Querida Ziva:

Llevamos casi tres años de casados y fuimos bendecidos con una bella hija que acaba de cumplir un año. Sé que soy muy afortunada porque mi esposo en todos los sentidos es un hombre muy decente que comparte mis valores. Me siento culpable por no estar satisfecha con mi situación, pero la verdad es que estoy aburrida e insatisfecha.

Antes me sentía emocionada y enamorada de mi esposo. Mi corazón palpitaba más fuerte cuando él entraba a la habitación. Pero en el tedio cotidiano del matrimonio y la paternidad, no puedo acceder ni a una fracción de la pasión que solía sentir por él. Siento que nuestro romance murió. Nunca estoy de ánimo para la intimidad en el dormitorio. Incluso disfruto más el tiempo que paso con mis amigas que mi tiempo con él.

Aparentemente ambos ponemos mucha más energía en nuestras carreras que en nuestra relación. También nos volvimos muy críticos y menos tolerantes de lo que solíamos ser respecto a los hábitos molestos del otro.

Encima de todo esto, noté que el último tiempo él parece estar en constante comunicación con una de sus compañeras de trabajo. Todo el tiempo se envían mensajes de texto fuera de las horas de oficina y él dice que hablan de temas relacionados a su trabajo, pero me cuesta creer que no haya mezclada cierta atracción mutua. Esto me molesta, pero ni siquiera estoy segura si se trata de celos o sólo de orgullo y territorialidad.

¿Qué piensas, Ziva? Estar enamorada fue la experiencia más gloriosa de mi vida. No estoy dispuesta a que eso haya terminado para siempre. ¡Apenas tengo 30 años! ¿Debo separarme de mi esposo cuando todavía soy joven y bonita y cuando nuestro bebé va a estar menos traumatizado que un niño mayor? No quiero pasar el resto de mi vida en un matrimonio sin pasión. Quiero una llama que nunca se apague.

Lisa


Querida Lisa:

¡En verdad eres muy afortunada! Un hombre de quien estuviste profundamente enamorada sintió lo mismo por ti, y ahora los dos están casados y tienen una hija hermosa. Sólo eso ya es mucho más que lo que muchas mujeres tienen la suerte de experimentar en toda una vida.

Después de décadas asesorando a jóvenes sobre los problemas de sus relaciones, puedo asegurarte que también eres muy afortunada en otros aspectos. Aunque yo considero al matrimonio una unión sagrada que debe protegerse casi a toda costa, a veces hay problemas verdaderamente angustiosos que llevan a cuestionar si es mejor que una mujer se quede con su marido o que se separe de él. Oí de primera mano sobre matrimonios plagados por alcoholismo, drogas, adicción al juego, mentiras, engaños, malversaciones, adulterio, problemas de ira, incluso abuso físico o emocional. Hay maridos que se niegan a trabajar para ganarse la vida. Otros que nunca dejan de trabajar, por lo que en definitiva su mujer es como una madre soltera. Y la lista continúa…

Tu carta no alude a factores decisivos. Según tu descripción, tu esposo es un hombre muy decente que comparte tus valores. Sólo eso ya sería una razón suficiente para compartir con él tu vida, incluso sin que haya chispas y estrellitas volando por todas partes. Pero dices que las chispas estuvieron, por lo que entiendo que incluso es alguien a quien debes encontrar muy atractivo.

Entiendo la emoción de un nuevo amor y la atracción de lo novedoso. Cuando nos enamoramos de alguien por primera vez, nos parece que esa persona no puede hacer nada mal. La ola de los sentimientos románticos es intoxicante en más de un sentido. Los estudios científicos han demostrado que las sustancias químicas que segrega el cuerpo, tal como la oxitocina, la fenetilamina y la dopamina, se liberan cuando nos vemos atraídos por alguien, El efecto es similar al de la anfetamina. Nos sentimos emocionados, energizados y felices.

Pero como con cualquier droga, el efecto no dura para siempre. Para mantenerse, el amor real (y una compañía de por vida), requiere más que sólo la química física. Cualquier experto en relaciones te dirá que requiere esfuerzo, atención, inversión y trabajo.

Si dejas a tu esposo por un nuevo amor, tarde o temprano también esa emoción se desvanecerá y volverás a estar en el mismo lugar que te encuentras ahora. ¿Quieres someter a tu hija a un nuevo hombre y a un nuevo hogar cada vez que pasen un par de años? Cuando tu propia belleza decaiga, como eventualmente ocurrirá, ¿quieres tener un amor profundo que perdure a pesar de eso? Confío en que deseas estabilidad y consistencia para tu hija, así como un compromiso duradero para ti misma. Por lo tanto, la pregunta pasa a ser: ¿qué acto específico podemos hacer para mantener nuestros sentimientos de afecto y ternura a largo plazo?

En el judaísmo, creemos que la acción puede ser más importante que los sentimientos y, además, el sentimiento sigue al acto. En su libro Zajú, Rav Najum Diamant escribe sobre un hombre que no amaba a su hijo de seis años. De hecho, sentía aversión y resentimiento hacia el niño. Angustiado le pidió consejo a un rabino y este le transmitió estas sabias palabras: cuando le damos al otro, nos apegamos a él.

La cultura moderna occidental nos alienta a ver la felicidad como una experiencia pasiva en la q ue nos ocurre o recibimos algo maravilloso. Pero irónicamente, más a menudo la dinámica es la opuesta: cuando damos, creamos felicidad, tanto para los demás como para nosotros mismos.

Sugiero que apliques este consejo dentro de tu matrimonio. Cada día haz algo especial por tu esposo. Haz una lista de sus cualidades que valoras y compártela con él. Cocina una de sus cenas favoritas. Dale un masaje. Calienta su toalla en el secarropa mientras él se baña.

¡Esto funciona! Hace poco le di este mismo consejo a un hombre casado, y cuando nos volvimos a encontrar estaba feliz, sosteniendo una lista que su esposa le había dado para Rosh HaShaná. "Estoy nuevamente enamorado de ella. Me alegra mucho verla sonreír. ¡Ahora todo está mucho mejor entre nosotros!", me dijo.

Considero que tu carta llegó en un momento muy adecuado. Janucá celebra el milagro de una última llama que duró más de lo previsto. Decidamos hacer todo lo posible para encender la luz en nuestros hogares, en todos los sentidos de la frase.

Con mucho amor

Ziva