Recientemente di un discurso en una cena de Shabat en la que celebrábamos la boda del mejor amigo de mi esposo, cuando inesperadamente mis ojos se llenaron de lágrimas. Repentinamente el dolor del divorcio de mis padres me inundó sin advertencia, y tuve que hacer una pausa para recobrar la compostura. Yo ni siquiera sabía que, dentro de mí, todo el asunto del divorcio aún era una herida abierta.

Me consideraba afortunada de que mis padres tuvieron un “divorcio amigable y promedio”. El problema es que ellos tuvieron un divorcio amigable y promedio porque tenían lo que la mayoría de las personas llamaría un matrimonio “amigable y promedio”: no peleaban, pero tampoco se acercaban. Y creo que su divorcio todavía me asusta, porque ellos lenta y sutilmente se fueron alejando hasta que no podían ver una forma de reconstruir lo que habían perdido.

Rav Nóaj Weinberg zt’’l me enseñó que cuando una persona escucha sobre una pareja que se está divorciando, debiera revisar muy bien su propio matrimonio y ver cómo podría mejorarlo. “Preocúpate”, decía Rav Nóaj, “de que podría ocurrirte a ti, porque si no estás invirtiendo en tu matrimonio, te estás retirando de él”.

Un matrimonio feliz es una elección que hacemos no sólo en el día de nuestra boda, sino miles de veces a través de los años. ¿Mejoraremos nuestra relación e invertiremos en ella, o daremos nuestros matrimonios por sentado y comenzaremos a alejarnos?

Durante el primer año de matrimonio cualquier discusión puede parecer catastrófica, y las diferencias entre esposo y esposa pueden verse como obstáculos insuperables. Pero las discusiones y diferencias pueden convertirse en piezas cruciales si ambos integrantes de la pareja están comprometidos a enfrentar juntos el desafío.

Irónicamente, un matrimonio sin conflictos también puede producir problemas, porque la cosa más peligrosa para un matrimonio “promedio” es a la apatía. He aquí cinco ideas sobre cómo construir un matrimonio más fuerte:

1. Apoya a tu pareja, aunque no puedas solucionar sus problemas. Todos llegamos a nuestros matrimonios con bagaje emocional, algunos más que otros, y a veces nuestra pareja nos puede “ayudar a desempacar”. Pero a veces no puede ayudarnos, porque está lidiando con su propia carga individual. Y eso está bien. No podemos ni debemos esperar que nuestra pareja cure todas nuestras heridas ni que intente solucionar todos nuestros problemas. Sí podemos acompañarnos el uno al otro en nuestro dolor, pero no necesariamente podemos desvanecer el dolor del otro.

2. Comprométanse a construir juntos, incluso cuando sea difícil hacerlo. Un buen matrimonio está compuesto por dos personas imperfectas que se rehúsan a rendirse. Llegará un momento en donde cada uno de ustedes querrá rendirse y alejarse del otro. No lo hagan. Los matrimonios más felices son aquellos que han ido a los lugares más oscuros y dolorosos juntos, y han encontrado una forma de reconstruir su conexión. Para tener un matrimonio fuerte debemos enfrentar los problemas frontalmente y poner el esfuerzo necesario para resolver las diferencias.

3. Haz que tu matrimonio sea tu primera prioridad. Hay pocas cosas en la vida más significativas que tu matrimonio. Dale la importancia que se merece. Intenten averiguar juntos ‘qué es lo correcto’ en lugar de discutir para determinar ‘quién está en lo correcto’. Están en el mismo equipo.

4. Enfócate en las virtudes de tu pareja. Recuerda constantemente las fortalezas de tu pareja. No las des por sentado. No podrás crear un matrimonio feliz si tienes una actitud negativa y te enfocas constantemente en las faltas de tu pareja. Sé optimista y agradecido por lo que tu pareja te da.

5. Recuerda que el matrimonio es una entidad espiritual. Cada uno de nosotros nace con una luz divina especial, y el nivel más profundo de conexión entre esposo y esposa es la fusión de cada una de sus almas para formar un equipo que es más grande que lo cada uno de ellos podría ser por sí solo. Hace muchos años, Rav Aryeh Levine zt’’l llevó a su esposa a una cita al doctor y cuando el doctor entró, Rav Aryeh dijo: “Nos duele nuestra pierna”. Tú y tu pareja son dos mitades fusionadas en un todo. Trátense de esa forma.

Atesora tu matrimonio. Fortalece tu matrimonio. Un matrimonio feliz es una elección diaria de amar. Haz esa elección otra vez hoy.