"Soy padre de dos niños, y me considero un buen hombre. Recientemente me he dado cuenta de que mi paciencia con los chicos se está quedando corta. Ellos me enfurecen y yo tengo miedo de mis propias reacciones. No es que hagan algo malo, pero a veces puede ser muy frustrante. Quiero ser un padre cariñoso, no uno enojado. ¿Hay otros padres que también se sienten así? ¿Qué me recomiendas?".

Ésta es una excelente pregunta. Quieres ser un buen padre y tienes una idea de lo que eso significa –una persona dedicada y agradable con quien tus hijos quieren pasar su tiempo. A medida que tus hijos crecen, quieres forjar con ellos una relación que valoren cuando miren hacia atrás.

Además, eres lo suficientemente honesto como para darte cuenta de que tus reacciones no siempre son apropiadas de acuerdo a esa visión. Pero hay ocasiones en que los niños pueden ser muy difíciles. ¿Qué opciones tienes?

El primer paso es darte cuenta de que tienes una opción. La gente a menudo afirma: "Esos niños me ponen tan furioso". "¿Puedes creer lo que hizo mi hijo? No me quedó otra que explotar". Sin importar qué tan molesto sea el comportamiento, todavía tienes la posibilidad de elegir si reaccionar con furia o no. Si no realizas esfuerzos organizados para distender tu enojo, puede que sea tu reacción automática, pero puedes desarrollar un control interior para permanecer calmo. Recuérdate a ti mismo que sin importar lo que hagan tus hijos, sus comportamientos no son lo suficientemente trascendentales como para perturbarte.

Necesitamos tomar consciencia de esos detonadores internos, y debemos trabajar para desactivarlos.

La manera en la que reaccionas está basada sólo parcialmente en el comportamiento mismo; la verdad, es que está mayormente basada en nuestro estado emocional y en los mensajes negativos internos que el comportamiento detona. Necesitamos tomar consciencia de nuestros detonadores internos, y debemos trabajar para desactivarlos.

Un niño reprueba un examen. El padre está enojado y regaña al hijo por no estudiar más duro o por no tomar la escuela más seriamente. Lo que detonó su enojo no es la nota del examen, son los mensajes que el padre se está mandando a sí mismo. "Mi hijo nunca irá a la universidad si no trabaja con entusiasmo". O "Me avergüenza tener un hijo que es un fracaso", o incluso "Si yo realmente le importara, él me haría sentir orgulloso". También puede haber otros mensajes subconscientes. "No tengo posibilidades de ayudar a mi hijo a tener éxito en la escuela".

¿Qué otra cosa puede hacer este padre? Puede reconocer que este examen fallido está detonando toda clase de reacciones internas e identificarlas. Un diálogo interno es de mucha ayuda. "Permanezcamos con calma, y no exageremos. Es sólo un examen. No es indicativo del futuro académico de mi hijo. Mi hijo no está tratando intencionalmente de avergonzarme. Deja que me enfoque, en cambio, en los sentimientos de mi hijo y en cómo ayudarlo a tener éxito en la escuela".

Si podemos aprender a desactivar nuestra reacción interna, entonces nuestra reacción externa será más apropiada. Revaluar una situación en la que te enojaste puede proveer pistas acerca de tus reacciones internas. Conocerte mejor a ti mismo puede ayudarte a anticipar qué situaciones pondrán a prueba a tu paciencia.

Aquí hay algunas reacciones internas comunes:

1) Expectativas: "Espero que mis hijos se sienten en silencio cuando hay compañía".

Yosef renunció al equipo infantil de fútbol. Él y su padre tuvieron una discusión importante. Quizás papá está mirando la vida a través de los ojos de Yosef. Puede que Yosef no esté siguiendo el sueño de papá, pero a cambio está siguiendo su propio sueño de explorar en electrónica.

2) Inconveniencia: "Todo lo que quiero hacer en este momento es sentarme y tomar un café, y ellos quieren jugar a la pelota".

Ricky se sienta a leer el diario y Ari viene constantemente para mostrarle sus dibujos. La tolerancia de Ricky se está agotando. Si designara un poco de tiempo y aceptara el hecho de que éste es tiempo de calidad con su hijo, tendría un mejor estado de ánimo.

3) Vergüenza: "Cuando los niños actúan así me hacen quedar mal".

Los hijos de Yona estaban inquietos en un largo viaje de compras. Yona sintió ganas de regañar a esos pequeños mocosos cuando se dio cuenta de que estaba exagerando debido al hecho que se sentía avergonzado por caminar con niños lloriqueando. Si se enfocara en aceptar que los niños lloriquean y en que eso no demuestra que él es un mal padre, no se enojaría tanto (irónicamente, avergüenza más ser visto como un padre fuera de control).

4) Preocupación: "¿Qué será de este niño si actúa de esta manera?".

Avi se mete en problemas por pelearse en el jardín. Su comportamiento necesita ser guiado, pero si papá reacciona con dureza, es probable que sea a causa de miedo. Puede que esté proyectando el miedo de que cuando Avi crezca sea un desencajado social.

5) Orgullo: "Ninguno de mis hijos me va a hablar en ese tono y se va a salir con la suya".

Sami ignora a su padre. Papa se siente insultado, pero luego se da cuenta de que Sami no lo está ignorando intencionalmente. Está concentrado en su juego, y está inconsciente de lo que ocurre a su alrededor. Necesita que le enseñen a escuchar, pero el mensaje puede ser enseñado de mejor manera por un padre que no está iracundo.

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¿Son las infracciones de tus hijos lo suficientemente importantes como para que arriesgues tu relación con ellos?

Una vez que identificamos nuestras reacciones internas, podemos trabajar para ajustarlas. Los niños a menudo hacen cosas que nos hacen enojar. No ponen la suficiente atención en nuestros sentimientos. Pueden actuar impetuosamente e inmiscuirse en nuestro tiempo. Pero enfocarnos en una relación positiva es una inversión a largo plazo. Mide la severidad de las infracciones de tus hijos y evalúa si esos comportamientos son lo suficientemente importantes como para que arriesgues tu relación con ellos. En la mayoría de los casos verás que lo mejor es dejar pasar por alto las molestias y disciplinarlos con calma, en vista del objetivo más grande de proveerle a tu hijo un padre afectivo y comprensivo emocionalmente.

Ocasionalmente, el enojo es una reacción apropiada para educar a nuestros hijos, de acuerdo a la severidad de sus acciones. Pero si el padre está fuera de control, es difícil que pueda modular su enojo. Además, es difícil estar enojado y ser cariñoso al mismo tiempo. Puedes elegir cómo deseas presentarte ante tus hijos.

Disminuir el nivel propio de estrés es crucial para mantenerte en calma con tus hijos. Vivimos en tiempos estresantes, y uno tiene muchas más posibilidades de reaccionar mal cuando está estresado. Aprender a relajarte es un componente necesario para ser un buen padre. Una persona estresada puede hacer grandes esfuerzos para no explotar con sus hijos a pesar de su nivel de estrés, pero aprender a mantener la calma interna es muy útil en muchas áreas de la vida, incluyendo la crianza de hijos.

Mantén viva tu visión de ti mismo como un padre cariñoso. Pregúntate si estás viviendo de acuerdo a esa visión, y trabaja ajustando tus reacciones para ser un padre que creará una infancia segura para sus hijos. Verás que puedes dejar pasar las pequeñas molestias cuando te des cuenta de que la mayoría de las cosas no son lo suficientemente importantes como para arriesgar tu relación con tus preciosos niños. La mejor de las suertes para ti mientras te enfocas en hacer los esfuerzos para ser el mejor padre que puedes ser.