¡Felicidades! Encontraste a la persona correcta y están por comenzar una maravillosa nueva vida juntos. El matrimonio es como un gran día de mudanza. La regla número uno es: descarta, luego organiza. Aquí hay algunas actitudes comunes que sería bueno descartar antes de dar el siguiente gran paso en tu vida.

1. La actitud de: “Mi mamá hacía las cosas diferente”

Nuestro pasado y la educación que recibimos tienen enorme impacto sobre nuestra vida adulta y nuestra percepción del mundo. Estás a punto de casarte con alguien que recibió una educación y un conjunto de expectativas completamente diferentes. El primer paso es saber que no hay ningún problema con haber crecido con una visión completamente diferente de las cosas. Intenta no insistir en las diferencias de crianza y en cambio trata de forjar puntos comunes con vista al futuro.

2. La actitud de: “Así es como deben ser las cosas”

Todos tenemos nuestros propios guiones respecto a lo que debe ser nuestra pareja y nuestra vida. Pero la realidad puede ser diferente. Abandona el guion de cómo debe sentir, pensar y comportarse un esposo, padre, amigo, pareja y cuidador. Intenta empezar con una página en blanco. Puede sorprenderte cuánto más fácil es aceptar lo inesperado.

3. La actitud de: “Tener siempre la última palabra”

Parece natural que uno responda al ser atacado. Cuando alguien nos acusa, es difícil no entrar en modo ofensivo y probar que tenemos razón. Pero el matrimonio valora la armonía y la conexión por encima de la venganza. Cambia el foco de “ contra ” a “nosotros”; de esta forma no será tan difícil evitar una confrontación dañina.

4. La actitud de: “Tengo que hacer las cosas a mi modo”

Domina el arte de la flexibilidad y la aceptación. Realmente no es tan trágico si tu pareja siempre llega tarde y tú eres un fanático de la puntualidad; si gasta dinero con más facilidad o si no aprieta el tubo del dentífrico de abajo hacia arriba como tú lo haces. Pero es trágico cuando la inflexibilidad y la incapacidad de resolver pequeñas diferencias destruyen un matrimonio.

5. La actitud de: “Es culpa de todos menos mía”

Culpar a los demás por lo general sólo mantiene el foco en el problema en vez de trabajar para resolverlo. Reemplaza la culpa con responsabilidad personal. Elige enfocarte en lo que puedes hacer por la relación en vez de concentrarte en lo que le falta o en quién tiene la culpa.

6. La actitud de “No gracias, no te necesito”

Ser sumamente independiente puede ser una gran ventaja, salvo cuando nos negamos a admitir nuestras vulnerabilidades y eso carcome la apertura y la confianza. No siempre es cómodo admitir que necesitamos a otros en nuestras vidas. Pero ser abierto respecto a nuestras necesidades y mostrarnos agradecido con las personas que llenan los vacíos de nuestra vida abre la puerta a la intimidad emocional.

7. La actitud de: “Tengo todo bajo control”

Nos encanta sentir que estamos en control de nuestras vidas y de cómo se comportan los demás. Los problemas surgen cuando comprendemos que en verdad no lo estamos. Trata de aceptar a los demás tal como son. Permite que las cosas que están fuera de tu control inmediato ocurran sin desesperarte y deja que Dios se encargue del trabajo duro.

Incluso una sociedad de dos individuos sanos, estables y que se quieren tiene sus desafíos. Aprender el arte de la flexibilidad y de ceder puede ayudar a convertir un matrimonio difícil en una relación armoniosa.