¿Cómo puedes hacer las paces con un mundo que desconoces? La pandemia cambió la vida. Lo que antes funcionaba y tenía valor, pertenece a la prehistoria. La vida se hizo virtual, distante y fracturada. La economía se desestabilizó.

Sobrevivir y destacar pertenece a las personas que tienen una visión innovadora e iniciativa, que no les da miedo el cambio. El presente pertenece a aquellos que se atreven a buscar oportunidades en un mundo incierto, desconocido y lastimado.

Quizás las personas que tenían títulos ejecutivos o puestos profesionales hoy ya no son indispensables. Ahora, se ocupa simplificar la rutina y olvidar la seguridad del pasado. Lo de hoy es tener agallas, creatividad y sobre todo tener la intención de adaptarse sin lucha a una nueva realidad, siguiendo las nuevas reglas de cuidado.

Entender que para recuperar la estabilidad hay que hacer las paces con el presente. Usar máscara. Aprender la nueva tecnología y disfrutar de la distancia. Utilizar todo como un recordatorio de la nueva realidad que estamos viviendo.

Se tenia la impresión de que la pandemia se podía contener con una cuarentena. Hoy se sabe que la cuarentena no es sólo un periodo limitado de tiempo donde la gente no puede salir. Vivir en casa, trabajar y estudiar vía remoto es lo actual. La cuarentena, así como las máscaras y el distanciamiento social, son requisitos necesarios para vivir.

A nadie le preguntaron si "aceptaba" las nuevas reglas de interacción. Queda claro que la vida humana no se puede reducir ni simplificar, aún con esta incertidumbre. La humanidad tuvo que aprender a vivir con menos y a valorar más.

Hacer las paces significa, poder vivir en armonía con uno mismo sin tener que esconderse detrás del ruido de las salidas, las fiestas y los compromisos. Se ha revelado un nuevo y más sólido sentido de la existencia. La vida tiene valor, dignidad, respeto y sobre todo encanto. Un gusto místico por vivir y reinventarse.

La incertidumbre, así como el aislamiento, movió el tapete. Somos bombardeados por demasiada información que emocionalmente sobresatura y confunde.

Es imperativo soltar el miedo y el sentimiento del pesimismo, por más real que se sienta. Porque es imposible tener fe y motivación para crear una conexión emocional con el nuevo mundo y poder visualizar una buena salida.

Aceptar la realidad es vivir con claridad. Tener la fortaleza para dejar a un lado las ideas que anclan la mente y estar dispuesto a entender que el mundo es de las personas que saben conciliarse con el presente.

“¿Que quiere el mundo de mí hoy?”, es la pregunta que todos debemos hacernos diariamente y entender que la respuesta cambiará cada día y con cada circunstancia.

La receta: Aceptación

Ingredientes:

 

  • Flexibilidad – adaptarse a las nuevas condiciones sin reproche
  • Perspectiva – darle la proporción debida a la magnitud del cambio
  • Fortaleza – valor para aceptar y aguantar la incertidumbre
  • Fe – confianza en que hay una salida y las cosas van a mejorar
  • Buen humor – no tomar la vida con tanta seriedad, ligereza en los pensamientos y alegría

Afirmación positiva para poder aceptar la realidad:

Le puedo encontrar un nuevo sentido a mi vida. Me adapto a los sucesos que surgen en cada momento. Entiendo que el cambio no es negociable. Puedo moldear las experiencias que debo experimentar. Edito mis pensamientos y reconozco que mi actitud determinará mis resultados. Mis logros y mi resistencia me abren un nuevo camino. Vivo el presente con conciencia y tengo esperanza que puedo con la nueva realidad.

Lecciones de la aceptación:

  1. La aceptación es una maestra silenciosa. La realidad no se impone ni exige. Cuando se deja de luchar en contra de lo que a uno no le parece, se encuentra un nuevo propósito para vivir.
  2. Aceptar la vida simplifica la realidad y promueve el cambio. Reconocer lo que es, liberar las expectativas y evitar desilusiones. Entender la nueva realidad te ayuda a adaptarte para sobrevivir y prosperar.
  3. La aceptación ofrece un nuevo sentido a la vida. Uno aprende a valorar la vida cuando cambia y reconoce que lo que fue ya no opera, cuando sufre y cuando aprende a amar lo que tiene.

“Aceptar el cambio, la incertidumbre y el miedo, me levanta el ánimo y me fortalece”.