"Perdón", "lo siento", "mil disculpas", "no fue mi intensión", etc… son palabras utilizadas comúnmente cuando alguien hace o dice algo que sin o con querer lastima. En ocasiones las disculpas funcionan, pero en general no son tan efectivas. Sobre todo cuando se ha lastimado profundamente, no es suficiente con decir que uno lamenta lo que hizo, dijo o causó.

De hecho, pedir perdón puede ser la parte más fácil dentro del proceso de reparar la relación, porque a pesar de la incomodidad y de tener que despojarse del ego, cuando uno pide una disculpa, de alguna forma se libera de la carga por la culpa que siente. Lo más difícil es aceptar que la otra persona no siempre está dispuesta a recibir la disculpa o no tiene interés en recuperar la relación.

Cuando hay malentendidos o discusiones y peleas, todos pierden. Las relaciones se deterioran, y por algún motivo la culpa, la vergüenza y la incomodidad crecen a medida que pasa el tiempo. Por lo que la relación que se dañó, se fractura y se deteriora aún más.

Quizás uno de los aspectos más significativos cuando uno quiere reparar la relación que se dañó, tiene que ver con el sentir sinceramente el dolor causado. Hay que entender el problema y las acciones desde el punto de vista de la OTRA persona.

Se necesita mucho valor para aceptar que uno se ha equivocado o ha dicho más de la cuenta. Ser humilde y entender que a pesar de que uno ya se arrepintió de lo que hizo o dijo, lo más probable es que la persona que se sintió atacada, defraudada y/o traicionada, no esté en el mismo lugar. Ella puede seguir aferrada al dolor que sintió; por lo tanto, una palabra y unas flores con una disculpa, posiblemente, no sean suficientes para poder reparar el daño causado.

Cuando uno busca reparar una relación, no tiene que buscar justicia, ni tiene que tratar de explicar quien tuvo la razón y quién se equivocó. No se trata de justificar, ni de señalar. Lo único que importa es enfocarse en recuperar la relación. Hay que reconocer que uno queriendo, o sin querer, dañó y también se deterioró la relación.

Cada persona es un mundo y percibe la vida con una visión propia. A pesar de que uno crea que actuó de forma correcta, uno debe tener la madurez para reconocer que la otra persona tiene su versión y su visión de las cosas. Cada percepción es valiosa y tiene que ser respetada.

El aprender a pedir perdón es una acción que mejora la calidad de vida de la persona que se disculpa. Al ser compasivo con los demás, uno se hace más compasivo consigo mismo. Así, además de reparar la relación dañada, sana el sentir del otro y mejora su propia autoestima.

Pedir una disculpa y reparar el daño causado es sanarse, primero a sí mismo, después a la relación y finalmente ayuda a crear armonía y paz en el mundo.

La Receta: Reparando relaciones dañadas

  • Reconocimiento – sensibilidad y aceptación para poder ver el dolor que ha causado
  • Valor – humildad para entender el dolor causado y fortaleza para enfrentarlo
  • Arrepentimiento – reconocer que hay que reparar y hacer todo lo posible por lograrlo
  • Determinación – no darse por vencido hasta reparar la relación
  • Apresuramiento – disculparse y no dejar que pase mucho tiempo

Afirmación positiva para reparar relaciones lastimadas:

Reconozco que me he equivocado y lastimé a una persona querida. Estoy dispuesto/a hacer lo que sea necesario para recobrar su cariño y respeto. Siento en mí el dolor que causé. De corazón lo lamento. Tengo la fortaleza y paciencia para esperar el tiempo que la otra persona requiera para perdonarme. Tengo confianza en que puedo reparar el daño que causé. No soy una persona mala ni buscó lastimar a nadie, simplemente me equivoqué y puedo remediar el daño que causé.

Cómo reparar las relaciones dañadas:

  1. Pedir perdón no es un símbolo de debilidad. La persona que pide perdón reconoce el dolor que causó y está dispuesta a repararlo con conciencia, responsabilidad, humildad, fortaleza y un gran sentido de humanidad.
  2. Pedir perdón invita a que uno sea tratado con más respeto. Cuando uno pide perdón, demuestra que es capaz de aceptar sus errores y que hace lo que se necesita para repararlos, por lo tanto, se convierte en un ejemplo y en alguien digno de ser respetado.
  3. Pedir perdón trae armonía y bienestar a la persona y al mundo. Cuando uno deja de cargar culpas y malestares, suelta pesos que sólo envenenan el alma y evitan que la vida fluya con espontaneidad.

"Valiente es la persona que aprende a escuchar y validar el dolor que causó, y hace todo lo necesario para reparar aquello que lastimó".


Extraído de recetasparalavida.com