Ser padres puede ser frustrante. Podemos pasar de sentir un amor loco por nuestros hijos a ocasionales momentos de disgusto. Si logramos encontrar cómo mantener una buena relación y ser padres con fuerza, criar a nuestros hijos no nos quitará toda la energía.

Aquí hay 10 hábitos de los padres sumamente efectivos:

1. No menosprecian a su cónyuge frente a su hijo

Es muy fácil disminuir a otros cuando nos sentimos ansiosos o frustrados. Pero descargar nuestro estrés sobre nuestro cónyuge sólo logra dañarnos más. No sólo sufre nuestra relación, sino que nuestros hijos aprenden a no respetarlo y se crea un ambiente de jutzpá. Si tú no respetas a mamá o a papá, ¿por qué debo respetarlo yo?

Nunca utilices a tu hijo para vengarte de tu pareja o para curar tu tristeza o soledad. Si tienes un problema, háblalo con tu esposo en privado.

2. Mantienen el tono y las palabras respetuosas

Los padres que reconocen que son el principal modelo en la vida de sus hijos, recuerdan "hablar como hay que hablar" y "actuar como hay que actuar". Ellos saben que están fijando el modelo de las futuras relaciones. La bondad, la empatía, la sensibilidad y un espíritu generoso no son cualidades que puedan aprenderse de disertaciones o largas conversaciones. Todo depende de la forma en que nos relacionamos mutuamente en nuestras vidas cotidianas.

Los padres que son efectivos no necesitan gritarles a sus hijos o usar expresiones despectivas para que los escuchen. Ellos mantienen la autoridad siendo firmes pero justos. Son padres con confianza. Un tono y palabras respetuosas transmiten que el hogar es un "lugar seguro".

3. Mantienen la calma a pesar de la tensión

La vida no es perfecta. En verdad nunca anticipamos los desafíos. Puede haber imprevistas presiones emocionales, físicas, mentales y económicas. Los niños pueden estar de mal humor, irritables, ansiosos y difíciles. Los adolescentes, en especial, no siempre ven claramente las consecuencias de sus actos. Los padres efectivos no pierden los estribos. No educan desde el enojo. Un error común que cometen los padres es reflejar el mal humor de sus hijos. "Si estás malhumorado y no me respondes, ¿por qué debo hablar contigo?". Eso crea una muralla entre el padre y el hijo.

Para ser buenos padres es necesario tener calma. "También esto va a pasar". En vez de perder el control cuando un niño habla o actúa de forma incorrecta, di: "Vamos a intentarlo de nuevo". Actúa, no reacciones. Los padres fuertes son como anclas. Ellos brindan tranquilidad para contrarrestar la turbulencia y educan con sabiduría.

4. Brindan tiempo

El tiempo es uno de nuestros recursos más valiosos. El tiempo que pasamos con nuestros hijos puede desperdiciarse o aprovecharse con un propósito. Podemos estar interesados o aburridos. Podemos escuchar o estar distraídos. Podemos comprometernos con el otro o estar ensimismados. Podemos ser pacientes o despectivos. La elección es nuestra.

Los padres que mantienen buenas relaciones con sus hijos pasaron años nutriendo, comunicando y aprendiendo sobre las esperanzas, sueños y desilusiones de sus hijos. Ellos limitaron el tiempo que se pasa frente a las pantallas, disfrutan juntos las comidas, leen cuentos antes de dormir, y a veces dicen que no a llamadas telefónicas o e-mails que pueden alejarlos de sus familias. En el mundo no hay ningún juguete ni tecnología que pueda reemplazar el hecho de mirar los ojos de un niño y ver su alma.

5. Establecen reglas claras

Cuando los niños están confundidos respectos al estándar de comportamiento, el mal comportamiento se vuelve algo normal., Si un día está bien quedarse levantado hasta la medianoche, y al otro día me gritan exactamente por la misma razón, ¿qué se supone que debo hacer?

La hora en que hay que volver a casa, cuándo se supone que se deben terminar las tareas escolares, cómo tratarse mutuamente, las responsabilidades dentro y fuera del hogar, todo esto forma parte de la responsabilidad de los padres. Si quiero ser efectivo, mis reglas deben ser consistentes, claras y justas. No puedo permitir cierto comportamiento y después enojarme o actuar con decepción, Necesito brindar expectativas reales y no esperar que un problema salga de control para tratar de resolverlo.

6. Se enfocan en el comportamiento y no en criticarlo

El punto de la disciplina es mejorar/corregir y enseñar lo que está bien y lo que está mal. Las críticas sólo logran que el niño se sienta mal sobre sí mismo. Burlarse o llamar al niño con un apodo sarcástico nunca le enseñará cómo puede mejorar. De nada sirve decir cosas como "Eres imposible" o "¿Cuál es el problema contigo?".

Los padres efectivos se enfocan en el comportamiento que les gustaría mejorar. Ellos entienden que criticar no es disciplinar. En vez de hacer que el niño sienta que por definición él es malo, estos padres señalan el mal comportamiento que debe corregirse. Cometiste un error no significa que tú eres un error. Tu habitación es un desorden y necesita que la ordenen no significa que tú seas un desorden.

7. Establecen consecuencias apropiadas

Cuando damos consecuencias que no tienen nada que ver con el mal comportamiento, perdemos una maravillosa oportunidad de aprendizaje. La vida se trata de responsabilidad. Cuando recibes una bendición y la tomas por obvia, la perderás. Cuando abusas de tus privilegios o actúas de forma inapropiada, habrá repercusiones. Para enseñar esto, debemos conectar la responsabilidad con la consecuencia.

Los padres capaces saben que cuando un niño utiliza mal su tiempo en la computadora, las consecuencias tienen que estar relacionadas con esos actos. Cuando tiene malas notas por pasar demasiado tiempo en línea o enviando mensajes de texto, debemos revisar el privilegio de usar un teléfono o la laptop. Las consecuencias no son demasiado duras, se hablan de antemano y no se limitan a meras palabras. Los niños respetan a los padres que son claros y cumplen lo que dicen.

8. Mantienen su sentido del humor

Está bien sonreír y reírse en voz alta. A veces un buen chiste diluye la tensión. Nuestros hijos no deben temernos. (El temor reverencial a los padres que ordena la Torá no es lo mismo que tenerles miedo) Los niños deben saber que el hogar es su refugio, un lugar de calidez y afecto, un faro de luz en medio de un mundo duro y difícil. Los padres efectivos saben cuándo ser serios y cuándo relajarse y no confunden estos momentos.

9. Se mantienen positivos

Las palabras negativas ensombrecen el hogar. Ver las situaciones como un "desastre" no les permite a los niños tratar de hacer las cosas mejor. Provocar que los niños se sientan desahuciados en vez de tener esperanzas les quita el deseo de hacer más, de llegar a ser mejores. En vez de que el fracaso sea el final, debes verlo como una oportunidad para volver a empezar.

La paternidad positiva llega cuando consideramos que el trabajo y el esfuerzo son valores que deben reconocerse. Los padres que permiten que haya errores y luego enseñan cómo corregirlos (en vez de arreglar las cosas ellos mismos) alientan a sus hijos a florecer.

10. Tienen un objetivo posible de alcanzar

Ser padres sabios implica tener un objetivo. Debes preguntarte a ti mismo: ¿Qué trato de lograr y cómo llego allí?

Si dos niños no pueden sentarse juntos en la mesa, ¿qué hago? Enviar a cada uno a su habitación vs encontrar la forma de que los dos hermanos puedan sentarse en la mesa sin pelear se convierte en un objetivo posible de conseguir. Fijar objetivos es una forma maravillosa de lograr unir a la familia.

Ser padres no es todo o nada. Adoptar algunos de estos comportamientos pueden ayudarnos a guiar, inspirar y educar.