Después de 27 años de matrimonio, Bill y Melinda Gates se separan. Muchos estudios respecto a las razones por las que fracasan los matrimonios atribuyen importancia a las dificultades económicas. Algo me dice que aquí eso no tuvo mucho que ver...

Puedes preguntarte: "Si ellos que tienen todo el dinero del mundo, que son bastante inteligentes y tienen todo a su disposición, no lograron tener un matrimonio exitoso, ¿qué posibilidades tengo yo?". No temas, porque el dinero, la inteligencia y las oportunidades no tienen nada que ver con esta perla de sabiduría que voy a compartir contigo.

En su publicación conjunta en Twitter, Bill y Melinda Gates escribieron: "Ya no creemos que podemos crecer juntos como pareja en esta nueva etapa de nuestras vidas". Ah… el viejo tema de "crecer cada uno por su lado".

Por supuesto que hay muchas cosas que desconozco respecto a lo que ocurre en la privacidad de esta unión y de cualquier otro matrimonio que fracasa. Cada matrimonio es único. Pero hay ciertas reglas de las relaciones que ayudan a tener éxito, o lo contrario, dependiendo del caso.

Las parejas pueden ir alejándose de una forma lenta e insidiosa, sin ni siquiera darse cuenta lo que está ocurriendo, hasta que es demasiado tarde.

Es algo así:

Cuando una pareja se conoce, están muy emocionados el uno con el otro. En la relación hay energía y descubrimiento. Pasan mucho tiempo juntos para llegar a conocerse. ¿Recuerdas esas primeras citas hasta las 2 de la mañana? El proceso del cortejo continúa de esta manera hasta el gran día, la boda, y un poco más. Los primeros años son esperanzados, enérgicos, dinámicos y llenos de emoción.

Pero a medida que pasan los años y la joven pareja se establece en cierta rutina, hay nuevos eventos que se infiltran en sus vidas. Hay que ganarse el sustento, tienen un hijo, o más… Cada uno tiene sus respectivos intereses, algunos compartidos, otros no. Los trabajos tienen sus demandas, y también los niños. Cuando los niños son pequeños hay muchas noches en las que no se puede dormir. Pero cuando crecen hay que llevarlos a todos lados, hay tareas escolares y actividades extraescolares. La pareja busca comprar una casa y eso también exige mucho tiempo, energía y esfuerzo. No se trata sólo de la hipoteca, sino comprar nuevos muebles, arreglar los viejos. Problemas con las cañerías que siempre parecen estropearse, rehacer el baño y deshacerse de la vieja alfombra maloliente.

Mientras más años cumple la pareja, más cosas suceden en sus vidas que requieren su tiempo y su atención. Aunque todos esos problemas por cierto son importantes, la pareja descubre que ya no tienen tiempo ni energía el uno para el otro. Así es como su relación queda relegada a un segundo plano, porque hay muchas otras cosas inminentes e importantes de las que hay que ocuparse en el momento.

Antes de que se den cuenta, no sólo murió hace mucho esa chispa de sus días de noviazgo, sino que hay muy poco intercambio entre esas dos personas que se convierten prácticamente en extraños, como dos barcos que se cruzan en medio de la noche.

Si esa pareja que ya está en sus 10, 20 o 35 años de matrimonio pudiera regresar en el tiempo a los días del noviazgo, encontraría algo fascinante. Verían que cuando les contaron con emoción a sus amigos que "acababan de encontrar al mejor hombre/mujer del mundo", no lo describieron de esta forma: "Es maravilloso, va a pagar cada cuota de la hipoteca a tiempo. No sólo eso, sino también cada cuota del auto… ¡De dos autos!... ¡y ambos serán vehículos de lujo!". Sin duda, nadie dijo a sus amigos: "Ella es la mejor, va a ser buenísima llevando a los niños a la escuela y asegurándose que la casa esté siempre limpia y ordenada. Estoy seguro de que va a encontrar al mejor pediatra para nuestros hijos cuando nazcan".

Y si bien es cierto que pagar la hipoteca y el auto a tiempo es importante, así como es importante encontrar un buen pediatra y cuidar a los niños, esas no son las razones por las que se casaron. Te casaste con esa persona por quien es como persona, porque disfrutaban compartir el tiempo juntos. Te casaste por su alma, por su espíritu, por quien es y no por lo que iba a hacer o lograr.

Pero las parejas olvidan esto y lo pierden de vista, porque cuando comienzan a tener citas es algo que surge naturalmente y sin esfuerzo. Pero cuando empieza la vida real hay muchas más cosas sobre la mesa y olvidan que ahora tienen que esforzarse más para estar con el otro. No cambiaron de marcha y no se dieron cuenta que tenían que luchar para encontrar un tiempo para la intimidad, y con esto no me refiero sólo en un sentido físico, pero también a eso.

Nunca les dijeron a sus hijos: "No, ahora es el tiempo de papá y mamá". Ni tampoco se lo dijeron a sus trabajos, a sus teléfonos, a sus computadoras y a cualquier otra obligación que parecía ser más urgente e importante. Más urgente e importante que el otro. Más urgente e importante que su misma relación.

Porque si no luchas por tu relación, si no la nutres, si olvidas monitorearla constantemente para asegurar que se mantenga sana y vibrante, entonces como cualquier otra cosa que es descuidada, se marchita y muere. Quizás no la primera semana, el primer mes o el primer año; pero eventualmente ocurrirá, lenta y tristemente.

Una pareja "se aleja" porque no dedican el cuidado y el tiempo necesario para asegurarse de crecer juntos y de avanzar uno en dirección al otro. Y si bien cada pareja es culpable de esto en algún nivel, aquellos que tienen conciencia de este peligro tienen una oportunidad de luchar para que eso no dañe su relación a un grado en el que ya no pueda repararse.

Por lo tanto, deja de lado tu teléfono, deja de mirar Netflix, diles a los niños que desaparezcan un rato (amablemente), olvida lo que necesitabas de la ferretería y busca a tu esposa, lleva una botella de vino, mírala a los ojos y captura la magia que sentías cuando comenzaste a salir con ella hace tanto tiempo atrás.

No te demores. Hazlo ahora mismo. No termines como Bill y Melinda Gates.