Querida Sra. Radcliffe:

En ocasiones me siento tan inepta. Mis tres hijos (de 3, 5 y 8 años de edad) son muy salvajes. Sé que tengo problemas para ser consistente con la disciplina pero trato lo mejor que puedo. Siempre me siento avergonzada cuando la gente viene a casa porque mis hijos corren por todos lados, no escuchan, no se quedan quietos y básicamente no dan una buena impresión. Sé que los demás me juzgan, y aunque mi marido obviamente también tiene su rol en esto como padre, siento que todos me culpan a mí. Mis propios hermanos han dicho cosas como: “No deberías dejar que se salgan con la suya en esto”, implicando que ni siquiera estoy tratando de remediar la situación. Ya ni siquiera quiero que venga gente a casa porque eso me estresa mucho. ¿Hay algo que pueda hacer para ayudar a mis hijos a actuar más normalmente?

Querida Madre:

El mundo pareciera siempre culpar a la madre, ¿verdad? Eso pone mucha presión en las mujeres. El comportamiento de los niños -tanto el bueno como el malo- es causado por muchos factores, el rol de madre es en realidad sólo una parte de la ecuación. Algunos otros factores que pueden estar afectando tu situación son el hecho de que tus hijos son niños saludables (los niños tienden a ser bastante activos físicamente cuando son saludables) y el hecho de que son bastante jóvenes (los niños menores de 10 corren mucho más que los niños más grandes).

Si tus hijos son más activos que los otros niños de su edad, entonces puede que haya otros factores en juego. Por ejemplo, pueden tener una tendencia genética a ser más activos. O es posible que les hayas dado más libertad que lo que otros padres tienden a dar, tendiendo a favorecer el “espíritu libre” en tus jovenzuelos. También es posible que esos pequeños necesiten más estructura, guía o disciplina que la que es natural en ti ofrecer.

Sé tu mejor amiga reconociendo y alabando el esfuerzo, no los resultados.

Sin importar cuál sea la causa, lo primero que hay que hacer es apoyarte a ti misma. Dices que has tratado de calmar a tus hijos. ¡Eso es fantástico! Lleva 20 años criar a un hijo, ¡así que no tiendas a esperar resultados inmediatos a partir de ninguna intervención en particular! Continúa tratando de ayudarlos, pero reconoce tus esfuerzos. A diferencia de tus hermanos, quienes no saben lo que has estado haciendo, tú sabes exactamente lo duro que has trabajado en ésto - ¡así que apláudete a ti misma!

Hablar bien de nosotros mismos es más importante que cualquier cosa que escuchemos de otra persona. Sé tu mejor amiga reconociendo y alabando el esfuerzo, no los resultados. Para ver qué estrategias funcionan y cuáles deben ser descartadas, debes tener un pequeño anotador. Pon la fecha, el nombre del problema (“salvaje”, “corriendo”, “no escuchando”, etc.) y tu estrategia actual. Dale a cada estrategia un período de prueba adecuado –un par de semanas como mínimo, un mes si se ve prometedora. Presta atención a toda mejora o desmejoramiento de los comportamientos en cuestión.

Obtén estrategias de libros, clases sobre paternidad, y de profesionales. ¡Recurre a los conocimientos de todos! Recuerda, tienes mucho tiempo para trabajar en ésto. Muchos pequeños “salvajes” terminan siendo adultos increíbles, sin ningún tipo de secuelas. La única que sufre es la que tuvo que atravesar el proceso – ¡pobre mamá!

No permitas que esto ocurra. Mantener la perspectiva y el sentido del humor son herramientas obligatorias para el oficio de ser padre. Nadie tiene control total sobre otra persona –los padres no pueden “construir” el comportamiento de sus hijos. Sólo pueden alentar o desalentar los comportamientos. Algunos niños se comportan perfectamente gracias a su naturaleza innata. Y bueno, algunos son “salvajes”.

Mientras tanto, hay algunas estrategias que te puedo sugerir. Inténtalas y ve si alguna genera una diferencia positiva. La primera es el método C.E.R. Esta técnica involucra destacar el comportamiento NORMAL, no salvaje, y darle tres tipos de atención positiva: un comentario positivo (“Veo lo bonitamente que estás jugando”), una etiqueta positiva (“Estás tan CALMO en este momento”) y una pequeña recompensa (“Cuando juegas tan bonitamente como ahora pienso que mereces un gran abrazo/regalo especial/privilegio extra”). La recompensa puede ser dada las primeras veces que notes un comportamiento NORMAL, para luego ir reduciéndola gradualmente.

Una segunda estrategia que en ocasiones es útil es llamada "La Regla de las Dos Veces". Cuando tus hijos están corriendo inadecuadamente, pídeles que se calmen (que se sienten, que jueguen en silencio o lo que sea). Si no obedecen, pídeles de nuevo, esta vez agregando una amenaza de una consecuencia negativa. Puede que suene así: “Si no se calman voy a tener que pedirles que salgan de la habitación y que vuelvan cuando puedan quedarse aquí en silencio”. Si todavía no se quedan quietos, acompáñalos con calma hacia afuera de la habitación.

Una dieta para calmar también puede ayudar con los chicos “salvajes”. Más granos, proteínas y vegetales, con menos azúcar, productos de harina blanca y comida chatarra han demostrado reducir el comportamiento hiperactivo en algunos niños. ¡Vale la pena intentar! También, el remedio de las Flores de Bach llamado en algunos lugares Vervain (un remedio “vibrante”, inofensivo y de base acuosa) puede a veces ayudar a balancear el sistema de los niños para reducir el exceso y la intensidad de la actividad, ayudando al niño a revelar su lado positivo y no su lado frenético.

Finalmente, proveer más estructura -aunque no siempre es posible para una madre ocupada- puede en ocasiones evitar o reducir el comportamiento salvaje. Dales un rompecabezas para que jueguen, o un trabajo manual para que hagan. O consígueles una pila de libros para que lean. Si es posible, deja que “se saquen la locura” dando una buena corrida en el parque o en otro recinto al aire libre, o si tu casa tiene espacio, restringe todo el comportamiento agitado a una sala de juegos en el sótano o fuera en el jardín.

Más allá de si esas técnicas funcionan o no, alábate por probarlas. Reconoce que ser la madre de tres niños activos es un trabajo realmente difícil. Nunca te compares a otras madres y no compares a tus niños con otros niños –cada situación es completamente única. Sólo continúa haciendo lo mejor que puedas en tu propia situación con tus propios recursos. Recuerda –Dios te ama y ama a tus niños, y está allí para ayudarte a cada paso del camino en tu travesía de ser madre.