Si bien puede ser la parte menos placentera de ser padres, la disciplina y las consecuencias son fundamentales. Un niño que no es disciplinado y nunca es reprendido no sólo estará menos motivado a esforzarse para lograr más, sino que caerá del nivel al que haya llegado.

Pero el arte de la disciplina es difícil. Cuando no se lo hace de la forma correcta puede dejar permanentes efectos dañinos. Criticar a un niño de la forma incorrecta puede dañar su autoestima a largo plazo.

Estas 10 pautas están diseñadas para fomentar una disciplina y consecuencias sanas.

1. Recuerda: nadie es perfecto

Cuando se trata de nuestros defectos personales, rápidamente los dejamos pasar y nos disculpamos diciendo: “¡Nadie es perfecto!”. Los niños merecen la misma consideración. Tenemos que controlar nuestras reacciones inmediatas ante su mal comportamiento y entender que no son un producto terminado. Recordar esto nos ayuda a perdonarlos y a adecuar nuestra respuesta para que sea más suave y productiva.

2. Sabe cuándo mirar para otro lado

Podemos tentarnos a ver cada error que comete un niño, quizás para mostrarle que tenemos control de la situación. Este puede ser un gran error. Algunos comportamientos pueden y deben dejarse pasar. Si un niño hizo algo completamente circunstancial y no te preocupa que vuelva a repetirlo, por lo general lo mejor es quedarse callado. Debes esforzarte por ver tres veces más cosas buenas que malas en tu hijo. Mientras más notes lo bueno y lo comentes, más el niño se esforzará por ganar tu atención positiva.

3. Dale al niño el beneficio de la duda

Los niños merecen recibir el beneficio de la duda al igual que los adultos. Antes de retar a un niño, muéstrale que lo tomas en serio y pregúntale qué ha ocurrido. Realmente escucha lo que te dice. No querrás aceptar cualquier excusa que te diga, pero es muy valioso mostrarle al niño que no lo juzgas hasta que escuchas lo que tiene que decir. Te sorprenderá cuántas veces puedes equivocarte respecto a su comportamiento, o por lo menos respecto a sus intenciones.

4. Permite que el niño mantenga su dignidad

Incluso cuando estás seguro de que debes reprenderlo o darle una consecuencia, comienza tu mensaje con algo positivo. Dile que entiendes que probablemente no tuvo la intención de hacer algo malo, o que entiendes que lo provocaron para hacerlo. El hecho de demostrarle empatía y entendimiento preserva su dignidad sin justificar en absoluto el comportamiento. A pesar de que el niño puede sentir resentimiento por ser reprendido o castigado, por lo menos sentirá que lo escuchaste y que no piensas mal de él.

5. Nunca lo vuelvas personal

Sin importar cuál sea la situación, nunca le digas al niño que él es malo o que estás molesto con él. Habla sobre el comportamiento, habla sobre la situación, habla sobre lo ocurrido, pero no lo vuelvas algo personal. Deja que tu hijo sepa inequívocamente que crees en él. Dile que dado que es tan especial y tiene tan buenas cualidades, ese comportamiento es inadecuado. Cuando pones un rótulo a un niño, ese rótulo se apega para siempre a su corazón. Puedes tratar de motivarlo para mejorar pero estarás haciendo exactamente lo contrario, y en el proceso dañas su ego y su autoestima.

6. No hagas comparaciones

No compares a tu hijo con nadie, incluso sin decir nada negativo sobre el niño. Cualquier comparación con un hermano o un compañero puede ser dolorosa. Cada niño es único. Además de sentir que nunca llegará a ser como aquél con quien lo comparaste, es doloroso saber que su valor es determinado por otra persona.

7. Tu mensaje debe ser sobre el futuro

Cuando te enfocas en el pasado, y tu mensaje es sobre lo que ha ocurrido, el niño puede sentir que le estás “devolviendo” por un acto o comportamiento inadecuado. Para tener éxito al disciplinar, dirige tu mensaje hacia el futuro, para que sea un mensaje de amor y preocupación. Deja claro que miras hacia adelante y que confías que tu hijo actuará mejor en el futuro. Mientras más te enfoques en el futuro, más positivo, esperanzado, seguro y optimista resultarás. No transmitas que sientes que en el futuro ocurrirá lo mismo, porque de esta forma estableces el escenario para que el niño haga exactamente eso.

8. Sé claro y asegúrate de que te entiende.

Al reprender al niño o darle una consecuencia, asegúrate que le quede completamente claro el “qué y el por qué”. Antes de dar este paso, pregúntate a ti mismo si el reproche y la consecuencia son necesarios y apropiados a la circunstancia. ¿Se le había advertido al niño? ¿Tenía consciencia? ¿El niño lo entenderá o pensará que es un castigo cruel e injusto? Cuando te sientes cómodo con lo que estás por hacer, deja claro qué es lo que te molesta y qué esperas que cambie en el futuro. Sé específico tanto respecto a la naturaleza del mal comportamiento como respecto a tus expectativas.

9. Rodea la disciplina con amor

Tu actitud general hacia tu hijo o estudiante debe ser de amor y preocupación. Cuando hay suficiente amor, la disciplina y la consecuencia no provocan sentimientos negativos intensos. Inmediatamente después de dar una consecuencia o un reproche, trata de salir de la energía negativa y pasar rápidamente al modo de relación positivo y de amor. No temas que al hacer eso el niño piense que era una broma. Si fuiste claro, el mensaje le llegó, pero ahora tu tarea es asegurar que no queden sentimientos negativos residuales que puedan socavar la relación y la confianza. Sin retractarte del castigo ni de la advertencia en absoluto, vuelve a ganar al niño con palabras y actos afectuosos.

10. Es mejor errar para el lado de la precaución

Si no estás seguro respecto a si debes o no disciplinar al niño, es mejor errar para el lado de la precaución. Cuando estás molesto y enojado no puedes pensar con claridad. Lo más probable es que si esperas a estar menos involucrado emocionalmente, puedas tomar una mejor decisión. Incluso si pierdes la oportunidad de reprenderlo cuando deberías haberlo hecho, provocarás menos daño que si lo reprendes cuando no debes hacerlo. Cuando dudes si debes abrazas o reprochar a tu hijo, probablemente la opción más sabia es darle un abrazo adicional.

La disciplina es esencial para que los niños crezcan y se conviertan en adultos responsables y seguros. Implementar estas ideas te ayudará a disciplinar en los momentos correctos y de la manera más sana y efectiva.