Muchas de mis amigas ya tienen el "nido vacío", así que puedo observar desde la primera fila los desafíos y las oportunidades que esto implica. Algunos parecen obvios, desde nutrir el matrimonio hasta descubrir cómo cocinar sólo para dos. Pero hace poco escuché algo que me hizo replantearme el tema y me ayudó a entender que puede ser mucho más complejo y sutil.

La situación no es para nada dramática. De hecho, es bastante ordinaria. Pero de todos modos esclarecedora. Mi amiga es una persona hogareña. Le encanta cocinar, estar en su casa, mantener conversaciones íntimas con sus hijos y con sus amigas y acurrucarse con un buen libro. Su esposo es un aventurero. A él le encantan las excursiones, ir a pescar, a esquiar… La aventura que propongas, a él le interesa.

Ella siempre dio lugar a sus deseos. ¿Quieres hacer una caminata de todo el día? Que la disfrutes. ¿Quieres unirte a un equipo masculino de hockey sobre hielo? Que te diviertas. ¿Quieres escalar una montaña? Sólo ten cuidado. A ella no le importaba porque tenía a sus hijos en casa para hacerle compañía. Pero ahora sus hijos ya no están. Cuando su esposo hace las mismas peticiones, eso significa que ella se quedará sola, ya sea en la casa o en donde estén de vacaciones. No es lo mismo. No para él y no para ella.

Por lo tanto, ella tiene un dilema (también él). Él tiene ciertas expectativas, expectativas que ella nutrió y alimentó. Sus expectativas no han cambiado, pero las necesidades de ella sí cambiaron. ¿Acaso él tiene que ajustar sus expectativas frente a las nuevas circunstancias? ¿Ella puede expresar sus necesidades (que ahora son diferentes) y limitar sus aventuras?

Yo pienso que ella tiene que hacerlo, porque de lo contrario no sólo se sentirá sola sino también resentida. También él tiene que ser flexible. Va a tener que reconocer las nuevas circunstancias y reducir algunas de sus actividades de acuerdo con la nueva realidad.

Quizás su situación es más dramática que la de la mayoría de las parejas, pero creo que esto puede ocurrir en muchas circunstancias, ya sea porque el marido está acostumbrado a trabajar hasta muy tarde o porque la mujer está acostumbrada a salir con sus amigas. La falta de compañía continua en la casa crea un nuevo problema, una nueva realidad que se debe enfrentar.

Aunque siempre tuvieron en cuenta las necesidades del otro, antes había otros seres humanos que llenaban los vacíos. Cuando eso ya no ocurre, la carga puede ser mayor para el matrimonio. Por lo menos se debe negociar un nuevo modo de vida.

Esto no siempre es fácil. ¿Las necesidades de quién van primero? Obviamente, una pareja comprometida encuentra formas de llegar a un acuerdo, en algunas situaciones satisfacen los deseos de uno y en otras circunstancias los del otro. Pero esto significa que un miembro de la pareja puede sentir que algo se ha perdido. Y aquí está el error. Porque en vez de enfocarse en lo que ya no pueden hacer, el secreto, como con todo en la vida, es enfocarse en las nuevas oportunidades que tienen frente a ellos: la oportunidad de pasar más tiempo con tu compañero de vida, la oportunidad de crecer juntos en formas nuevas y descubrir cosas novedosas del otro, la oportunidad de descubrir cómo resolver este nuevo desafío y en el proceso profundizar su conexión.

Por mucho que nos resistamos al cambio, en verdad no queremos que las cosas sigan siempre igual. Mis amigas tienen el nido vacío sólo por buenas razones, y esta es su oportunidad (y esperemos que algún día sea la de todos) de aceptar su nueva situación con emoción y agradecerle a Dios por tener la energía de enfrentar algo nuevo y convertirlo en algo maravilloso.