Es casi imposible poder justificar acciones agresivas y destructivas para canalizar el enojo y la frustración que producen las injusticias o situaciones intolerables. De hecho, tales acciones en realidad son sólo un impulso para saciar la amargura y las intenciones personales negadas. No resuelven o mejoran dicha situación.

Siempre puede haber una mejor manera para expresar la molestia que causa el maltrato y la vergüenza por culpa de la humillación o el repruebo.

¿Quién tuvo la culpa? ¿Quién se equívoco? La primera reacción, que la mayoría de las personas tienen cuando se sienten atacados o ven un error/falta, es: buscar un culpable. Encontrar y señalar rápidamente al malhechor es fácil, cómodo y además exime de la responsabilidad propia.

Desquitarse no sólo remueve la culpa y la incomodidad personal, también justifica y limpia la conciencia, evadiendo el compromiso propio ante cualquier situación. Así, la persona que encuentra al culpable, traspasa su enojo y frustración al sospechoso o malandrín...  Ahora, el enfoque ya no se centra en la acción o el problema, sino que se dirige hacia la persona que se puede utilizar como blanco de ataque.

Cuando uno culpa, ya no tiene que tomarse el tiempo para ver la raíz del problema, ni siquiera tiene que ver cómo solucionar efectivamente la cuestión. Puede cómodamente optar por convertirse en una víctima y sufrir o transformarse en un agresor para desquitar su impotencia.

Maltratar, humillar, robar, quemar y destruir establecimientos de personas inocentes sólo porque uno siente el deber de expresar abiertamente su inconformidad, no soluciona nada. Empeora la situación, creando mayores problemas de los que existían inicialmente.

Culpar es vivir en el pasado y angustiarse por lo que no se puede controlar suponiendo que vendrá un futuro peor. Razones que impiden reconocer y aceptar la realidad del presente. Evitando tomar responsabilidad y acciones constructivas para que puedan fluir mejores oportunidades.

Cuando uno intenta justificar y desaprobar o temer y exagerar lo que no conoce, envenena su realidad, enferma su alma, llenándola de miedo, angustia y dolor. Sin querer, deteriora sus relaciones personales y encuentra refugio en personas que tienen el mismo deseo de vengarse y de hacer el mal.

La situación actual no ayuda, la crisis mundial está afectando el estado de ánimo de la humanidad, los tiempos están difíciles. Las personas se equivocan y hacen tonterías. PERO, de nada sirve echarle más leña al fuego.

Nos tocó vivir con una adversidad desafiante a la que nadie estaba preparado. Pero es la nueva realidad. Aceptarla con sensatez y responsabilidad es la receta para salir adelante sin sufrir más daños colaterales de los que hay.

La vida es un viaje que se tiene que aprender a disfrutar con lo bueno, lo malo, lo complicado y lo incierto.

La receta: Vivir con responsabilidad

Ingredientes:

  • Conciencia – estar consciente de la realidad
  • Compasión – entender a los demás sin juzgarlos con severidad
  • Compromiso – obligación personal de ser parte de la solución y no crear más problemas
  • Integridad – no mezclar, ni aprovechar la situación para sacar ventaja o desquitarse de otros
  • Objetividad – tener perspectiva, claridad y equilibrio

Afirmación positiva para ser responsable.

Yo soy responsable por mi bienestar y el cuidado de mi persona. Reconozco que hay situaciones adversas que no puedo controlar. No me sirve de nada encontrar culpables o negar mi posibilidad para intervenir y no agravar el problema. El ser responsable me libera de la culpa y me motiva a salir adelante y me da un mejor sentido de vida.

Aprendiendo de la responsabilidad:

  1. Sentir molestia y frustración no es razón para desquitarse con personas inocentes. Hay que aprender a encontrar la forma de respetar y validar los sentimientos propios sin tener que aventarlos para desahogarse.
  2. Cada persona tiene el poder de contribuir o afectar a las situaciones que suceden. Hay que tomar decisiones que fortalezcan y favorezcan al bienestar y el equilibrio. La decisión es personal y los resultados afectan a muchos.
  3. La energía es una fuerza que se contagia fácilmente. Hay que cuidar las acciones insignificantes, ya que estas se multiplican y crecen rápido. Si uno es positivo, ayuda, calma y mejora el medio ambiente que le rodea; si es negativo, genera lo contrario.

“Culpar y buscar venganza nunca soluciona problemas, al contrario, los agranda y los empeora”.