Nunca entendí por qué mis padres decidieron divorciarse, y seguí haciéndome la misma pregunta durante años. ¿Por qué de pronto yo tenía un hogar "quebrado"? ¿Por qué no podía tener dos padres como todos los demás?

Cuando comencé a construir mi propio hogar, me dejé de preguntar el porqué. Me di cuenta que aún tenía dos padres y que la forma en la que mis padres habían manejado su divorcio había sido una verdadera bendición. Cuando ellos decidieron compartir custodia, realmente querían hacerlo.

Ellos fueron juntos a todas las reuniones de padres y maestros, hicieron nuestros bar y bat mitzvás juntos, se sentaron uno al lado del otro en las graduaciones, en las mesas de festividades y en las graderías en mis juegos de baloncesto. Ambos asistían al fin de semana de padres en mi universidad, y me llevaron juntos al altar en mi boda. Cuando nació su primer nieto, viajaron al otro lado del mundo para estar allí con nosotros. A lo largo de los años, ellos han llevado a sus nietos al zoológico juntos y han compartido mesa en varios Seder de Pesaj en nuestra casa.

Una vez hablé sobre mi infancia en mi clase como parte de mi Maestría en Terapia Familiar. Después que terminé de hablar, una colega me dijo: "Wow, eso es extremadamente poco común. Tienes tanta suerte". Yo estaba sorprendida de que ella usara la palabra "suerte". Suerte era para niños que crecieron en hogares "normales". Suerte era para niños que no tenían una "casa de papá" y una "casa de mamá". Pero entonces me di cuenta que era cierto. Yo tenía suerte.

Tenía suerte de que mis padres me llevaron juntos al altar el día de mi boda. Tenía suerte que ellos podían disfrutar juntos a sus nietos. Y tenía suerte de poder aprender estas lecciones del divorcio de mis padres.

No existe un matrimonio estable

Desde el divorcio de mis padres, todo lo que yo quería era construir una familia. A pesar de que dediqué mucho de mi tiempo y esfuerzo a mi desarrollo profesional, soñaba con una casa llena de niños y con un matrimonio que estuviera hecho de hierro. En la silenciosa y tenuemente iluminada biblioteca de la universidad, me preguntaba cómo podría encontrar una pareja que pudiera garantizarme que mi matrimonio sería para siempre. Y entonces me di cuenta que yo sabía que eso era imposible. No hay garantías de que un matrimonio durará, sin importar con quién te cases. Tendría que hacer de mi matrimonio y de mi casa mi primera prioridad. Y sabía que cada día tendría que hacer una inversión consciente y constante en él. Porque había aprendido que no existe tal cosa como un matrimonio estable. Un matrimonio o bien está yendo para arriba o bien está yendo para abajo. Si un matrimonio parece como que está en una meseta, entonces quiere decir que está en riesgo.

Un niño necesita de ambos padres

He visto muchos casos en los cuales la madre o el padre sólo se convierten en padres activos después del divorcio. Hasta entonces, ellos no tenían un espacio de "él" o de "ella" con los niños y no sentían la necesidad de pasar tiempo de calidad con ellos. Después de que los padres se separan, a menudo se sienten culpables e intentan compensar a los hijos de alguna forma. Pero los niños necesitan el amor y la atención de ambos padres incluso cuando no hay divorcio ni necesidad de compensar.

Una madre no puede tomar el lugar de un padre, y viceversa. Cuando yo era niña, hubo momentos en los que estaba en la casa de mi padre, pero realmente necesitaba a mi madre. Y hubo momentos en los que estaba en la casa de mi madre, pero que realmente necesitaba a mi padre. Ahora puedo identificar esta necesidad en mis propios hijos. Ellos me necesitan a mí, pero a veces necesitan a mi esposo en igual cantidad, y a veces más. Podemos ayudar a los niños a construir relaciones fuertes con ambos padres si separamos un tiempo específico con cada padre y si los padres se halagan uno al otro frente a los niños.

La ruptura puede hacerte más fuerte

Los hijos de matrimonios que se divorcian nunca olvidan el dolor del día en que sus padres se separaron. Es una herida que no sana. Ese es el día en que perdieron su sentido básico de seguridad, en que se dieron cuenta que las paredes de su hogar no eran tan fuertes como ellos siempre habían creído y en que perdieron una parte de su inocencia, sin importar cuán jóvenes eran. Aprendieron temprano en la vida que algunas historias no tienen finales felices, y ahora llevan esta sensación de ruptura con ellos a todas partes.

Pero cuando yo era pequeña y aún estaba confundida sobre el divorcio de mis padres, empecé a ver que la ruptura también podía hacerme más fuerte. Podía ayudarme a ver el dolor de otros. Podía llevarme a buscar completitud y verdad en lugares donde otros no estaban buscando. Pero lo más importante de todo era que la pérdida podía enseñarme a ser resistente. Cuando estaba creciendo y debía enfrentarme a los inevitables obstáculos de la vida, yo tenía un secreto: sabía que podía sobrevivir. Había aprendido que el dolor es un poderoso maestro, y que podía escoger usarlo para tener éxito.

La lección más grande que aprendí fue esta: si tienes el amor genuino de uno de tus padres entonces estarás bien. Si tienes dos padres que te quieren entonces eres afortunado. Y si tienes dos padres que te quieren y que también se quieren el uno al otro, entonces te ganaste la lotería.