El discurso de Ben Affleck en la ceremonia de los Premios Oscar del 2013 describía la necesidad de "trabajar" cuando se trata del matrimonio. Su esposa, Jennifer Garner, sonreía entre lágrimas, y todos pensamos que esta pareja realmente duraría para siempre. Ellos parecían ser la pareja de Hollywood que entendió que no existe el mito de "y vivieron felices para siempre". Ellos nos dijeron que debíamos invertir esfuerzo en nuestras relaciones. Todo matrimonio tiene sus altos y bajos, incluso (¿especialmente?) si se trata de celebridades de Hollywood que parecieran tenerlo todo.

Ben le dijo esto a millones de personas desde el podio en aquella noche del 2013, cuando le dijo a su esposa: "Quiero agradecerte... [el matrimonio] es trabajo, pero es el mejor tipo de trabajo; y no hay nadie más con quien preferiría trabajar". Y Garner respondió cuando le dijo posteriormente a los reporteros: "Miren, lo que tenemos es real y lo valoro por sobre todo; estoy en esto contigo y sé que tú también estás en esto conmigo".

Y ahora han anunciado que se divorciarán luego de 10 años de matrimonio.

No importa quién seas o cuántos años hayas estado casado, el divorcio es doloroso. Y si hay niños involucrados, sus vidas estarán entrelazadas por siempre.

En ocasiones, el divorcio es una decisión necesaria. Algunas dificultades son insuperables. No hay que ser necesariamente una celebridad para tener que luchar con adicciones, abusos y feas peleas que crean llamas de discordia que consumen a marido y mujer. En ocasiones, el hombre o la mujer alcanzan el punto de quiebre al sentir que no los respetan. Cuando una pareja se da cuenta de que ya no pueden continuar viviendo en paz, la Torá provee el divorcio como una opción.

Pero nunca debemos tomar esta decisión a la ligera. Rabí Elazar enseñó que el altar del Templo derrama lágrimas cuando una pareja se divorcia. El altar es mencionado específicamente en este contexto, porque las piedras del altar nos ayudan a reestablecer la paz entre el hombre y su Creador y los acercan nuevamente. Ahora que se ha perdido la armonía, el altar mismo llora por el dolor que ha sufrido esta pareja. La Shejiná, la presencia divina, se aleja de un hogar en el que hay conflicto. La bendición de shalom bait, de paz en el hogar, se ha ido. Esta preciada bendición nunca debería ser tomada por sentada en un hogar.

Es posible imbuir de nueva vida a un matrimonio, a pesar de que haya habido épocas tormentosas. Obviamente no es un camino fácil. Crear un matrimonio duradero es una experiencia que nos llena de humildad. El sacrificio, los intensos esfuerzos, el crecimiento personal, el compromiso, y un verdadero deseo de hacer que este matrimonio funcione, ayudarán a reconstruir el santuario espiritual al que llamamos "hogar". Esta travesía no es para los que se dan fácilmente por vencidos.

5 etapas del matrimonio

En mi último artículo, "El matrimonio según Ben Affleck", me referí a las formas en que podemos trabajar en nuestro matrimonio y fortalecerlo año a año. “Mantente actualizado”, "Haz de tu matrimonio tu prioridad", "Muestra respeto", "Haz pequeños actos de bondad diariamente" y "Sé positivo" eran los 5 trabajos del amor.

Darnos cuenta que el matrimonio tiene sus etapas nos da la sabiduría necesaria para continuar trabajando y no perder la esperanza cuando atravesamos tiempos difíciles.

1. La pasión

Los intensos sentimientos de deseo y amor, de ver a tu pareja como "la indicada" y de estar ansiosos por pasar tiempo juntos, ayudan a que la pareja se comprometa. Los pequeños problemas no te molestan. La excitación y el descubrimiento de esta nueva persona en tu vida te aportan energía positiva y te ayudan a tener una actitud positiva.

2. Dejar ir la fantasía

Las dificultades comienzan cuando te das cuenta que tu pareja es humana. Quizás te pone nervioso sus ronquidos o su risa demasiado fuerte. Pelean. Ella parece demasiado sensible, él parece indiferente. La decepción se hace presente en el ambiente. Te preguntas si tomaste la decisión correcta. Los hijos pueden agregar tensión, pues comienzas a discutir sobre el cuidado de los niños, las tareas domésticas y las finanzas.

La misma Jennifer Garner dijo el año pasado: "Cuando tuvimos nuestro primer hijo, éramos unos bebés. Ocurrió tan rápido, me cuesta recordar cómo éramos antes de tener hijos".

Te encuentras en una bifurcación importante de tu matrimonio. ¿Eres capaz de dejar ir la fantasía? La travesía comienza aquí. Una vez que comprendes que para que dure el matrimonio debes dejar de lado tus sueños de Disney y debes enfrentar la realidad de que estás listo para vivir como marido y mujer. Casarse no es el destino final, sino que es sólo el comienzo. El desafío es hacerlo funcionar.

3. Manos a la obra

Comienza el trabajo del amor. Trabajar en una relación significa que usarás músculos espirituales que difícilmente has utilizado en el pasado. Perdonar, entender al otro, ser sensible, tener compasión, tener paciencia, expresar gratitud, ser humilde... todas estas son características de personalidad que te ayudan a reencender la chispa del amor. Cada día trabajas otro músculo; incluso si estás cansado, no te rindes.

4. Encontrar la calma

Has descubierto que está bien estar en desacuerdo, siempre y cuando el respeto se mantenga como parte de la ecuación. La comunicación crece a medida que se abstienen de rebajar al otro, de los comentarios sarcásticos y de las acciones dañinas. Decides poner una actitud positiva en la relación por medio de desarrollar tu 'ayin tov', tu 'ojo positivo'. Trabaja en culpar menos y en escuchar más. Asiste a talleres y clases de Torá, lee artículos y rodéate de amigos que te motiven de manera positiva.

Algunas preguntas para hacerte a ti mismo:

  • ¿Siempre necesito ganar? o ¿Podría alguna vez estar equivocado?
  • ¿Levanto mi voz, insulto, degrado, o me voy en medio de la discusión?
  • ¿Soy demasiado sensible ante las críticas? ¿Escucho el otro punto de vista?
  • ¿Soy egocéntrico? ¿Arrogante? ¿Impaciente?

5. Paz

Has decidido dejar de intentar cambiar a tu pareja. Has comenzado a apreciar la alegría que trae el amor. A medida que van pasando los años van disfrutando cada vez más de la compañía mutua. En lugar de distanciarte, has descubierto a tu mejor amigo/a. Comparten recuerdos y sueños para el futuro. Has dejado de luchar contra las diferencias y has comenzado a enfocarte en cambio en lo valioso que es tener a esta persona en tu vida. La confianza llena tu corazón. La aceptación crece junto con un amor que es maduro pero tierno a la vez. Incluso las épocas difíciles te asustan menos porque tu pareja está a tu lado. Sabes que tu matrimonio durará.

Lamentablemente muchas parejas nunca se permiten llegar a la etapa de paz. Las crisis o desilusiones aparecen y tiramos la toalla. Recordemos que el matrimonio es nuestra mayor fuente de bendición. Los hogares que están llenos de armonía se transforman en un lugar donde reposa la presencia divina. Sí, se requiere trabajo. Pero la alegría dura por siempre.