¿Te gustaría que tus hijos te hicieran caso?

A mi esposa y a mí nos gustaría. Tratamos con todas las famosas técnicas, pero ninguna de ellas funcionó. Nuestros hijos prefieren pasar todo el día castigados en vez de hacer las cosas como nosotros queremos. Incluso los premios por buena conducta fallaron – los niños preferían pelear por su causa que ganarse un visto bueno. ¿Qué hay de las antiguas zurras (es decir, educación infantil)? Esperamos encontrar una forma gentil y amorosa de lidiar con los niños.

Parecía que nuestra única opción era ponernos a llorar hasta que los niños crecieran y se fueran de la casa. Gracias a Dios, antes de que esto ocurriera, encontramos amigos y mentores que nos apoyaron, quienes han sido exitosos con sus propios hijos. Con el tiempo desarrollamos un enfoque que ha sido tan exitoso como esperábamos que fuera.

Primero, aceptamos que los niños son novatos en ser humanos; les toma tiempo aprender los códigos básicos de etiqueta. Desde el nacimiento son completamente egocéntricos, y el verdadero altruismo solamente comienza 12 o 13 años más tarde. Los niños realmente no saben (o no les importa) cómo sentarte bien en la mesa para cenar, cómo ordenar sus juguetes, cómo cerrar la puerta cuando pasan, cómo hablar de buena manera el uno con el otro (o con sus padres) cuando están afectados por algo, y ni siquiera saben cómo mantener sus dedos fuera de los enchufes. Sin embargo, estas eran nuestras demandas, las cuales considerábamos razonables.

No esperamos obediencia instantánea.

Bajamos nuestras expectativas. No tenemos que criticar a los niños ahora por algo que eventualmente van a superar solos más adelante. Seguiremos pidiéndole a los niños que no se suban arriba de la mesa del comedor, pero ahora estamos relajados al respecto. No esperamos obediencia instantánea.

Otro punto que necesitábamos trabajar era lo apropiado del momento – ciertos momentos no son apropiados para disciplinar. Cuando un niño está hambriento o agotado, ellos no pueden controlarse. Pueden parecer rebeldes, pero no debemos tomarlo como algo personal. En vez, debemos darles algo de comer o meterlos en la cama para una siesta a media tarde.

Otra área en la que tuvimos que bajar nuestras expectativas fue “las peleas entre hermanos”. Nuestros amigos nos explicaron que es una parte natural de la creación y que desafía la lógica. Mientras las peleas no sean demasiado peligrosas (¡deja las tijeras!) entonces dejamos que los niños encuentren su propia solución. Sin importar cuán justo trates de ser, probablemente alguien te acusará de tomar partido. Es mejor que los niños tengan rencor el uno por el otro, del cual se olvidarán en unos cuantos minutos.

Hasta ahora dejamos de criticar a nuestros hijos por actuar de forma inmadura, ya que ellos son inmaduros. Dejamos de criticarlos en los momentos en que están cansados o hambrientos porque no va a ayudar. Además, no nos estamos involucrando en las peleas de hermanos. Esto significa que hay muchas menos veces en las que nuestros hijos no nos están haciendo caso. Pero, ¿no es eso evitar el problema? Además, ¿Qué pasa si realmente nos ponen nerviosos y necesitamos paz y tranquilidad? ¿Y que pasas si la pelea se está poniendo peligrosa?

Tratamos de no esperar tanto. Si interferimos antes, los niños son menos empáticos y hay más posibilidad de que escuchen. Además, NOSOTROS todavía estamos calmados y pensando con claridad. Podríamos detener una pelea preguntando, "Niños, ¿qué está pasando?", así, cada niño recibe la oportunidad de contar su lado de la historia. Entonces podríamos preguntar, "¿Qué piensan que deberían hacer?". Los niños a menudo encuentran su propia solución (aunque un poquito de guía paterna puede ser necesaria).

A veces podemos hacer las paces dando una orden general. "NOSOTROS no pegamos". O "NOSOTROS utilizamos un tono de voz bajo en la casa". Esto transmite nuestro mensaje sin ofender al autor. Pero es mucho más seguro evitar el asunto. Yo trato de evaluar cuál niño está más fuera de control, y luego lo distraigo. Por ejemplo, podría llamar a uno de ellos para que me ayude con una actividad diferente. "Necesito ayuda para arreglar el cajón. ¿Te gustaría usar el taladro?". O señalo una oportunidad para jugar solo, "¿Por qué no vas al patio y andas en el triciclo? - ¡nadie lo está usando!". Incluso es suficiente decir, "Oye, ven a ver lo que hay en la ventana… ¡un pájaro!".

¿Qué pasa si fallamos con la aproximación diplomática? A veces, una "voz mágica", lenta y monótona, hará que los niños obedezcan. "Ahora-es-momento-de-subir-e-ir-a-la-cama". A veces la única cura es darles a los niños un momento para que ellos se calmen. "Vayan a su habitación y descansen por un rato". Puede que incluso les demos música para que escuchen, un libro para leer, o un juguete favorito para jugar. Sin embargo, vemos el "tiempo fuera" como una necesidad muy rara, no para usarlo todos los días.

Después de leer esto puedes pensar que solamente estamos bajando nuestras expectativas y evitando la confrontación; y que no estamos en realidad enseñándoles a nuestros hijos a obedecer. Pero cuando dábamos órdenes que los niños probablemente no iban a obedecer, estábamos enseñándoles sin querer a NO hacernos caso. Mientras más nos mantenemos callados, más receptivos serán ellos cuando tenemos que ser directos.

También encontramos oportunidades para hacer peticiones directas – cuando todos están tranquilos. "Por favor alcánzame ese libro del estante", o, "Por favor tráeme mi vaso de jugo". Pero incluso cuando damos órdenes, tratamos de hablarles a nuestros hijos tan educadamente como le hablaríamos a cualquier otra persona. Los respetamos. Y a su vez, ellos nos respetan a nosotros, la mayoría del tiempo.