El matrimonio no es una sociedad de negocios. Ya sé, ya sé, has escuchado esta idea antes. No se aplica a ti porque tú y tu pareja son diferentes. Ustedes discuten técnicas de educación, están de acuerdo en asuntos de dinero e incluso tienen una noche de citas programada regularmente. Ustedes ciertamente no son una de esas parejas que caen en la trampa de tratar al matrimonio como una relación de negocios.

¿O sí lo son? Hay formas de hacer esto que son menos obvias y más insidiosas que la forma estándar. Me refiero a cuál es tu patrón de dar y recibir.

¿Le estás dando a tu pareja porque la amas y quieres darle placer? ¿O tienes una agenda? ¿Hay algo que quieres o que esperas en retribución? ¿Hay un quid pro quo en su relación? ¿Estás llevando la cuenta?

Si respondiste afirmativamente a la primera pregunta, entonces puedes dejar de leer ahora. Pero si tu respuesta fue "no" o "a veces" a la primera interrogante y "sí" o "a veces" a alguna de las restantes, entonces tenemos algo que discutir.

Una relación en donde damos para recibir, en donde damos con expectativas o con ataduras, puede que no siempre sea una relación de negocios, pero ha sido influenciada por la mentalidad y actitudes del mundo de negocios. Y ciertamente no es un matrimonio en su forma más ideal, es decir, no te llevará a una relación profunda y duradera.

No puedes llevar cuentas en el matrimonio.

En el matrimonio no puedes llevar cuentas. "Me desperté cinco veces anoche". "Yo fui a la tintorería tres veces el mes pasado". "Preparé la cena todas las noches la semana pasada". Este tipo de negociación es más parecido a una negociación de la bolsa de negocios que a una relación amorosa y preocupada.

Cuando el Talmud nos dice que "si tratas a tu esposo como un rey, él te tratará como una reina", no está describiendo un contrato recíproco, sino que está detallando las consecuencias naturales de comportarse de una forma generosa y respetuosa.

No sólo tenemos que darle a nuestra pareja sin expectativas o condiciones, sino que además debemos hacerlo con calidez y entusiasmo. Tenemos que hacerlo de forma exuberante y de todo corazón; tenemos que hacerlo con amor.

Hay una percepción común de que “el amor no es suficiente para ayudar a una pareja a atravesar los desafíos de la vida”. Eso claramente es cierto si estamos hablando de amor romántico, encaprichamiento, estrellas y campanas.

Pero un amor real, profundo y duradero, del tipo que está basado en compromiso y donde el amante se preocupa más por el bienestar de su pareja que por el bienestar propio, ese es amor que durará. Es mucho más difícil que una sociedad de negocios. No puedes dejar el trabajo en la oficina, es 24/7. Es entrega y preocupación constante, es intentar hacer lo que es mejor para la otra persona, es poner al otro primero.

El Talmud también nos enseña que "un hombre no muere sino para su esposa". Esa es la relación más significativa en la vida de cualquier persona. Todos los demás siguen adelante; la pérdida más profunda es la de la pareja, tu compañero/a de vida que comparte tus esperanzas y sueños, metas y aspiraciones.

Esto refleja cómo debería ser también en vida. No tenemos que esperar hasta que ocurra una tragedia, Dios no lo quiera, para reconocer esto. Queremos trabajar en nuestros matrimonios ahora y tratar a nuestra pareja con la preocupación que merece. Queremos apreciar a nuestra pareja y a la relación ahora, y no sólo después de la pérdida (acabo de llegar de un funeral de una madre de 44 años, así que esto se siente particularmente oportuno).

El Talmud nos enseña sobre la importancia del matrimonio y lo especial de la relación de pareja. Pero no dice ni una palabra sobre la muerte de un socio de negocios.