El mercado de los consejos matrimoniales parece no tener fin. Yo misma he escrito más artículos de los que puedo contar sobre el tema (¡y probablemente seguiré escribiendo más!). He estudiado los lenguajes del amor y los tipos de personalidad y he leído libro tras libro. Pero recientemente se me ocurrió que quizás todo puede ser resumido en una sola idea:

Convierte a tu esposo en tu prioridad: Antes que tu trabajo, antes que tu trabajo comunitario, antes que tus hijos (¡suspiro!), antes que tus amigas, antes que tu cansancio (!), antes que tu…

Ese es EL secreto para tener un matrimonio feliz y exitoso. (Si pudiera embotellarlo, haría una fortuna). Pero, como gran parte de la sabiduría judía, este es un concepto simple de captar, pero difícil de implementar en la vida cotidiana.

¿Cómo se realiza de forma práctica?

Una prioridad incluso antes que tu trabajo: Sí, necesitas el ingreso. Sí, para recibir tu sueldo tienes que hacer un buen trabajo. Pero el trabajo debe dejarse en la oficina. Tu esposo no debe sentir que está compitiendo por tu atención con el informe que debes entregar al día siguiente. Es posible que recibas más recompensa externa por completar exitosamente un proyecto en tu lugar de trabajo, pero tu real esfuerzo debe ser en casa. Es algo gracioso; mi esposo frecuentemente aconseja a hombres que cuando los llame su esposa al trabajo, ellos tienen que tomar la llamada (¡a veces lo obvio debe ser dicho!) y cambiar su actitud a modo de esposo. Pero lo mismo es cierto para nosotras. Ningún plazo es más importante que las necesidades de nuestro esposo, las necesidades de nuestro matrimonio.

Una prioridad incluso antes que tu trabajo comunitario: No tenemos que ser como la Sra. Jellyby en Casa Desolada para ser culpables de descuidar a nuestra familia por el “bien mayor”. La sabiduría popular dice que a las mujeres les cuesta trabajo decir que no. Yo no tengo la evidencia científica, pero hablando desde la experiencia personal pareciera ser verdad. Hay tantas buenas causas ahí afuera, tanta necesidad dentro de la comunidad judía y el mundo en general. Es bueno dar, es importante dar; esto les da un excelente ejemplo a nuestros hijos. Pero solamente si tenemos el tiempo y la energía para hacerlo sin costo para nuestro matrimonio. Si nuestro trabajo por la comunidad comienza a tener prioridad o a cobrar un precio en nuestra relación con nuestro esposo, entonces debemos alejarnos. Es difícil. No hay placas de inscripción por ser una buena esposa, pero esta es la relación que durará más que todas las cenas y galas y otros eventos de recaudación de fondos. No estoy menospreciando el trabajo comunitario. Pienso que es crucial y me gusta pensar que yo misma hago algo de eso, pero debemos mantener ordenadas nuestras prioridades.

Convertir a tu esposo en tu prioridad es la máxima expresión de amor verdadero.

Una prioridad incluso antes que tus hijos: Esta es un área muy difícil pero esencial. No podemos ignorar a nuestros esposos para enfocarnos en nuestros hijos. No es sano para nuestro matrimonio y no es sano para nuestros hijos. Ellos tienen que aprender que el mundo no gira a su alrededor y que ellos tienen que ser pacientes y esperar mientras sus padres están hablando. Obviamente debemos utilizar un juicio apropiado para la edad, pero he escuchado a madres de infantes explicar que ellas necesitan unas cuantas horas al día para jugar con el bebé y por lo tanto no tienen tiempo para sus esposos. Esto puede ser radical, pero los bebés muy pequeños NO necesitan mucho tiempo de juego. Ellos están contentos con sentarse o dormir en tu regazo mientras conversas con tu esposo. Un hogar estable y feliz es un regalo mucho mayor para tus hijos que unos 15 minutos extra de tiempo de juego en el suelo.

Una prioridad incluso antes que tu cansancio: Esto necesita su categoría propia porque a veces estamos taaan cansadas que no podemos funcionar, ¡y mucho menos brindarle atención a nuestros esposos! Pero debemos combatir esto. Debemos encontrar tiempo cada día para conectarnos, para poner atención, para enfocarnos. Debemos estar alerta para escuchar sobre sus necesidades y su día y debemos también conservar energía (¡duerme una siesta!) para preservar la intimidad en nuestro matrimonio. Esta no es un área que puede ser descuidada hasta que los niños sean mayores.

Una prioridad incluso antes que tus propias necesidades: Esta es una categoría amplia e integral que realmente sugiere la actitud que debiéramos tener. Queremos darles a nuestros esposos. Queremos hacer lo que ellos necesiten o requieran, no para recibir de vuelta, sino porque nos preocupamos por ellos y esta es una expresión de amor. No nos es difícil elevarnos por sobre nuestras propias necesidades para cuidar a nuestros hijos. Nuestras muchas noches sin dormir atestiguan esto. Pero cuando se trata de nuestro matrimonio, de nuestra relación más crucial, parecemos reacias a hacer el esfuerzo. Y empezamos a llevar cuentas (¿Pensaría alguien en llevar cuentas con respecto a los niños? Por supuesto que no. ¡Sabemos que es una batalla perdida!). El verdadero secreto para un buen matrimonio es dar. Exceptuando el abuso y el daño psicológico severo, esto funcionará en todos los casos. Para parafrasear el Talmud, si atiendes las necesidades de él, entonces él atenderá las tuyas. Pero solamente funciona si esa no es tu meta, si tu meta es realmente darle a él.

Convertir a tu esposo en tu prioridad es la máxima expresión de amor verdadero. De otra forma solamente nos estamos engañando a nosotras mismas y quiere decir que lo único que nos importa es nuestro propio bienestar. Como dije, es simple de captar pero realmente difícil de implementar.