Es difícil resolver un problema cuando se discute más de lo mismo cada vez que resurge la misma cuestión. Hay que aceptar que hay personas o situaciones que no pueden cambiar fácilmente, entonces, ¿por qué seguir discutiendo una y otra vez sobre algo que aparentemente no tiene solución?

Existen problemas que simplemente no se solucionan porque ya sucedieron o porque son cuestiones fuera de nuestro control personal, por lo tanto, hay que aprender a vivir con ellos. No se trata de resignarse, convertirse en una víctima y sufrir cada vez que algún incidente o discusión detone y traiga el problema a colación. Más bien se trata de aprender cómo hablar del tema sin que eso se transforme en un motivo para iniciar otra discusión sin salida.

Evitar hablar del tema no es una solución. Negar lo que sucede tampoco es una buena salida. Justificarse cada vez o traer nuevos argumentos para apelar a un problema sin solución sólo desgasta la relación. Confrontar algo por la milésima vez, sólo empeora, incrementa la frustración y la intensidad de este.

¿Entonces qué se puede hacer? ¿Cómo se puede solucionar un problema agobiante que no deja de crecer y se complica cada día más? Lo más recomendable es: Dejar de TRATAR. No hay que solucionar el problema, sino buscar una forma efectiva para aprender a hablar del tema, reconociendo sus limitaciones.

Lo recomendable sería aprender a reconocer los sentimientos que están en juego. Es decir, entender los sentimientos que el problema provoca. En realidad, estos son los que se deben tratar de entender, porque de alguna manera el problema en cuestión ya no es el problema principal.

Para que la persona lastimada o enojada pueda superar la forma como se siente cuando resurge el problema, es necesario escuchar sin juzgar y tener una curiosidad legítima para entender qué es lo que se está sintiendo y para después poder validar y sanar.

¿Cuando surge el problema la persona se siente ofendida? ¿Maltratada? ¿Ignorada? ¿Sola? ¿Frustrada? Esos son los sentimientos que han sido dañados y, por lo tanto, son los que hay que atender para poder superar el conflicto.

Hay tres condiciones importantes para poder hablar sin ofuscarse cuando se trata de platicar de problemas que no tienen solución:

1. Hay que reconocer abiertamente que el problema existe y aceptar que no se va a solucionar en el futuro cercano. (un poco de humor no lastima)

2. Aprender a calmarse y respetar los procesos personales internos.

3. Ser capaz de escuchar sin reaccionar para poder entender y validar los sentimientos que han sido lastimados. Hay que ser suficientemente neutral para no convertirse en juez o parte del problema.

Quizá el conflicto sea una oportunidad para crecer y aprender a ver el mundo con otros ojos, o simplemente sea un reto que se tenga que superar para vivir en paz.

La receta: Aceptar lo que no tiene solución

Ingredientes

  • Conciencia – aceptar y dejar de insistir en problemas que no tienen solución
  • Fortaleza – escuchar sin reaccionar, ni juzgar y poder calmar los propios sentimientos
  • Perspectiva – ubicarse en el presente, ajustar el impacto a la realidad
  • Tiempo – tener paciencia, dar espacio a que las cosas fluyan y se acomoden sin forzarlas
  • Empatía – Validar y entender el impacto de los sentimientos que fueron lastimados.

Afirmación personal para vivir en paz con lo que no se puede solucionar:

Reconozco que hay problemas que no tienen solución. Los acepto y los incluyo en mi vida sin que me causen tensión. Entiendo que más que el problema y los hechos que suceden me tengo que enfocar en lo que siento y en lo que el problema me provoca. Puedo escuchar sin provocar ni juzgar. Respeto el sentir de los demás. Valido los sentimientos y los dejo fluir.

Cómo vivir con lo que no se puede cambiar:

  1. Si se reconoce que hay cosas que quizás no tengan solución, se puede cambiar la actitud que se toma ante el conflicto. Cuando el problema no se puede solucionar es importante aceptarlo y cambiar la forma como se trata el problema, esto es, enfocarse en los sentimientos que provoca y no atorarse en los hechos que lastiman.
  2. Los problemas son enseñanzas que fortalecen el carácter y la misión de vida. Cuando se reconoce que la vida tiene muchas formas de enseñar sus lecciones uno cambia su actitud y agradece el aprendizaje y el desarrollo personal.
  3. Validar los sentimientos es una forma de superar el daño que los conflictos ocasionan. Validar a los demás no requiere que uno deje de lado sus sentimientos o su punto de vista, solamente ayuda a comprender cómo se siente la otra persona para poder iniciar un diálogo sin agredir u ofender.

"Validar los sentimientos de los demás es la llave que abre la comprensión para superar el dolor que provoca la tensión".


Extraído de recetasparalavida.com