Uno piensa que discutir es defender su punto de vista, pero no se trata de tener la razón, sino de entender cómo se siente el otro con la discusión.

A pesar de que muchas personas piensan que tener una conversación/discusión efectiva implica que la persona sea articulada, con ideas claras y argumentos inteligentes, en realidad lo que se necesita para que la comunicación fluya y las personas puedan llegar a un entendimiento, tiene que ver con el interés personal para escuchar lo que se dice y validar los sentimientos que la discusión provoca.

Hay que escuchar sin juzgar ni defenderse, o tratar de probar quien tiene la razón y quien tuvo la culpa. No se trata de los hechos, sino de los sentimientos. Aprender a escuchar es un arte y una habilidad que se desarrolla y perfecciona con práctica.

Una buena plática y una discusión constructiva es aquella que crea lazos de conexión, empatía y comprensión. Aquí, no se tienen que solucionar los problemas, sólo se les da la oportunidad para poderlos expresar abiertamente.

Un diálogo constructivo y pacífico permite que las personas fluyan y se encuentren en el medio —donde se puede escuchar el otro punto de vista— y así logren crear compromisos y se diluyan conflictos.

Las discusiones eternas sin soluciones se crean porque las personas se sienten atacadas, criticadas e incomprendidas, o porque las personas consideran que han expuesto sus debilidades y son vulnerables. Por consiguiente, reaccionan ante las palabras en lugar de conectarse con las emociones que se están desencadenando.

Para que la discusión fluya es recomendable transformar las críticas en deseos, aludiendo a lo que uno quisiera que el otro hiciera sin exigencias o imposiciones. Las críticas siempre son en un tono negativo y esto hace que las personas se sientan atacadas y por lo tanto se quieran defender.

Probablemente el punto más importante para dejar de discutir y hablar con fluidez es que hay que reconocer que cada persona tiene su punto de vista, sus sentimientos y su explicación. Para poder llegar a un acuerdo, uno tiene que aprender a escuchar y a valorar a la otra persona con el fin de continuar con una conversación ágil.

A pesar de que uno no tiene que aceptar lo que la otra persona expone, es vital que se puedan respetar los distintos puntos de vista, cada uno tiene algo valioso.

Uno de los errores más serios cuando se discute podría ser el quedarse callado. No responder también es hablar, sólo que crea mayor ansiedad, frustración y malentendidos. Si no se sabe qué decir, hay que pedir ayuda en la misma plática.

Aprender a describir y a expresar los sentimientos propios es la llave para transformar las discusiones en pláticas sensibles y promover la confianza y la intimidad.

Escuchar y comprender con atención previene y soluciona muchas discusiones.

La receta: Aprender a escuchar

Ingredientes:

  • Atención – intención genuina de escuchar lo que se dice sin criticar o reprochar
  • Apertura – exponer los sentimientos propios con libertad y tranquilidad
  • Compasión y empatía – ver y sentir el punto de vista ajeno con deseo de entenderlo
  • Curiosidad – buscar nuevas posibilidades para entender otras percepciones
  • Claridad – expresar los sentimientos en palabras concretas, ser honesto y objetivo

Afirmación positiva para escuchar con atención:

Reconozco el valor de escuchar y entender el punto de vista de los demás. Puedo validarlo y aceptar que no estoy de acuerdo sin crear conflictos. Tengo la intención genuina de comunicarse sin discutir o criticar. Puedo exponer mis sentimientos sin miedo a que me lastimen. Soy valiente y tengo compasión. Trato a los otros como me gustaría que me traten a mí. Resuelvo mis diferencias de opinión con cortesía y tranquilidad para poder vivir en paz y armonía conmigo y con todos.

Para resolver las discusiones:

  1. El éxito en una discusión consiste en ayudarse mutuamente a descubrir los sentimientos que se han afectado en la relación. Neutralizar los sentimientos y exponerlos en una forma positiva disminuye los ataques y aligera las discusiones. Nadie reacciona positivamente con agresiones.
  2. Atención y prudencia son ingredientes necesarios para resolver las discusiones. Es importante resolver los conflictos antes de que estos deterioren tanto la relación que sea imposible dialogar sin atacarse mutuamente.
  3. La persona que escucha sabe que no hay razón para defenderse ya que lo que busca es entender el punto de vista de los demás. Es importante resistir el impulso de tener que defenderse o atacar a la otra persona para recibir la misma cortesía cuando sea su turno para hablar

"Para resolver las discusiones hay que aprender a escuchar con empatía en lugar de tratar de resolver los problemas que quizá no tienen solución".


Extraído de recetasparalavida.com