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El enojo en el judaísmo es considerado una emoción muy peligrosa Rambam, Hiljot Teshuvá (4:5). Sólo se necesita un segundo para que la persona deje escapar su enojo y lastime a los demás causando muchas veces fuertes daños difíciles de reparar. Sin embargo, cuando se aprende a honrar y a respetar al prójimo como a uno mismo, así como dice en Pirkei Avot (2:10) “Valora el honor de tus amigos como el tuyo propio”, entonces, la incidencia del enojo puede controlarse y disminuir considerablemente.

Claro que toda persona tiene el derecho y puede enojarse. Pero, ¿qué se gana con el enojo? ¿Acaso el enojo ha producido un resultado positivo alguna vez? De qué sirve la rabia si esta sólo crea problemas, empeora o desgasta las relaciones personales y además no deja nada bueno.

Uno de los errores más comunes es creer que el enfado es un sentimiento y una emoción. El enojo es un estado de ánimo que hace que la persona pierda el control de sus sentimientos por lo que no puede ser un sentimiento como tal, más posiblemente es la ausencia de estos últimos. De hecho una persona molesta cree que tiene licencia para ofender, lastimar o decir todo lo que su ronco pecho sienta simplemente porque está enojado.

Cuando una persona está enfurecida, le interesa poco lo que dice, a quien lastima y cómo se comporta. De hecho, cuando la irritación se apodera del alma, difícilmente la persona recuerda quienes son los seres que ama o que le son importantes, tampoco escucha razones, por supuesto que el enojo hace perder la caballerosidad, la educación y sobre todo el sentido común.

La rabia inhibe las emociones; confunde la cabeza llenándola de pensamientos negativos y destructivos, hace que el corazón arda y llena la boca con palabras fuertes e hirientes.

Este estado de ánimo, depende de las expectativas y de la percepción personal de aquel que elige sentir enojo. La persona indignada busca culpables, esto se convierte en una manera de actuar; crea una predisposición que se convierte en un hábito y una costumbre. El enojo no es una condición que alguien puede provocar en otro, ya que es una decisión personal.

Ricardo fue recibido con gritos y ofensas mezcladas con el enojo habitual y despectivo de su padre Tomás. Lo triste de esta escena fue que Ricardo llegó tarde a casa de su padre por haber ido a recoger comida casera especialmente mandada a hacer para él, además había pasado a la tienda a comprar algunos pendientes que también le había pedido su padre, todo esto lo hizo inmediatamente después de haber salido de su trabajo y de haber terminado más rápido sus pendientes para poder atender a su querido padre.

Ricardo es un buen hijo, siempre está al servicio de su padre y todo lo que hace por él es por gusto y devoción.

La historia es distinta para Tomás, ya que cuándo se enoja, no piensa, no ve los esfuerzos y no entiende las razones. Cuando Tomás se enoja, comienza a justificar sus pensamientos destructivos, dándoles tanta fuerza que es imposible hablar con él, ya no recapacita, no cede y no escucha.

Tomás le gritó a su hijo, lo lastimó y además se quedó sin comer ya que su enojo le hizo creer que él tenía la razón.

La receta: Registrando el enojo

Ingredientes:

  • 2 tazas de valor; aceptación de tus sentimientos
  • 1 racimo de sensibilidad; comprensión y tolerancia hacia los demás
  • 2 cucharadas de gratitud; reconocimiento y agradecimiento por lo que recibe
  • 1 sobre de control; sensatez y sentido común de las acciones propias
  • 2 cucharadas de perspectiva; establecer prioridades y reconocer la realidad
  • 1 manojo de acciones continuas; práctica, hábitos que ayudan a mantener la calma

Recomendación del chef: Hay que aprender a controlar el enojo ya que sólo destruye las posibilidades de tener buenas relaciones y además lastima a los seres queridos.

Modo de preparación:

  1. El enojo se puede aprender a controlar. Cada uno tiene la opción de dejar que el enojo se apodere de él, convirtiéndose en una persona agresiva, desagradable y arrogante o bien puede controlar sus pensamientos y actuar con sensatez y cordura para vivir en paz y armonía.

  1. El enojo no deja nada positivo, por mejor justificación que se tenga. Utilizar excusas para actuar con enojo, es comportarse en una forma irresponsable que invita a la víctima a sufrir. No hay razón suficientemente válida para lastimar a las personas que nos aprecian y necesitan.

  1. Recapacitar, madurar y buscar soluciones a los problemas mejora la calidad de vida. Encontrar alternativas más positivas de expresar la frustración o el dolor, reconocer y aceptar los sentimientos personales ayuda a tomar responsabilidad y conciencia de lo que se dice y piensa.

El enojo corroe y transforma a la persona en un demonio capaz de arrasar con cualquier persona o relación por más querida o valiosa que sea.

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