Mirarse frente al espejo y ver una imagen que uno no quisiera ver, es quizá una de las confrontaciones más duras que puede haber. Reconocer que uno es el resultado de lo que hizo o dejo de hacer, siempre es un trago difícil de digerir.

Si bien, algunas personas están satisfechas con su vida, se alegran al ver su reflejo frente al espejo, sintiendo alegría y orgullo por ver la persona que encuentran enfrente. Hay muchas otras, que se miran y sienten remordimiento, enojo y hasta resentimiento porque no son lo que les hubiese gustado ser.

No es culpa de nadie ser lo que eres. Tampoco es justo escudarse en la victimización por no ser lo que uno no pudo ser, no trató, o quizás simplemente se conformó o no intento suficiente. Es injusto culpar a los demás y no tomar conciencia, ni tomar responsabilidad sobre las acciones propias.

La vida es lo que es, no se elige. Sin embargo cabe aclarar que esta realidad es sólo para tomar conciencia de la esencia de la vida, mas no por eso invita a que se perpetúe. Es decir, no se trata de conformarse con lo que se tiene, sino más bien de aceptar lo que hay, para partir de allí y buscar lo que se desea. Siempre para mejorar, nunca para limitarse.

No ser lo que uno quisiera ser, no tiene nada de malo siempre y cuando uno esté dispuesto a luchar por lo que desea. Aceptar, no quiere decir que uno se conforma o que se somete. Conformarse sin buscar nuevas y mejores opciones es hundirse, es perder los sueños, es vivir como víctima culpando a todos por no poder superarse.

Echarles la culpa a los demás por no haber tenido el valor, ni la fortaleza de ser y de brillar es la condena mayor, donde el prisionero es uno mismo y el carcelero que tiene la llave para la libertad también es uno mismo.

Imponer la culpa a los demás por lo que uno no pudo ser, es evadir la responsabilidad por las acciones personales. ¿No te gusta cómo te ves? Baja de peso, arréglate más… Cambia tu forma de vestir o tu peinado. ¿No te gusta la relación que tienes? Toma la iniciativa y habla lo que te molesta, cambia tu manera de actuar, no te conformes, ni te quedes callado para después sufrir. ¿No te gusta tu trabajo? Prepárate para encontrar mejores oportunidades y además, encuentra el gusto por lo que haces.

El cambio y lo que hace que la vida sea mejor de lo que quieres, proviene de tu interior. De tu actitud y de las ganas que tengas para superarte.

Si bien hay personas que tienen más de lo que uno quisiera, también hay personas, que no tienen ni un poco de lo que a uno le sobra.

Lo importante no es ver qué tienen los demás, ni qué te falta a ti. Lo esencial es el compromiso personal que se tiene para mejorar y aprender más de ti y así poder crecer.

La receta: No busques culpables

Ingredientes:

  • Aceptación – reconocer el problema o la cuestión que molesta
  • Responsabilidad – obligación de cambiar lo que causa incomodidad
  • Compromiso – determinación y acciones diarias para mejorar
  • Compasión personal – permiso para equivocarse y ánimo para volver a empezar
  • Actitud Positiva – disposición efectiva, objetiva y gozosa para enfrentar la vida

 

Afirmación Positiva para dejar de culpar a los demás:

Yo soy la única persona responsable por lo que pienso, digo y hago. Sólo yo puedo cambiar lo que me molesta o no me gusta de mí. La luz a mi vida llega cuando me deshago de la culpa, la envidia y los malos pensamientos que tengo acerca de mí. Valido lo bueno, lo positivo y tengo confianza en que yo puedo cambiar cuando realmente lo desee. Mis pensamientos positivos me nutren, me inspiran y me ayudan a ser mejor.

 

Cómo dejar de culpar a otros

  1. Culpar a otros no soluciona tus problemas. Sólo uno tiene el poder de solucionar sus propios problemas. No hay nadie que pueda remediar las complicaciones que tú creaste. Nadie puede ayudarte si tú no lo permites.
  2. El poder y la libertad mental reside en la capacidad personal que se tiene para poder abrazar con compasión las decisiones que se tomaron. Liberarse de la prisión mental requiere el valor de reconocer, aceptar con responsabilidad y soltar lo que ata y encarcela.
  3. Los sentimientos son temporales, éstos cambian, se superan y se transforman. Cuando uno sufre siente que no hay fin y que ese sentir es terrible. Afortunadamente, todo pasa. Hay que tener fe y aguante para no dejarse caer o morir por el dolor.

“La culpa se carga por gusto, nunca por obligación”.


Extraído de recetasparalavida.com