Cuando no quieres ver la realidad por más clara que esta sea, entonces, no la vas a ver nunca. Cuando no quieres oír lo que la gente te está diciendo, no hay manera que entiendas las palabras que escuchas. Es difícil enfrentar la vida cuando ésta no es como uno quiere. Sobre todo si lo que sucede es doloroso, incómodo o complicado.

Es más fácil acomodar las cosas, justificar los eventos y vivir con suposiciones irreales que enfrentar una verdad cruda y sin justificaciones. Muchas veces lo que uno quiere que sea, no es necesariamente mejor que la realidad, sólo es una visión que da seguridad y control.

Puede ser que cuando uno adapta su realidad, las cosas no duelen tanto y la vida puede parecer un poco más fácil para poderse digerir, aunque se sea una apariencia.

Cuando uno no acepta la realidad, entonces, se pelea con ella y con todos los que le rodean. Esta pelea además de ser inútil se convierte en un gasto de energía que, alimenta el enojo, la frustración y confunde a la persona, porque llega un punto en donde ya no se puede distinguir entre la realidad y lo que se quiere percibir.

No se trata de juzgar o criticar a las personas que no pueden vivir con su realidad, sólo es importante entender la forma cómo actúan, para no engancharse con ellas y poder tener mejor posibilidad para relacionarse. Porque a pesar de la claridad de la realidad, hay gente que no puede ver, ni admite lo que sucede.

Aceptar la realidad es vivir con claridad. Esto, no quiere decir que a uno le tiene que gustar lo que ve, o lo que escucha. Lo único que quiere decir es que reconoces lo que es, a pesar de la incomodidad. Así, ya no hay razón para pelar con lo que no es. La aceptación implica tener la fortaleza para dejar a un lado las creencias personales.

Para poder aceptar la realidad uno tiene que estar dispuesto a dejar la conveniencia, las expectativas, las ilusiones y las necedades propias. Uno debe tener el valor para entender que, aunque uno quisiera que las cosas o las personas actúen de alguna u otra forma, las cosas son como son.

No se puede controlar ni exigir que las cosas se adapten a la visión y a las necesidades personales. Pero, el no poder controlar las situaciones, ni la forma de pensar o de actuar de las otras personas, no quiere decir que uno se tiene que exponer y dejar que lo lastimen.

De hecho, cada persona tiene la responsabilidad de cuidarse y reconocer sus propios límites para que no reaccione, ni se exponga o sufra.

Aceptar la realidad, libera y da apertura para poder ser y dejar ser a los demás sin dar, ni pedir explicaciones.

La receta: Aceptación

Ingredientes

  • Respeto – darle a cada quien su lugar, entendiendo que todos tienen derecho de ser
  • Perspectiva – ubicar las situaciones y las relaciones en la proporción debida
  • Fortaleza – valor para aceptar y dejar fluir
  • Humildad – reconocer que uno es parte de un todo más grande que no se controla
  • Buen humor – no tomar la vida tan seria, ligereza en los pensamientos y alegría

Afirmación positiva para poder aceptar la realidad

Puedo aceptar a las personas como son, sin sentir la necesidad de cambiarlas. Cuando dejo que otros sean, yo me libero y me permito vivir en armonía con el universo. La vida es lo que es. Puedo encontrar las cosas buenas aún en los momentos que no estoy de acuerdo con lo que veo y escucho. Busco lo positivo. No pretendo controlar a nadie. Soy feliz por lo que yo soy, lo que hago y lo que digo.

Lecciones de la aceptación

  1. La aceptación es una maestra silenciosa. La realidad no se impone, ni exige. Está allí, a pesar de que a uno no le guste o le estorbe. Cuando se deja de luchar en contra de lo que a uno no le parece, se aprende a valorar lo que hay, sin sufrir.
  2. Aceptar la vida simplifica la realidad y promueve el cambio. Cuando se acepta la vida tal cual es, se obtiene valor para enfrentar los miedos y desilusiones propias, liberándose de la angustia que crea la frustración por querer tener lo que no se tiene.
  3. La aceptación mejora la calidad de la vida y conduce a tomar decisiones efectivas. Cuando se eliminan las falsas expectativas y la necesidad de controlar a la gente y las situaciones, se desvanece el enojo, y se aprende a vivir en paz. Por lo que la persona se vuelve asertiva, creativa y eficiente.

"Cuando se acepta la realidad la vida fluye, se suelta el apego y llega la paz y la armonía emocional".


Extraído de recetasparalavida.com