La mayoría de nosotros – si es que no lo estamos aún – terminaremos casándonos en algún momento.

¿Cuántos de nosotros pensamos en el divorcio? Si las estadísticas son correctas, hay una buena posibilidad de que la mitad de nosotros se divorcie.

Las relaciones que tenemos determinan en gran medida la cantidad de felicidad que disfrutamos en la vida. Con quién nos casaremos es quizás la decisión más importante que haremos para determinar nuestra felicidad y la felicidad de nuestros hijos (e incluso la felicidad de nuestros padres).

Entrenamos y certificamos a la gente para casi todo lo que podemos imaginar: doctores, abogados, plomeros, cocineros, diseñadores de interior – todos tienen que probar ser competentes antes de que nos animemos a contratarlos.

Pero para los grandes temas de la vida, para las cosas que realmente importan, no hay ningún entrenamiento – no hay diplomado en paternidad, escuelas para la felicidad ni doctorados en relaciones personales.

La mayoría de nosotros aborda los temas del amor y el matrimonio como huérfanos, sin aprender de la experiencia y la sabiduría acumuladas por las generaciones pasadas. Abordamos las preguntas clave – ¿Qué es el matrimonio? ¿Cómo encuentro a la persona correcta? ¿Cómo me aseguro de tener un matrimonio feliz y realizado? – en soledad, cometiendo toda clase de errores mientras tratamos de responderlas y acertar. Este método podría servir – si es que nadie resultara herido en el camino.

Hoy el matrimonio pareciera ser una especie de accidente evolutivo. Después de un período de conocerse, salir e involucrarse románticamente, viene la etapa de la inquietud. La pareja se enfrenta a la pregunta temida de: ¿Y ahora qué? La respuesta por defecto los pone en el altar, comprometiéndose a vivir felices para siempre. Si Dios quiere…

Los judíos creemos que Dios creó el mundo para que el hombre tenga una vida llena de significado y placer. Quiere que tengamos todo, y nos dio un libro de instrucciones diciéndonos cómo alcanzarlo. La Torá es Torat Jaim – literalmente, instrucciones para la vida.

¿Cómo crees que la Torá describe el matrimonio? ¿Eterna bendición? ¿Encadenados?

La noción judía del matrimonio es que dos mitades se convierten en uno, completándose mutuamente.

El hombre dejará a su padre y a su madre, se unirá con su esposa, y serán una sola carne” (Génesis 2:24). El matrimonio es el proceso de convertirse en una sola carne; no son dos personas que se unen para formar una sociedad, tampoco es un acuerdo para vivir juntos por siempre; no es una forma de obtener un beneficio en el pago de impuestos ni un método para compartir las tareas de la casa. La noción judía del matrimonio es que dos mitades se convierten en uno, completándose mutuamente.

¿Qué necesita la pareja para alcanzar este sentido de unificación? Imagina el matrimonio como un viaje por la vida. Auto, gasolina, comida – estamos listos para partir. ¿Qué es necesario para que los dos viajeros en este auto se “unan” para realizar este viaje?

  1. Destino: Para poder comprometerse a ir juntos tienen que saber a dónde están yendo. Si uno quiere ir a esquiar no puede estar con alguien que quiere ir a la playa.

  1. Compromiso: Dos personas no llegarán a su destino si uno puede echarse para atrás cuando se le antoje.

  1. Afinidad: Si no se soportan mutuamente, el viaje va a ser intolerable.

Objetivos En La Vida

La esencia del matrimonio es el compromiso a perseguir juntos objetivos de vida.

El matrimonio necesita tener objetivos claros en común. Esto es muy obvio, pero a menudo es ignorado. Conozco a una pareja que casi terminó divorciada porque después de algunos años de matrimonio él quería hijos y ella no quería la carga de criarlos. Salieron cinco años – ¡y nunca habían hablado si querían tener hijos!

No creas que es un ejemplo exagerado. Las parejas rompen por muchas razones: Cómo educar a los hijos, dónde vivir, qué papel tendrá la religión en sus vidas, si la prioridad la tendrá la carrera o a la familia, la carrera de quién estará primero si es que entran en conflicto.

Los valores y las prioridades compartidos proporcionan una estructura que une a la pareja y les permite trabajar para convertirse en “una sola carne”.

Algunos pensamos que el matrimonio es un objetivo de vida en sí mismo. Nos hacen creer que más allá de estar los dos juntos, no necesitamos ningún otro objetivo. “Todo lo que necesitas es amor”.

Pero no es cierto. El matrimonio en sí no es un objetivo en la vida; si los cónyuges esperan que la relación satisfaga todas sus necesidades, le ponen al matrimonio una tensión intolerable.

Amor no es todo lo que necesitas. El matrimonio es una herramienta poderosa para ayudarnos a perseguir las cosas que nos interesan en la vida con más energía y personalidad. Si eres un soltero deprimido y sin rumbo, serás un casado deprimido y sin rumbo.

Los objetivos en la vida son las cosas que significan todo para ti, los valores que defiendes, por los que estás dispuesto a sacrificarte. Si son tan fáciles de cambiar, no son tan importantes para ti.

¿Qué queremos decir con valores?

Honestidad, integridad, lealtad, bondad. Si ella no es amable con su propia familia, hay una gran posibilidad de que tampoco lo sea con la tuya.

Esta persona va a ser el padre/la madre de tus hijos. ¿Cómo los criará?

No puedes posponer el discutir los objetivos en la vida, esperando que lleguen a un acuerdo una vez que estén casados, asumiendo que la otra persona cambiará. Las ideas y los gustos cambian, pero el carácter es algo muy difícil de cambiar. No esperes que ella cambie. Debes ser extremadamente honesto.

Para mucha gente, el problema es la falta de objetivos claros en la vida. Pasamos años yendo a la universidad, aprendiendo cómo obtener un sustento decente, pero casi nunca enfrentamos el desafío de definir qué prioridades están por sobre nuestros objetivos financieros.

Seguro que tenemos una vaga idea de lo que queremos en la vida: ser buenos, formar una familia, transformar el mundo en un lugar mejor. Esos son sentimientos encantadores, pero en las palabras de Gloria Steinem: “La mejor forma de saber cuáles son nuestros valores es mirar nuestras chequeras”. Lo que más revela nuestros valores no es lo que decimos, sino cómo gastamos nuestro tiempo y dinero.

Si no definimos claramente nuestros objetivos de vida, entonces alguien más lo hará por nosotros.

Si no definimos claramente nuestros objetivos de vida, entonces alguien más lo hará por nosotros. Tendemos a adoptar los valores de la sociedad, y el valor principal de la sociedad hoy en día es la riqueza y el éxito. La revista People está llena de la vida de los ricos y famosos, no de los sabios y felices. Una vez hubo una publicidad que mostraba la puesta de sol detrás de un auto lujoso. La leyenda decía: “Estás contemplando 2.000 kilogramos de logros de vida”.

Invertimos mucho tiempo y energía para volvernos ricos y exitosos, a pesar de saber que eso no es lo más importante en la vida. Nunca escucharemos un elogio que diga: “Era muy elegante, siempre conducía el modelo del año y su casa era enorme”.

Además de esto, el éxito y la carrera como objetivos de vida no necesariamente contribuyen a un buen matrimonio. El éxito requiere mucho tiempo y energía, y eso a menudo viene a expensas de la pareja y la familia.

Antes de poder pensar sobre el matrimonio debes saber cuáles son tus objetivos en la vida: ¿Qué quiero hacer con mi vida? ¿Cuáles son las cosas que significan mucho para mí? Y ¿por qué?

Aquí hay dos ejercicios que pueden ayudar a clarificar las cosas:

a) Los objetivos en la vida son cosas que lamentarías no haber hecho si murieras mañana. El rabino Nóaj Weinberg ZT’’L dijo: “No sabes por lo que estás viviendo a menos que sepas por qué estás dispuesto a morir. Distingue las cosas esenciales que hacen que la vida esté llena de sentido constantemente. Continúa y pregúntate: "¿Por qué? ¿Por qué estoy dispuesto a morir por eso?". Sé claro. Y luego: Si estás dispuesto a morir por eso, vive por eso. ¿Qué otra cosa puede ser más importante?”.

b) Haz una lista con las tres personas que más respetas en el mundo. Identifica qué es lo que respetas de ellas. ¿Por qué valoras eso?

Las parejas pueden discutir porque se perdió la tapa de la pasta dental o por quién tiene que levantarse a atender al bebé esta vez, pero más allá de lo acalorada que sea la pelea, nunca deben destruir un matrimonio.

Conoce tus objetivos en la vida. Recién después podrás saber si la persona con la que estás saliendo está yendo en la misma dirección.

Compromiso

Cuando llega el momento de hablar de matrimonio, mucha gente se pregunta: ¿Para qué molestarse? Mejor mantendré la relación sin casarme.

Entendamos la noción judía del matrimonio.

Al describir a Adam, el primer ser humano, la Torá dice: “Hombre y mujer Los creó” (Génesis 1:27). Aprendemos de aquí que en el principio el hombre fue creado hombre y mujer como una entidad completa. Después fueron separados, y reunidos de nuevo como pareja. El matrimonio es la unificación de dos mitades para formar una entidad completa, descrita como “una sola carne”.

Esto no es sólo poesía.

¿Cuál es el compromiso que yo tengo con mi mano?

No estoy comprometido con mi mano. Yo soy mi mano. Yo sólo reconsideraría mi compromiso con mi mano si es que tuviera gangrena y la única alternativa fuera amputarla.

Pero no reconsideraría mi compromiso con mi mano si estuviera quebrada, o fea, o si conociera a alguien con una mano más agradable. Si tu mano te está matando – entonces tienes que librarte de ella. El compromiso con el matrimonio se mantiene hasta que te esté matando.

El divorcio es apropiado cuando el matrimonio se convierte en una relación abusiva y destructiva que no puede ser remediada. La amputación nunca es casual. A menudo la gente se divorcia sólo porque "ya no nos divertimos". El matrimonio se vuelve añejo y aburrido, “ya no nos reímos como antes”.

Nadie amputa su mano porque “ya no le divierte”.

Si alguien te dijera que va a amputar su mano porque “ya no le divierte” le dirías que está loco. El matrimonio es exactamente lo mismo.

Si esto suena un poco extremista, es porque tenemos una definición errada de confort y placer.

Confort no es placer; es ausencia de dolor. Descansar en la playa, una bebida fresca, adormecerse – eso es agradable y confortable.

Por otro lado, el placer requiere esfuerzo y trabajo. De hecho, todos los logros significativos y los placeres profundos requieren lucha para ser alcanzados: criar hijos, aprender un deporte o tocar un instrumento, avanzar en tu carrera. Si no duele, si no requiere un esfuerzo, no será placentero, no te importará tanto.

No te confundas: el matrimonio no es cómodo, demanda mucho trabajo y molestias. No puedes seguir evadiendo tus defectos, viviendo en el mundo de ilusiones que creaste; el matrimonio requiere que te enfrentes a ti mismo, y eso es difícil.

Casarse no reduce las demandas y las responsabilidades – las aumenta, y en grandes cantidades. Ya no puedes seguir pensando sólo en "Yo" – ahora hay otra persona que es muy diferente de ti. El matrimonio te fuerza a salir de tu egocentrismo, exige una intimidad emocional que para muchos de nosotros es algo nuevo y atemorizante.

Unir a dos personas para formar "una sola carne" necesariamente creará cierta tensión. Y llegará el momento, en el medio de una pelea, en el que querrás bajar los brazos, pensando: “esta persona está loca - ¡ya no la soporto más!”. En ese momento el futuro de tu matrimonio está sobre la balanza. Respira profundo y decide solucionar las cosas; ahí estarás encaminado hacia un matrimonio estupendo. Si tienes ganas de tomar la salida fácil – y lo haces – será sólo una cuestión de tiempo – quizás seis meses, quizás seis años – pero eventualmente las cosas se volverán muy difíciles y la relación se desmoronará.

El matrimonio requiere trabajo y compromiso para hacer que funcione. Sin este compromiso, no te cases. Es sólo una cuestión de tiempo hasta que se vuelva demasiado difícil, y en ese entonces estarás del otro lado de la puerta.

Entonces quizás preguntes (y mucha gente pregunta hoy): ¿Para qué molestarme casándome? ¿Qué hace que el esfuerzo valga la pena?

El matrimonio convierte a la persona en un ser humano completo.

El compromiso es el eje del matrimonio. Sin él, son sólo compañeros de cuarto.

Sola, una persona está destinada continuar siendo egocéntrica, sus intereses principales en la vida serán la satisfacción de su necesidad de poder, prestigio y satisfacción. El matrimonio brinda la oportunidad de sobreponerse a todo eso y convertirse, en cambio, en un dador – alguien preocupado por las necesidades de otra persona.

El matrimonio es la forma de construir una familia y un hogar, de compartir tu vida con alguien que amas, profundizar tus capacidades emocionales y abrirte a otro como nunca lo has hecho antes.

Aquellos que preguntan, “¿Acaso no puedo conseguir esto sin el matrimonio?”, en realidad están diciendo: “¿En serio tengo que comprometerme a tal punto, es decir, quedarme cuando las cosas se ponen difíciles?”.

Sin ese compromiso, son sólo compañeros de cuarto, que no es lo mismo que un matrimonio. Lo que sea que construyan juntos está sobre arenas movedizas, porque mientras haya una salida, en algún punto de la relación esa salida será utilizada.

El compromiso es el eje central del matrimonio. Por supuesto, si quieres el compromiso total de la otra persona, tienes que comprometerte en el mismo nivel.

Amor y Enamoramiento

Entonces, ¿Dónde encaja el amor en todo esto? ¿Cómo podemos hablar de matrimonio sin hablar de amor?

Cuando hablamos de amor tenemos que diferenciar entre “amor” y “enamoramiento”. Enamoramiento es: Nos conocimos en la playa, me cautivó su belleza, estar con ella durante el atardecer, con el sol brillando a través de su cabello dorado, fue tan maravilloso… sabía que duraría para siempre”.

¿Piensas que esta relación va a durar?

Debido a que nace a partir del deseo, el enamoramiento casi nunca dura. En contraste, el amor nace de la apreciación genuina de lo que la otra persona es. El enamoramiento es ciego, el amor es una lupa. Si piensas que es perfecta, entonces seguro que estás completamente enamorado. Si no aguantas la forma que tiene de decir hola, entonces la amas.

El amor surge de conocer verdaderamente a la persona y ver su belleza, fuerza de carácter y su esencia más pura. Es imposible amar a alguien a menos que lo conozcas, es lo mismo que amar un libro que no has leído – lo único que conociste fue la tapa.

Esto nos lleva a algo sorprendente: El amor verdadero viene después del matrimonio. La Torá dice que Isaac llevó a Rivka a su tienda y la amó (Génesis 24:67). El amor crece todo el tiempo a medida que crece tu apreciación por tu esposa.

“Espera a haber estado casado 25 años, luego entenderás lo que es el amor”.

Un amigo mío estaba sentado con su padre y le dijo: “Papá, después de cinco años de matrimonio, creo que finalmente entendí lo que es el amor”.

El padre le dijo: “Espera a haber estado casado 25 años, luego entenderás lo que es el amor”.

El abuelo también estaba en el cuarto y alcanzó a oír este diálogo. Les dijo: “Esperen a haber estado casados 50 años. Ahí entenderán realmente lo que es el amor”.

Concluyendo

Por supuesto, necesitas sentirte atraído. La intimidad es una base del matrimonio, es la verdadera “unión en una sola carne” descrita en Génesis. No puedes desarrollar una relación con alguien que te causa repulsión. Pero el objetivo no es ganar un concurso de belleza; lo importante es sentir una cierta atracción, que crecerá a medida que crezca tu apreciación por su belleza interior. La intimidad se convierte en una expresión de la cercanía emocional que han construido.

Por supuesto, si estás buscando seriamente un/a compañero/a de vida, es importante conocer a la persona, y permanecer lo más objetivo posible. Este no es el momento para enamorarse con locura, es tiempo de mirar honestamente la esencia de la persona. No alcanza con que sea agradable y atractiva.

Recuerda: Busca un compañero para casarte que tenga:

  • El mismo destino – objetivos de vida.

  • Compromiso.

  • Afinidad y atracción.

Define tus objetivos, y luego comprométete con el matrimonio como el vehículo que los llevará juntos a cumplir sus objetivos. Es el viaje más hermoso de la vida.