En un matrimonio hay dos partes.

La primera puede ser llamada el periodo de “recién casados”, ese momento fascinante en la vida de una joven pareja, a menudo marcado por la euforia inicial. Ese increíble y emocionante periodo es un regalo del Cielo para ayudar a esos “extraños” a comprometerse a una vida compartida. Es romántico, embriagante y nos hace volar. Con él vienen los sueños y las esperanzas de que dure para siempre.

Pero por más real que parezca, aún no es amor. Por unas cuantas razones. Una, porque no está basado en el esfuerzo y el crecimiento personal. El amor real requiere esfuerzo.

Dos, dado que es un regalo, tiene un tiempo limitado. De acuerdo con los expertos, no durará más de dos años. No entres en pánico cuando la intensidad comience a decaer. Va a ocurrir.

Tres, en el momento de euforia quieres que los momentos de conexión duren para siempre. El amor real requiere el crecimiento y el desarrollo de nuestra pareja a través de los altibajos de la vida. ¿No suena demasiado romántico? Disfruta del romance todo lo que puedas, pero comprende que la euforia es sólo un precalentamiento para el amor. Cuando la relación avanza se puede encontrar la alegría y la conexión duradera.

La segunda parte es el lento y desafiante proceso de llegar a conocer realmente a tu pareja y, lo más importante, llegar a conocerte a ti mismo. Esas primeras promesas altruistas de dedicación altruista y de compartir no duran porque no son reflejos reales de quienes somos ni de nuestras capacidades cotidianas.

Aquí es donde el matrimonio se vuelve un desafío extraordinario. Cuando comenzamos a descubrir realmente quiénes somos, nuestras fortalezas y debilidades, y nos dedicamos, por el bien del otro, a hacer los cambios necesarios, entonces el matrimonio se convierte en un vehículo de incalculable crecimiento.

El verdadero amor se basa en mi "esfuerzo" por el bien de mi pareja. Me preocupo por el otro, no por mí mismo. Esto le muestra a mi pareja que quiero lo mejor para ella, incluso si para mí no es fácil. Ese cambio es la afirmación más poderosa de mi verdadero compromiso a transformarme para el beneficio de mi compañero (a diferencia del enamoramiento, en donde ambos sentimos una conexión, pero, en realidad, ninguno va más allá de su zona de confort por el bien del otro).

¿Cómo hacemos la transición?

La fórmula básica funciona de esta manera.

En general, nos vemos motivados por dos razones básicas: porque queremos algo y porque necesitamos algo. Quieres comer pastel y necesitas cambiar el pañal de tu bebé. Querer comer pastel es agradable, pero tiene que ver contigo. Necesitar cambiar el pañal tiene que ver con el bebé, no contigo.

Al comienzo de una relación estás inspirado y quieres dar, quieres sentir esa conexión profunda con tu nueva pareja. Sin embargo, si somos honestos, en gran parte se trata de nosotros mismos. Por supuesto, hacer sentir bien a tu nueva pareja es agradable, pero la enorme motivación es porque tú mismo te sientes MUY bien.

Pero a medida que pasa el tiempo, la relación ya no es tan agradable. De hecho, ¡a veces puede sentirse muy poco agradable! En verdad tú no estás motivado a ser tan afectuoso y dedicado. En cambio, comienzas a expresar sentimientos o hacer cosas que pueden dañar la relación, y aunque sea difícil aceptarlo, eso se debe a que tu verdadero "yo" está saliendo a la luz.

Pero aquí es donde puede tener lugar el cambio para un amor más profundo. El verdadero amor produce un cambio entre lo que tú quieres, lo que te hace sentir bien, y lo que necesitas hacer para ayudar a que crezca la relación. No me enfoco en lo que yo quiero sacar de la relación sino en lo que tú necesitas de mí.

¿Por qué este cambio es esencial para el amor verdadero? Porque hasta que mi pareja se convierte en el foco de mis preocupaciones y esfuerzos, todo se trata de mí, y mi pareja lo sentirá. Aprender lo que tengo que hacer para que la relación crezca, incluso cuando es difícil, me saca del centro y pone allí a mi pareja. Y lo que es maravilloso es que cuando mi pareja siente eso, estará mucho más preparada y dispuesta a responder de forma recíproca y a dar lo que es importante para mí. No es fácil cambiar, pero definitivamente es lo que prepara el escenario para que todos salgan ganando.

Hay innumerables ejemplos, pero describamos un escenario para ver cómo funciona.

Vuelvo a casa después de un largo y agotador día de trabajo. Lo único que quiero es sentarme a ver mi programa favorito, pero mi pareja quiere hablar y compartir su día. Ahora pregúntate: ¿Qué quiero hacer? ¿Qué debería hacer? Yo quiero ver mi programa. Debería escuchar a mi pareja. Lo que quiero tiene que ver conmigo; lo que debería hacer tiene que ver con mi pareja. Mi pareja sentirá que me preocupo más por ella que por mí mismo. (Por supuesto, necesitas cuidar de ti mismo, pero el foco principal está en tu pareja). Ese es el camino para llegar a un amor que transforma y conecta.

Sentirse increíble al estar juntos es muy dulce, pero dar cuando no es fácil es la clave para cambiar el foco hacia mi pareja. En eso se basa el amor verdadero.

Por lo tanto, disfruta esos especiales momentos iniciales de euforia en tu relación, pero aprende las habilidades para llegar al amor verdadero. Vale la pena todo el esfuerzo.