Todo el mundo tiene desacuerdos. Es imposible que dos seres humanos, sin importar cuánto cada uno quiera al otro, tengan siempre la misma posición y perspectiva sobre cada tema y situación. Tampoco quisiéramos que fuera así. Aprendemos cuando hay diferentes perspectivas del mundo, diferentes posturas e incluso diferentes clases de personalidades. El tema no es si vamos a pelear, sino más bien cómo lo haremos.

El investigador John Gottman, después de todos sus experimentos sobre el matrimonio llegó a dos descubrimientos básicos. Uno es que un matrimonio saludable necesita tener más interacciones positivas que negativas. El segundo, que nada destruye un matrimonio como tratar al otro con desprecio. Podemos pensar que estos son dos puntos obvios para cualquiera con un poco de intuición, y que no valía la pena el tiempo ni el esfuerzo de sus investigaciones. Sin embargo pienso que si examinamos nuestros comportamientos veremos que aunque puede ser obvio, no es algo que necesariamente llevamos a la práctica.

Un matrimonio saludable necesita tener más interacciones positivas que negativas. Y nada destruye un matrimonio como tratar al otro con desprecio.

Muchos mantenemos cantidades de conversaciones neutras. El estilo de interacción de: “¿Pagaste la hipoteca?” “¿Puedes llevar a los niños a la escuela el lunes?”. Podemos tener interacciones negativas: “¿Por qué nunca llegas a casa a tiempo?”, “Siempre que quiero hablar contigo estás en el teléfono”. Y sí, podemos tratar a nuestra pareja con desprecio. Quizás no intencionalmente, ¿pero acaso eso importa? “¿Cómo es posible que salieras por la puerta principal y no vieras la bolsa de basura que estaba allí?, dicho en un tono que me parece que todos podemos reconocer.

¿Cuántas interacciones positivas tenemos? A veces surgen naturalmente y otras tenemos que trabajar en ellas. Así como tenemos que buscar oportunidades para elogiar a nuestros hijos o para interactuar con ellos de una forma afectuosa en vez de buscar cómo “ayudarlos” a mejorar, lo mismo ocurre con nuestros esposos.

Estos son puntos básicos del matrimonio, intelectualmente obvios pero no sencillos de llevar a la práctica. Incluso si logramos dominarlos, seguimos precisando herramientas para manejar nuestros desacuerdos. Yo agregaría que no sólo el tono correcto y una buena estrategia para manejar estas peleas evitan la de destrucción de nuestro matrimonio, sino que de hecho logran acercarnos todavía más.

Algunos de estos puntos pueden no ser nuevos. Nuestros desafíos por lo general no se deben a que no sepamos qué hacer, sino que el problema es la implementación. Por eso un pequeño repaso nunca viene mal.

1. Puedes irte a dormir enojado. Nunca me canso de decirlo, porque siento que tengo que oponerme a la sabiduría de miles de despedidas de soltero. A la noche todo parece ser peor. Es algo intrínseco de la oscuridad. Por el contrario, todo se ve mejor a la luz del día. Vete a dormir. Incluso puede ser que haya desaparecido por completo a la mañana siguiente; y si no, por lo menos habrá disminuido.

2. No vuelques sobre tu pareja las frustraciones del día (tu jefe, los niños, sus maestras, los malos conductores). Ella no es el blanco verdadero y no merece recibir la descarga sólo porque está cerca. Eso definitivamente lleva al resentimiento.

3. No provoques una pelea porque deseas una respuesta emocional o una interacción. Si una parte de la pareja es más expresiva emocionalmente que la otra, a veces sentimos que es mejor cualquier emoción antes que ninguna. Comenzar una pelea lleva a un intercambio emocional, pero ten cuidado: no se trata de un intercambio positivo y puede tener consecuencias dañinas. ¿Necesitas ventilar tus emociones? Alquila una película sentimental. ¡Quizás incluso puedes convencerlo para que la vean juntos!

4. Asegúrate que la pelea tiene bases. ¿Realmente están en desacuerdo? Cuando nosotros (léase “yo”) nos enfadamos mucho, frecuentemente mi esposo nos detiene y pregunta: “¿Qué es lo que tú dices? ¿Qué es lo que yo digo? ¿Cuál es la diferencia? Vamos a aclararlo”. Detesto cuando lo hace, pero tiene sentido. A veces ya no estamos en desacuerdo sino que seguimos enredados en las emociones.

5. Trata a la otra persona con respeto: sin insultos, sin amenazas, sin salir de la habitación. Intenta encontrar el mérito de su posición. Si la respetas, entonces su posición debe tener algo de legitimidad (¡aunque parezca imposible llegar a verlo!).

Esto nos lleva a trabajar sobre nuestra empatía. Incluso si no estamos de acuerdo, debemos tratar de entender la posición de nuestra pareja. ¿Por qué siente de esa forma? ¿Por qué le resulta tan importante? Esta es una verdadera oportunidad para lograr mayor cercanía.

6. Si es mucho más importante para el otro que lo que es para ti, entonces cede. No te mantengas firme sólo por principio. Algún día los roles serán a la inversa y probablemente te tratará de la misma manera.

7. Elige con cuidado tus palabras porque después no puedes borrarlas. Ten mucho cuidado de hablar con cortesía y amabilidad, de la forma en que te gustaría que te hablen. Intenta no levantar la voz y nunca acudas al “divorcio” como una herramienta para manipular o lastimar. No deseas crearlo como una posibilidad real. Aquí no hay excusas para “perder el control”. Es una elección que debemos impedirnos tomar.

8. El tratamiento silencioso es autodestructivo y los aleja todavía más. No incrementes la pelea al no hablar del tema o negándote a reaccionar. Reconoce que es una estrategia muy tonta para resolver problemas y lograr crear armonía matrimonial.

9. Elige con cuidado tus batallas. Asegúrate que esa pelea/desacuerdo vale la pena. ¿Acaso la tapa del inodoro es una razón por la cual estás dispuesta a dar la vida?

10. Mantengan su discusión en privado, no en frente de los niños ni de sus amigos. Incluso la disciplina para detenerse y llevar la discusión a otro lugar ayudará a que ambos se calmen y que la conversación sea más civilizada.

11. Elijan a una tercera parte que ambos estén de acuerdo y en quien confíen (un rabino, un amigo, un terapeuta, un maestro) para que sea quien los ayude a salir de cualquier callejón sin salida. Esta es una técnica muy útil. En las raras ocasiones que con mi esposo lo hacemos, a pesar de que yo no siempre esté de acuerdo con lo que el rabino dice, lo acepto porque accedí de antemano consultarlo y respeto su sabiduría.

12. Recuerda que el objetivo es tener shalom bait, armonía en el hogar. Recuerda que es un objetivo compartido: tú lo deseas y él lo desea. No es una competencia en la que uno gana y el otro pierde. Si una persona pierde, ambos pierden. Están en eso juntos. Son aliados, no adversarios. Si es necesario, recuérdate una y otra vez este punto. Desean acercarse, no crear más distancia.

13. Reza. Pídele a Dios paciencia, las palabras correctas, entendimiento, claridad y comprensión, armonía en tu hogar. Es una meta que también Él comparte y apoya.