Un extracto del libro Make Yourself at Home (en inglés).

Se supone que el matrimonio debiese ser una unión permanente, para toda la vida. El divorcio es para el matrimonio lo que una amputación es para un tratamiento médico: una intervención de vida o muerte que ocurre en circunstancias extremas. El divorcio no es un tratamiento de antibióticos que puede ser usado por las masas.

Segundo, el matrimonio debiera ser una amistad, una relación llena de amor. Al igual que en todas las relaciones habrá tiempos de mayor y menor cercanía, de mayor y menor armonía, períodos tranquilos y períodos con más sobresaltos. El matrimonio requiere, al igual que todas las amistades, cuidado, atención y trabajo. El atributo especial del matrimonio es su lazo íntimo exclusivo, la unión del cuerpo y el alma. Esto también se logra y mantiene por medio de un esfuerzo consciente y varía en calidad y cantidad durante el curso de la relación.

Tercero, el matrimonio debiese ser un trabajo en progreso, un desafío constante. De hecho, es precisamente el desafío del matrimonio el que causa que uno pueda crecer con él; sólo cuando la persona enfrenta el desafío del matrimonio con humildad, paciencia, coraje y determinación podrá crecer y alcanzar su máximo potencial.

Finalmente, se supone que el matrimonio debiese ser la base de una relación que forma parte integral del alma colectiva judía. Es una empresa tanto privada como comunal, la cual provee un santuario sagrado en el cual se forma a la próxima generación.

Lo que el matrimonio no es

El matrimonio no es una novela de romance. El matrimonio no es una película de Hollywood. El matrimonio no es algo que puede ser observado por extraños, sino que sólo puede ser vivido por los participantes íntimos.

Es particularmente importante saber esto último, ya que suele ocurrir que uno ve otras relaciones y asume que esas personas tienen un matrimonio feliz. Pero la verdad es que si uno lo ve, entonces por definición no es un matrimonio real lo que está viendo. El matrimonio es una relación tan privada que sólo las dos personas que lo viven tienen una idea de lo que es realmente… es más, a veces sólo una de esas dos personas tiene una idea de lo que está pasando. Como consejera matrimonial con más de 30 años de experiencia, puedo afirmar con seguridad que ninguno de nosotros sabe lo que ocurre en la intimidad de las demás personas.

Tú en tu matrimonio

Puede resultarte de mucha ayuda para tu relación matrimonial tener los siguientes consejos presentes:

  • Dios siempre está contigo.

  • Tu humor y tu comportamiento afectan a tu pareja. ¡Cuídate, por el bien de todos! Haz todo lo posible por alcanzar un estado mental de satisfacción y felicidad: encuentra un trabajo interesante, haz actividades significativas, construye relaciones satisfactorias, haz ejercicio con regularidad, busca terapia personal y haz lo que sea que contribuya a tu propio bienestar. Tu bienestar afecta a tu matrimonio.

  • Un matrimonio exitoso requiere esfuerzo y atención constante durante toda la vida. No hay ningún momento en el que sea apropiado sentarse y relajarse. Como dijo el terapeuta Bill O’Hanlon: “Amar es un verbo”, una acción. Tus acciones pueden construir el amor que quieres. Nunca tomes a tu pareja como algo dado. Siempre debes intentar tener momentos íntimos para construir amistad durante tu día (incluso si duran sólo unos minutos) y durante tu semana (incluso si sólo es una hora, una vez a la semana). Haz esto durante 120 años.

  • Mantén la chispa encendida manteniéndote en buena forma y viéndote atractivo. Sí, importa, incluso después de varios años de matrimonio. Importa mucho.

  • Tus déficits personales tendrán un impacto negativo en tu matrimonio; trata de mejorar en tus áreas débiles. No esperes que tu pareja se ajuste a ti; chequea la forma en que estás funcionando con tus técnicas para controlar la ira, tus hábitos de gastos, tus hábitos para arreglarte, tus hábitos organizacionales que impactan en el mantenimiento de la casa, tu hábitos de administración del tiempo, la regulación de tus ánimos, tus adicciones, tu capacidad para comunicarte y en toda otra área que pueda afectar a tu pareja. En lugar de pedirle a tu pareja que trabaje en sus déficits, ¡gasta tu energía trabajando en los tuyos!

  • Las técnicas positivas como alabar, alentar y recompensar funcionan mucho mejor que las negativas como las críticas, las quejas y el enojo. Mantener una relación optimista, cálida y llena de amor evita el conflicto. Está bien actuar hasta que lo sientas, vale decir, actuar con más alegría que la que sientes por dentro.

Cuando las cosas están mal, puede que te ayude tener los siguientes consejos en mente:

  • Trata de solucionar los problemas lo antes posible. Cuando recién comienzan son más fáciles de solucionar.

  • Tú cometes tantos errores como lo hace tu pareja. A veces cometes los mismos errores y a veces otros. Dado que somos juzgados en base al progreso que hacemos desde nuestro punto de partida, puede que tu pareja sea más exitosa que tú en el crecimiento espiritual incluso si su comportamiento es mucho peor que el tuyo. Esto ocurriría por ejemplo si tú comenzaste en un punto más elevado (por ejemplo: tu marido usa malas palabras y tú nunca lo haces, pero en ocasiones eres sarcástica), ahora bien, tu marido mejora más en su área débil que tú en la tuya (por ejemplo: gracias a un gran poder de voluntad, tu marido deja de usar malas palabras por completo, mientras que tú tienes un éxito parcial en la reducción de tu sarcasmo).

  • Cuando las cosas andan mal en el matrimonio, tu pareja sufre tanto o más que tú. Recuerda que la ira —tanto la tuya como la de tu pareja— suele ser la fachada de un dolor profundo.

  • Tu pareja quiere que la ames, a pesar de que quizás no sepa cómo ganarse tu afecto.

  • En casi todos los casos (no estamos hablando de relaciones abusivas) tu pareja te ama; el comportamiento hiriente es casi siempre consecuencia de déficits que Dios puso en ella (mayormente por medio de tendencias genéticas y experiencias de la infancia). Con tu propia sabiduría y paciencia, podrías ser capaz de ayudar a tu pareja a adquirir mejores habilidades. Toda persona cría a su pareja de la misma manera en que cría a sus hijos. Tu obligación es hacer aflorar lo mejor de ti mismo y de tu pareja. No confíes en tus propios recursos para lograr esta inmensa tarea: busca maestros, guías espirituales, consejeros profesionales y otras fuentes de apoyo y sabiduría. Hay muchos que han transitado este camino antes que tú y Dios nos entregó un mapa y una linterna; cuídate de no seguir directivas poco fiables. Hay quienes estarían felices de acompañarte a la corte de divorcio.

  • Cuando las cosas andan mal, es posible que tú mismo estés contribuyendo al problema con la forma en que reaccionas. Puedes aprender nuevas formas de reaccionar que eviten peleas y minimicen las interacciones difíciles. Lee libros, asiste a clases, ve a un terapeuta, consulta con tu rabino y haz lo que puedas para aprender nuevas habilidades.

  • Algunas parejas son muy difíciles. Son versiones adultas de niños difíciles, de niños que eran mandones, agresivos, necios, inflexibles, malvados, impulsivos, muy ansiosos, malhumorados, etc. Si tu pareja tiene una personalidad difícil o es disfuncional en aspectos importantes, Dios sabe que el desafío de tu matrimonio es mucho mayor que el de otras personas. Tu obligación en un matrimonio como ese no es la misma que la de tu amigo que tiene una pareja dulce, gentil, amable, servicial, responsable. Puede que tu tarea involucre cosas como no caer en depresión, ira, falta de fe, amargura, celos y otros estados negativos. Puede que tu tarea consista en mantener el hogar funcionando para que tus hijos tengan estabilidad. Puede que tu tarea sea mantener la paz tanto como sea posible, incluso si lograr afecto y amor profundo es un objetivo imposible en tu situación particular.

  • Nadie obtiene todo lo que quiere en la vida (niños saludables, riqueza, una pareja maravillosa, belleza, buenos amigos, vivir en un lugar seguro, etc.). Intenta estar agradecido por todas tus bendiciones y recuerda que tus desafíos son para tu propio beneficio espiritual.

  • El divorcio daña a los niños, incluso cuando es la única solución a una situación terrible. No es cierto que si eres feliz tus niños también lo serán. Por el contrario, perfectamente podría ocurrir que la felicidad de los padres sea a expensas de los niños. En muchos casos de divorcio hay una sola opción: la felicidad de los padres o la de los hijos. Las investigaciones muestran que, para los hijos, el divorcio es preferible a un matrimonio malo sólo cuando el hogar es violento o completamente disfuncional. Otra opción que puede estar abierta para alguien que sufre en el matrimonio es tratar de hacer que el matrimonio sea más tolerable obteniendo toda la ayuda posible, usando todas las herramientas disponibles, viviendo el duelo por la pérdida de la esperanza de tener el matrimonio ideal, aceptando lo que es (al menos por el momento) y desahogándose con Dios. Dios escucha las plegarias de los desconsolados; ocurren milagros, a pesar de lo que algunas personas puedan decir.