Purim está por llegar. Es una de nuestras festividades más alegres. Se habla mucho de felicidad pero, ¿estamos realmente felices? ¿Están nuestros hijos realmente felices?

Felicidad no significa adquirir el último aparato tecnológico, la esposa más bella, el auto más nuevo, la casa más grande o el mejor trabajo. Los expertos concluyen que ser feliz es un estado mental.

De acuerdo a Rav Zelig Pliskin: “El factor esencial para saber si tendrás una vida feliz o no, no se basa tanto en agentes externos —como riqueza, éxito o fama— sino en tu actitud hacia la vida, hacia ti mismo, hacia otras personas y hacia los eventos y situaciones”.

¿Cómo les enseñamos esta actitud a nuestros hijos?

1. Sé un modelo a seguir:

Martin Seligman afirma en su libro The Optimistic Child (Niños optimistas) que es de suma importancia que los niños tengan buenos modelos a seguir. Él considera que es más probable que los padres optimistas tengan hijos optimistas. Un estado mental de optimismo es clave para lidiar con la adversidad en la vida. Ser capaz de lidiar con la adversidad de forma positiva es una de las claves para la verdadera felicidad.

Los niños observan cada uno de nuestros movimientos, así que cuando los padres lidian con la adversidad de forma positiva, saludable y flexible, están en realidad usando su conducta —a menudo sin saberlo— para enseñarles estas mismas habilidades a los niños.

Seligman sugiere que debiéramos ser más concientes sobre esto y hablar en voz alta —para que nuestros hijos puedan escucharnos— sobre nuestro proceso de pensamiento mientras lidiamos con nuestros problemas del día a día.

Por ejemplo, digamos que el técnico de la lavadora está retrasado y tú necesitas salir a una cita al doctor, puedes decir de forma que puedan oírte tus hijos:

“Este es un problema realmente grande. Tengo esta cita al doctor y el técnico supuestamente ya debería haber llegado. Tengo unas cuantas opciones. Puedo llamar a la abuela a ver si ella podría dejar entrar al técnico. Puedo reprogramar la visita del técnico, pero realmente necesito que repare la lavadora. Podría reprogramar mi cita al doctor, pero eso también es bastante importante. Voy a empezar por llamar a la abuela y a partir de eso veré que hago…”.

Hablar de esta forma le da a los niños una imagen clara de los procesos de pensamiento positivo que nos ayudan a manejar nuestro estrés del día a día.

2. No va a durar para siempre:

Otra clave para la felicidad, de acuerdo a Seligman, es entender que nuestros problemas son usualmente temporales. Pensar que nuestros problemas son permanentes e insuperables puede generar angustia y desesperación.

A las personas que sienten que sus problemas son generalmente transitorios les es más fácil creer que tienen los recursos para lidiar con cualquier desafío.

Por ejemplo, si no obtuviste el trabajo que querías, ¿acaso te dices a ti mismo “No puedo creerlo, algo debe estar mal conmigo, nunca conseguiré buenos trabajos”? O piensas que es temporal y dices: “Que mal. Estoy bastante molesto pero no voy a dejar que esto me deprima. ¡Voy a mejorar mis habilidades para enfrentar entrevistas y voy a hacer algunas llamadas mañana mismo!”.

¿Cómo les enseñamos este concepto a nuestros hijos? Nuevamente, la mejor forma es mediante el ejemplo y hablando en voz alta sobre tus procesos de pensamiento:

“Uf, no puedo creer que mi computadora se detuvo de nuevo. ¡Esto es una locura! Sin embargo, tengo que recordar que puedo arreglarla y que este problema no va a durar para siempre. ¡Si tengo eso en mente podré pensar claramente y hacer lo necesario para solucionar este problema!”.

3. Acepta los malos estados de ánimo y deja que los niños estén tristes:

Yo tenía una cita con la directora de una prestigiosa escuela preescolar. Estábamos discutiendo el contenido de los talleres de educación que yo iba a presentar, y le pregunté: “¿Cuál es el problema más importante que los padres tienen con sus hijos?”. Ella dijo: “No es tanto que tienen problemas con sus hijos, sino que quieren soluciones rápidas y no saben cómo dejar a sus hijos tranquilos y dejarlos estar tristes cuando están tristes; no entienden que su trabajo no es hacer felices a sus hijos siempre. Tienen que dejar de controlar excesivamente los sentimientos de sus hijos”.

Es cierto. Como padres pensamos que el humor de un niño refleja nuestra habilidad de ser padres efectivos. Un niño feliz equivale a buenos padres y un niño infeliz equivale a malos padres. Cuando trabajamos desde esta base, los malos humores de nuestros hijos se convierten en insoportables. No podemos soportar ver a nuestros hijos angustiados o desanimados.

Nuestro trabajo no es hacer felices a nuestros hijos todo el tiempo.

En lugar de eso debemos recordar que todas las personas tienen estados de ánimo bajos y estados de ánimo altos, buen humor y mal humor. Es parte de la condición humana. Nuestro trabajo como padres no es hacer felices a nuestros hijos todo el tiempo, sino enseñarles a los niños formas para que puedan ayudarse a sí mismos a manejar los inevitables altos y bajos de la vida. Ellos tienen que aprender a no sufrir por las cosas pequeñas a través de ensayo y error.

Los niños necesitan encontrar sus propias formas de lidiar con los golpes de la vida y buscar la felicidad y la satisfacción en ella. Es un viaje muy personal. Presionar a los niños a ser felices y no dejarlos estar tristes les quita esa oportunidad.

Es mejor tener empatía y definir los sentimientos, y luego dejarlos tranquilos.

Te ves un poco deprimido. Parece que tuviste un día difícil. Eso puede ser duro”.

No recibir el juguete que quieres puede hacerte sentir triste. Puedo ver lo decepcionado que estás…”.

El puro hecho de tener a alguien que entiende tus sentimientos puede ser toda la ayuda que necesitas.

Este Purim, dales a tus hijos el regalo de la verdadera felicidad.