A pesar de que pareciera obvio que cada uno conoce sus sentimientos, es común toparse con otra realidad. Personas aseguran que están deprimidas, cuando en realidad están frustradas. Algunos insisten que tienen miedo o angustia, cuando en realidad están enojados. Otros dicen que necesitan el control, cuando en realidad están celosos. Y otros juran que son amables, pero no se dan cuenta lo groseros que son.

Ser sincero, empezando con uno mismo, es una condición esencial para vivir en armonía y tener una buena calidad de vida. Sin embargo, esta sinceridad se complica porque de alguna manera el entender, reconocer y validar los sentimientos propios, se ha convertido un gran dilema.

Por un lado uno quiere ser querido y aceptado sin ocasionar controversia. Por el otro lado, nadie quiere discutir o lastimar a las personas que quiere. Entonces entre lo que se prefiere esconder, lo que se hace para agradar y lo que se evita decir, uno ya no sabe qué es lo que está sintiendo de verdad.

Es fácil negar, evadir o esconder los sentimientos personales, porque vivimos en una sociedad que todo lo juzga y lo critica. De hecho, se ha llegado al punto donde es mejor prescribir cualquier tipo de medicamentos para adormecer la incomodidad del corazón, creando adicciones difíciles de combatir, con tal de no confrontar la realidad, o trabajar de frente con las cosas que se tiene que expresar.

Parece que se ha perdido la claridad y la sinceridad de la expresión personal.

Los sentimientos que no se reconocen y no se canalizan por alguna avenida sana, se atoran. Las acciones que en un principio causaron tristeza, con el paso del tiempo, se fueron transformando en dolor, y poco a poco, llenaron el corazón con angustia, para después crecer el enojo y explotar con la gente equivocada, en los lugares menos adecuados.

¿Qué pasa cuando por fin uno toma el valor de hablar y decir lo que está sintiendo? ¿Cómo se siente la persona que se abre y confiesa lo que tanto le duele?

En principio, recibe críticas severas, escucha consejos que nunca pidió, le exigen que piense como alguien que no es. Se pierde el respeto y la compasión. Por lo que se considera que es incomprendido, que se ha expuesto y queda vulnerable, sintiendo culpa o vergüenza por lo que siente.

Los sentimientos son información valiosa y necesaria para que la persona se ubique, se respete y pueda actuar con prudencia e inteligencia.

Aprender a reconocer lo que uno siente y piensa, sin miedo, ayuda a que la persona pueda enfrentar su vida con dignidad, teniendo el valor para aceptarse tal cual es. Sobre todo, ser sincero con los sentimientos propios, permite expresarse libremente sin tener que engancharse en conversaciones superfluas o crueles.

Los sentimientos no son necesariamente buenos o malos, sólo son sentimientos que existen y se deben reconocer.

La receta: Reconociendo mis sentimientos

Ingredientes:

  • Conciencia – reconocer los sentimientos personales
  • Fortaleza – valor para aceptar lo que se siente
  • Respeto personal – consideración con dignidad de lo que cada quien es
  • Amor propio – cariño, cuidado personal
  • Tolerancia – paciencia y calma, comprensión y aceptación incondicional de sí mismo

Afirmación positiva para reconocer mis sentimientos.

Reconozco que mis sentimientos pueden cambiar. Yo tengo el poder de aceptarlos, rechazarlos o dejarlos fluir. Cuando estoy consciente de lo que siento, mi alma se tranquiliza y puedo tomar decisiones acertadas. Los sentimientos bien dirigidos me ayudan a crear un destino más noble y me permiten disfrutar mejor todo lo que me rodea.

Como reconocer mis sentimientos:

  1. Escuchar la voz interna, sin reaccionar, alinea los sentimientos con los pensamientos. Cuando puedes relacionarte con el mundo sin criticar, juzgar o sentir preocupación por el qué dirán, fortaleces tus creencias y encuentras armonía en el universo.
  2. Reconocer los sentimientos te libera. Aceptar lo que sientes te ayuda a clarificar tus miedos y te motiva a luchar por tus convicciones sin depender de la aprobación de los demás.
  3. Los sentimientos son propios, valiosos y no se pueden transferir. Cada persona tiene el control de lo que siente. Aunque puedes entender los sentimientos ajenos, no puedes sentir por ellos, ni hacer que ellos sientan lo que tú sientes.

"Mis sentimientos me ubican, me enfocan y si los reconozco con confianza, me liberan".