A un buen amigo tuyo le dieron una promoción en el trabajo, el nuevo puesto tiene un bono que incluye: coche del año, viajes y una suma considerable en su cheque, y tú… ni siquiera tienes trabajo. Dos amigas trabajan en la misma escuela, a una la nominaron la "maestra del condado", unos primos compraron boletos para una rifa, uno fue el ganador del premio mayor, sólo por un numero de diferencia.

Escuchar buenas noticias siempre es ocasión para celebrar. Pero hay noticas que, a pesar de ser fabulosas, hacen un poco de ruido, sobre todo cuando uno mismo espera también buenas noticas, pero por alguna razón no se dieron y tampoco hay señales de que van a llegar pronto.

Una persona que se alegra sinceramente por los logros y la buena suerte de los demás a pesar de que la vida no sea tan generosa con ella misma, es una virtud rara de encontrar.

No se trata de que uno desee el mal de los otros, pero a lo mejor, quisiera tener lo mismo que tienen los demás y ¿por qué no?, hasta sería bueno tener un poquito más.

La envidia surge cuando uno se compara con los demás o cuando uno piensa que uno merece algo que no tiene. No siempre uno es envidioso por ser ambicioso o tener malas entrañas, sólo que uno también quiere tener cosas buenas.

El problema más común que surge cuando uno ve lo que tiene el vecino, es que magnifica lo bueno que ve, sin reconocer los esfuerzos y los sacrificios hechos. Sólo se enfoca en lo que brilla y se ve a simple vista, rara vez se incluyen los problemas y las dificultades con las que se vive además del éxito.

Para dejar de alimentar la envidia y las comparaciones uno necesita aprender a buscar la satisfacción personal, reconocer que cuando uno sólo se fija en lo que tienen los demás, la única persona que sale perdiendo es la que se compara. La persona que celebra sus logros y sus buenas noticas no tiene tiempo de ver cómo lo envidan, ni el mal que otros le desean.

Cada persona entiende, celebra y juzga a otros basándose en sus necesidades propias. Así, valora lo que él quiere o necesita y se pregunta por que no tiene, lo que otros si. Por eso reconoce en otros, las cosas que son importantes o que necesita y anhela y no las tiene.

Alegrarse por otros con sinceridad, ayuda a encontrar la belleza que tiene la vida, sin tener que sentirse menos o desear lo que tienen los demás.

La receta: Alegrándose por los demás

Ingredientes:

  • Alegría – gusto por ver gente feliz y ver cosas buenas
  • Satisfacción personal – encontrar lo que uno ocupa y tiene para ser feliz
  • Introspección – reflexión y búsqueda interna de lo que uno desea
  • Fe – tener confianza en que cada persona tiene lo que es mejor para tener la vida que tiene
  • Gratitud – reconocer y agradecer lo que se tiene y poder compartirlo

Afirmación positiva para recibir buenas noticas:

Soy feliz cuando escucho buenas noticas de otras personas. Me alegro cuando veo a la gente que quiero prosperar y ser feliz. Vivo en armonía con el universo y entiendo que cada uno tiene lo que necesita para vivir de acuerdo con su misión. Cuando me alegro por los demás, disfruto doble la abundancia que hay en el mundo. Sonrió por todo lo bueno que me rodea.

Alegrándose por los demás:

  1. Alegrarse por los demás tiene beneficio doble. Cuando uno puede celebrar con sinceridad los éxitos de los otros, entonces te sientes bien por ellos y tú te sientes mejor por ti, ya que todo lo que te rodea es bueno y bonito.
  2. Los paramentos personales son los únicos medidores que uno necesita. Nadie debería utilizar la aprobación de otros para valorarse y validarse. La obligación de estar bien con uno mismo es vital para poder gozar la vida.
  3. Centrar la atención en las necesidades personales y dejar de compararse mejora la calidad de vida. Cuando uno se enfoca en uno mismo, y deja de ver qué tienen los demás, tiene más tiempo y energía para encontrar lo que necesita para ser feliz.

"No es cuánto tienes lo que te hace feliz, es cómo disfrutas lo que tienes lo que hace la diferencia".