma en que yo lo veo, Dios creó al hombre y a la mujer con distintas habilidades, aspiraciones y responsabilidades. Él también nos creó con distintos mandamientos.

Las mujeres no requieren el uso de tzitzit o tefilin. Las mujeres no tienen que escuchar el shofar en Rosh Hashaná o sentarse en una sucá, pero sí pueden cumplir con las obligaciones de todas maneras. ¿El denominador común? Todos son mandamientos positivos que están establecidos en relación al tiempo.

Mientras muchas mujeres hoy en día son exitosas fuera del hogar, su primera tarea ha sido siempre ser guardianes de la santidad y de la seguridad familiar. Seguramente yo puedo sostener la fortaleza en ocasiones, y en ciertos casos, puedo ser el cariñoso de la casa. Pero realmente no hay ningún sustituto verdadero.

Si tener su reloj adelantado 22 minutos de alguna forma la ayuda a balancear su, sin duda, agitado horario, tengo que aceptarlo – tenga esto o no sentido para mí.

Cuando preocuparte por las necesidades de cada persona a tu alrededor es realmente tu objetivo principal, simplemente no te puedes ver obligado por los mandamientos que están establecidos en relación al tiempo. Sería una gran contradicción. No puedes abandonar a tus niños porque el shofar te llama. Y es por eso, que el reloj no debe transformarse en un factor. Eso es lo que llamamos, prioridades.

Las complejas responsabilidades de mi esposa deben, por momentos, describir el caso del reloj. Y si tener su reloj adelantado 22 minutos de alguna forma la ayuda a balancear su, sin duda, agitado horario, tengo que aceptarlo – tenga esto o no sentido para mí. Eso es parte de lo que significa preocuparse.

Yo También Soy Extraño

Volví a casa en tren esa noche, satisfecho de haber entendido la perspectiva de mi esposa acerca del tiempo (irónicamente, fue ella quien me llevó a mi cita a tiempo, mientras yo estaba atrasado).

Muerto de hambre, entré por la puerta y me acordé que mi esposa tenía varios trabajos y citas relacionadas con la escuela en la tarde y que estaría corriendo a otras dos citas inmediatamente después de la cena. Yo recé silenciosamente, esperando que de alguna manera hubiese logrado tener unos minutos para preparar una de sus grandiosas cenas (ella es una cocinera increíble).

Así fue, el aroma estaba flotando en el aire del living mientras yo caminaba hacia la cocina. Los niños convergían alrededor de la mesa mientras terminaba de poner los platos. Ésta iba a ser una comida rápida, pero yo estaba agradecido de tenerla. Me senté y miré detenidamente a la mesa que ya había visto miles de veces. Era una vista muy típica de una noche de semana; mantel plástico, platos desechables, cubiertos plásticos, tazas plásticas - tú conoces la escena.

Y ahora una confesión. Odio todo lo plástico – cucharas, tenedores, vasos, platos etc. nómbralo. Si es de plástico, lo detesto – especialmente los cuchillos. Son lo peor. Deben ser usados solamente para cortar la comida de los aviones – se merecen unos a otros. Sí... sí... sé todo sobre conveniencia y practicidad. No estoy sugiriendo que no debemos utilizar todos estos maravillosos adminículos culinarios. Pero así y todo, no los soporto.

Mí esposa conoce mi capricho... demasiado bien. Pero ella acepta mi tonta propensión y me consiente.

Mí esposa conoce mi capricho... demasiado bien. Así y todo, delante de mí, está una mesa que brilla de un radiante plástico blanco. Pero mi comida reposa en un respetable y digno plato de vidrio magníficamente rodeado por un formidable cuchillo de acero inoxidable para carne y con un tenedor que le hace juego. Y en el extremo superior derecho descansa mi vaso favorito de cristal con capacidad para 230 cm3 - nada excesivo, sólo genuino y auténtico cristal, no plastificado.

Es una broma familiar, mi aborrecimiento al plástico y los servicios que recibo por ello, pero mi esposa lo soporta y me consiente. Estoy seguro que no tiene ningún sentido para ella, pero acepta mi tontera y me mima. Eso también es parte de lo que significa preocuparse.

Cada hogar es distinto. Quizás es su esposa la que odia el plástico o el vidrio o la palta, o Mozart o el aire acondicionado o saltar en bungee o la revista Newsweek. Quizás es su marido quien aborrece los relojes que muestran la hora real, o los sillones de cuero o los paisajes de montaña o la historia o el color verde o a la gente que se ríe muy fuerte o los liberales. ¿Qué importa? Todos tenemos nuestra idiosincrasia y preferencias particulares. Algunas de ellas tienen mucho sentido; muchas de ellas, no. Sólo tenemos que aprender a aceptarlas... unos a otros.

No, no es tan simple como suena. Pero es esencial.

Preocupación. Eso es lo que significa.