Las crisis y dificultades invitan a que las personas busquen una nueva realidad, no por gusto, sino por necesidad de tener que sobrevivir.

Ninguna persona busca problemas y tampoco disfruta vivir con complicaciones, sin embargo, nadie está exento de tener que enfrentar adversidades. Cuando la infelicidad toca a tu puerta, esta te empuja a ser más fuerte y creativo de lo que creías ser.

Lo que uno pensaba que no podría resistir, al final, sólo termina cambiando la visión que se tenía. Concilia una nueva realidad y da lugar a que la persona cambie y se adapte a una nueva forma de ser y de vivir. Esta nueva perspectiva, ayuda a encontrar distintas oportunidades; algunas que jamás se hubiese creído serían accesibles y posibles.

Cuando se puede reconocer que los problemas son "pruebas de vida", entonces se puede tener una percepción menos caótica y destructiva de lo que sucede. Así, en lugar de vivenciar las pérdidas emocionales y complicaciones, fracasos, culpas, vergüenzas, etc., como una pesadilla tormentosa, se puede aprender a apreciar que éstas son la forma que tiene la vida para fortalecer el carácter, para que aprendamos una lección fuerte y finalmente seamos mejores.

Una de las pruebas más difíciles es la de ser capaces de encontrar la fe y creer que uno va a estar mejor a pesar de sentir que el mundo se viene abajo. Sentir la soledad y la impotencia de no poder salir adelante porque el dolor se ha apoderado del alma e impide ver mas allá de la pena y la pérdida.

Escuchar la historia de un divorcio, una ruptura, una pérdida o la muerte de un ser querido, se asocia como un relato trágico que marca "el fin".

Y en cierto sentido claro que lo es. El corazón se acongoja y la pérdida es real. Sin embargo, también esta misma situación se convierte en el principio de un resurgimiento, de un redescubrimiento y un reencuentro con uno mismo y con una nueva realidad.

En esos momentos de duelo, pérdida y de inseguridad, es importante recordar que uno nunca está del todo solo. Es el tiempo de aferrarse al amor propio, a la confianza y sobretodo, redescubrir la fe que quizá no se tenía tan presente. Hay que recuperar la esperanza que ofrece consuelo y la fortaleza que ayuda a salir adelante.

Todo pasa, se reacomoda y encuentra un nuevo camino.

La persona que sufre una separación, una ruptura o la pérdida de su pareja, termina superando su dolor. En la mayoría de los casos crece, madura y sin buscar el cambio activamente, de todos modos cambia.

En ocasiones, hasta se llega a agradecer las amargas lecciones recibidas, a cambio de aceptar la mejor vida que pudo reconstruir y su nueva forma de percibir la vida.

La receta: Recuperar la fe

Ingredientes:

  • Aceptación – no luchar en contra de la realidad, reconocer y validar los sentimientos propios.
  • Valentía – fortaleza para confrontar el dolor y encontrar fuerzas para superarlo.
  • Confianza – seguridad de que todo se va a resolver, actitud positiva.
  • Paciencia – dejar que las cosas pasen y que el alma sane, no apresurar el proceso.
  • Buen humor – encontrar razones para reír aún en momentos de crisis y de dolor.

Afirmación positiva para recuperar la fe:

Tengo confianza que mi dolor no es eterno. Reconozco que he tenido tiempos buenos y que voy a tener mejores momentos. El dolor y la soledad que siento no son eternos. Agradezco las cosas buenas que he disfrutado y tengo fe de que pronto encontraré nuevas y mejores razones para ser feliz. Tengo fe. Sé que voy a salir adelante.

Cómo recuperar la fe que el dolor ocultó:

  1. Los dolores se pueden superar y sanar cuando uno aprende a cuidarse y a quererse. Recuperar el amor propio y la dignidad después del desgaste emocional que deja la pérdida es una obligación para poder vivir bien. Validarse personalmente protege del sentimiento de soledad.
  2. La adversidad es una buena maestra, que da lecciones difíciles de olvidar. Confrontar los problemas motiva a encontrar la fortaleza necesaria para recuperar lo mejor de uno, con el fin de poder superar las pruebas que la vida expone.
  3. La actitud que se tome ante el dolor, determina la manera en que se superan los problemas y la calidad de vida que se puede llegar a tener. Cuando se puede encontrar buenos motivos para agradecer, lo que se fue y lo que uno es, las experiencias difíciles no pueden amargar el alma porque la gratitud compensa al dolor.

"Encontrar la fe alivia cuando hay mucho dolor, consuela al alma e invita a sentirse mejor".


Extraído de recetasparalavida.com