Querida Slovie:

¿Te resulta familiar esta pregunta vía email que recibí recientemente?

Tengo un hijo de 9 años y una hija de 7. Era el cumpleaños de mi hija en medio de Janucá y mi hijo no podía dejar pasar el hecho de que el regalo de cumpleaños de ella (una televisión) era más grande y de mejor calidad que la que él había recibido para su cumpleaños unos años antes. Le cambió el humor desde el momento en que ella abrió su regalo, y la noche siguiente nuestro Janucá no fue nada mejor. Quisiera creer que celebramos esta festividad de manera correcta. Damos un regalo de cada niño a caridad y en las otras noches damos algunas chucherías. Bueno, la noche siguiente mi hijo recibió una caja inmensa comparada a la de su hermana, y mientras que la de ella era un pequeño kit de dibujo, él recibió un hockey de mesa. No sólo que no le gustó, ¡sino que ni siquiera reconoció cuando le señalamos que su hermana nunca comparaba los tamaños de los regalos! Su reacción para lo que nosotros pensamos sería una gran sorpresa terminó siendo bastante desilusionante.

Estoy triste y frustrada. ¿Qué debería hacer?

Una de las alegrías más grandes de ser padres es ver que nuestros hijos se llevan bien. Y uno de los sufrimientos más grandes de ser padres es escuchar que nuestros hijos pelean y se destruyen con palabras, y a veces hasta físicamente. ¿Cuántas vacaciones, paseos en auto, fines de semana, y hasta comidas han sido arruinadas por feas peleas entre hermanos? Los hermanos y las hermanas que se hacen comentarios sarcásticos o que no toleran la buena fortuna del otro destruyen la paz del hogar.

¿La rivalidad entre hermanos debe ser parte de nuestro desarrollo normal?

La Vida es un Tira y Afloja

Los padres deberían saber que hay una gran diferencia entre “rivalidad entre hermanos” y un “común desacuerdo de niños”. Los niños que se llevan bien aprenden a resolver sus disputas y problemas juntos. Puede que a veces peleen y que tengan conflictos, pero también hay ocasiones en las que pueden comunicarse y disfrutar la compañía del otro.

Por otro lado, la rivalidad entre hermanos es un tema aparte. Rivalidad es definido como disputa, competencia o conflicto. Estamos hablando de hermanos y hermanas que están compitiendo entre ellos constantemente. La vida es un tira y afloja, con cada lado tirando en contra del otro.

Esos niños están constantemente midiendo y comparando:

“¡Hey! ¿Por qué ella recibió un pedazo de torta más grande que el mío?”.

“¡Cuando yo tenía su edad nunca me dejabas quedarme despierto hasta tan tarde!”.

“¿Por qué él recibe una PlayStation para su cumpleaños y a mí nunca me compras un regalo así?”.

Y, con el tiempo, la rivalidad ente hermanos puede ponerse cada vez peor. Imagina la escena en el hogar de esta familia el año que viene cuando llegue Janucá. Los padres manteniendo la respiración, esperando una rabieta mientras la hija abre su regalo y el hijo hace un escándalo y se siente descuidado. Sin importar lo que hagan, nunca será suficiente.

Todos conocemos adultos que, en su imaginación, piensan que todos los demás siempre la tienen más fácil.

Estos sentimientos salen a la superficie incluso en la adultez. Todos conocemos hombres y mujeres que, en su imaginación, siempre están siendo tratados de manera injusta. De alguna manera, todos los demás la tienen más fácil.

“¡Yo debería haber obtenido ese aumento!”.

“¿Por qué mi hermana tiene una vida tan buena?”.

“¿Cómo es que mi hermano consiguió ese trabajo? ¡Yo soy mucho más inteligente que él!”.

Tales individuos nunca se sienten en paz. Siempre están comparando y no saben cómo contentarse con lo que tienen.

La Envidia

¿Cómo llegan los niños a la rivalidad entre hermanos? La razón fundamental son los celos. Los niños que sienten envidia se convierten en rivales. No pueden tolerar el hecho de que su hermano tenga algo que ellos no. Puede que no sea algo que necesiten, o que ni siquiera les guste. Pero los celos consumen por dentro y empujan a la persona a convertirse en envidiosa.

Los niños que ven la vida a través de un lente envidioso necesitan que sus padres los ayuden a redefinir su propia naturaleza. Un niño envidioso, cuando crece, se convierte en una persona rencorosa que expele resentimiento y comentarios fastidiosos.

A menudo alimentamos los celos mientras intentamos equiparar las vidas de nuestros hijos. Pensando que los estamos ayudando, cedemos ante las rabietas. Tratamos de medir las porciones de torta, de comprar juguetes al mismo tiempo para cada niño, y luchamos para darles a todos los niños ‘lo mismo’.

¡Qué error garrafal! No hay ninguna vida que pueda ser ‘lo mismo’. La competencia entre hermanos y hermanas sólo se pone peor.

Superando los Celos

Necesitamos ayudar a nuestros hijos a superar los celos. Debemos enseñarles que no hay dos personas en el mundo que sean exactamente iguales. Cada uno de nosotros tiene sus propios cumpleaños, talentos, preferencias y aversiones. Y al igual que cada uno tiene sus propias huellas digitales, cada uno nace con su propia misión particular en la vida. Nuestro objetivo como padres es ayudar a cada niño a brillar en su propia manera particular, para que se sienta lo suficientemente realizado como individuo sin tirar un ojo malicioso sobre las bendiciones de su hermano. Con mis hijos no debo enfocarme en ‘igual’, sino en ‘individual’. ¿Por qué él necesitaría destruir a su hermano si se siente satisfecho y completo consigo mismo?

Estar celoso es como ponerle el ojo a la hermosa maleta de otra persona. Nada dentro de ella nos queda bien.

Cuando era una niña pequeña se me enseñó que estar celosa es como ponerle el ojo a la hermosa maleta de otra persona. La llevas a casa con excitación, la abres, y te das cuenta que nada te queda bien. Además, la mitad de las cosas que hay ahí ni siquiera te gustan.

Los padres no deberían ayudar a que los niños miren las cosas de los demás. Los niños deberían saber que cada uno en la familia es apreciado por su individualidad específica. Tampoco deberíamos alentar las rabietas y el descontento tratando de hacer a todos iguales.

Imagina por un momento la excitación de una madre cuando espera la llegada de su pequeña hija de la escuela. Todo el día esta previendo el momento en que su hija cruzará la puerta y abrirá la caja envuelta para regalo apoyada en la mesada. Es el cumpleaños de la hija pequeña y mami y papi le compraron un regalo hermoso. Dentro de la caja hay una hermosa muñeca nueva con sus vestidos y accesorios favoritos.

Mientras la hija pequeña abre la caja, la hermana mayor irrumpe en la escena.

“¿Cómo pudieron?”, pregunta. “Yo soy mayor. ¡Yo debería ser la primera en recibir esa muñeca!”.

Ella se tira al piso y llora desconsoladamente.

Si eres el padre viendo esta escena, ¿Qué harías? ¿Sentirías que has fallado en algo? ¿Le dirías a tu hija llorando que sientes pena porque se siente mal y que podemos comprar una muñeca por internet?

Comprar el mismo juguete o sentirse culpable no es la solución. Sólo estamos alimentando los celos de nuestros hijos.

Cuando los hijos son más chicos es fácil caer en la trampa de pensar que comprar el mismo juguete solucionará todo. Y es aún más fácil sentirse mal y culparnos a nosotros mismos cuando nuestros hijos están infelices.

Pero eso no es verdad. Comprar el mismo juguete o sentirse culpable no es la solución. Sólo estamos alimentando los celos de nuestros hijos. En lugar de comprar más juguetes, bríndale a tu hijo una lección de vida.

Agáchate y toma las manos de tu hija. Mírala a los ojos y simplemente di: “Sé que es difícil. Te sientes desilusionada. Querías esa muñeca antes, pero ahora es el turno de tu hermana. Tu turno ya va a llegar. Sé que estarás feliz por tu hermana al igual que ella estará feliz cuando sea tu turno especial. Y si lo pides de buena manera, puede que hasta tengas una oportunidad de jugar con la muñeca”.

No podemos ceder ante los celos o las rabietas, y tampoco debemos tratar de justificarnos ante nuestros hijos. Lo que podemos hacer es asegurarles a nuestros hijos nuestro amor eterno, y que siempre estaremos ahí para ellos.

Complacer sus celos sólo les hará más difícil superar su naturaleza envidiosa. Y parte de ser un mensch en este mundo es poder mirar a los demás sin malicia.