Esposa a marido: Cuando ignoras mi cumpleaños, siento que no soy importante para ti. Realmente necesito que recuerdes mi cumpleaños.

Marido: No me importan los cumpleaños.

¿En serio? ¿No te importan los cumpleaños? Probablemente lo que quieres decir es:

"Antes de casarme, nunca me pareció que celebrar los cumpleaños fuera importante. Ahora que veo lo importante que es para ti, mi querida esposa, estaré feliz de hacer este pequeño cambio y comenzar a celebrar los cumpleaños de ahora en adelante".

Realmente debes referirte a eso, porque tienes que entender que el objetivo principal del matrimonio es hacer feliz a tu pareja. Si sabes que algo la hará feliz y eres capaz de hacerlo, entonces seguramente debes hacerlo. Después de todo, que tu pareja esté feliz hace que tu matrimonio sea un matrimonio más feliz (y obviamente lo opuesto también es cierto).

El matrimonio requiere cambiar

¿Por qué alguien haría o dejaría de hacer algo cuando sabe que sus acciones le causarán dolor a su pareja? En otras palabras, ¿por qué el marido del ejemplo al comienzo de este artículo respondería de esta manera? No es una persona malvada ni egoísta, sino que simplemente es un hombre que no se dio cuenta de que su tarea es hacer feliz a su esposa. Cree que haciéndose feliz a sí mismo —haciendo lo que le sirve a él— obtendrá la mayor felicidad en la menor cantidad de tiempo.

Pero por desgracia, ¡está MUY equivocado! Si está casado entonces no puede ser feliz a costa de su esposa. Ya no está solo; todo lo que hace y dice vuelve de inmediato a él. Su esposa es un espejo: si le sonríe entonces ella le sonreirá de vuelta, pero si le frunce el ceño entonces ella se lo fruncirá a él. Si tiene una actitud negativa… adivina lo que recibirá a cambio.

Lo mismo es verdad para la esposa. Cuando se tratan bien el uno al otro, tanto el marido como su mujer irradian el brillo del amor que expresan; pero cuando se tratan mal, ambos se sofocan en la nube de tristeza que generan.

El buen trato incluye que te tomes con seriedad los deseos de tu pareja.

El buen trato incluye que te tomes con seriedad los deseos de tu pareja. “Realmente me gustaría pasar más tiempo contigo”. “Que cuelgues tu ropa es muy importante para mí”. “Me haría muy feliz que llamaras a mi mamá de vez en cuando”. “Me ayudaría mucho que pusieras a los niños a dormir”. “Me gusta que uses tu ropa bonita en la casa”. Lo que sea que quiera tu pareja, ¡tan sólo hazlo! Hacer feliz a tu pareja te hará feliz a TI, mientras que hacer que la vida de tu pareja sea miserable sólo te causará sufrimiento.

Si no lo haces, piensa en cómo se sentirá tu pareja. Incluso si ella deja de quejarse sobre el tema, la insatisfacción continuará adentro. Hay personas que llegan a un consultorio de terapia para parejas después de 25 años de matrimonio quejándose por cosas que las han desilusionado durante todo ese tiempo. ¡Cuánto dolor y energía negativa! De hecho, es común que la razón por la que la gente se divorcia después de tanto tiempo es que ya no toleran la montaña de dolor que se ha acumulado en su interior. ¡No te equivoques! No creas que el silencio de tu pareja implica complacencia; puede que sea muy difícil hablar contigo y que por eso haya decidido no abrirse a ti.

Excepciones a la regla

Hacer feliz a tu pareja no significa que tengas que volverte loco. Si lo que tu pareja desea te resulta demasiado difícil o es simplemente inconcebible, entonces deberás hacer ajustes a la regla de ‘tan sólo hazlo’. Cuando las exigencias son difíciles, pero no imposibles o disparatadas, generalmente puedes modificar el criterio para que esta regla se adapte mejor. Si tu pareja quiere celebrar los cumpleaños con grandes fiestas pero tú odias las fiestas, puedes ofrecerle hacer una fiesta para cada década en lugar de para cada año. Esta estrategia implica que tú cedes y que ella se restringe, lo cual es algo normal cuando el foco está puesto en el matrimonio.

Sin embargo, si tu pareja te pide que te levantes a las 3 de la mañana cada día, siéntete con la libertad de decirle “esto es algo que no puedo hacer”. Además, si tu pareja tiene demandas excesivas o una lista interminable de pedidos, no tienes que sentir que para hacerla feliz tendrías que cumplir con todos ellos. Probablemente un profesional podría ayudar a filtrar los deseos razonables de los que no lo son y a trazar límites saludables.

Pero fuera de estas excepciones, debes acostumbrarte a preguntarte lo siguiente cada vez que tu pareja quiera algo de ti: “¿Puedo hacerlo (sin sufrir)?”. Si la respuesta es positiva, entonces ‘tan sólo hazlo’. Si la respuesta es negativa, entonces pregúntate: “¿Puedo encontrar una manera en la que sí lo podría hacer?”. Si la respuesta a ambas preguntas siempre es no, entonces consigue ayuda profesional lo antes posible. Recuerda, ambos integrantes de la pareja tienen que trabajar en conjunto para crear un matrimonio ‘tan sólo hazlo’. ¡Así que tan sólo hazlo!

Extracto del libro de Sarah Chana Radcliffe titulado Make yourself at home (Siéntete en casa). Haz clic aquí para ordenar una copia (libro en inglés)