El Talmud enseña que el segundo templo de Jerusalem fue destruido por sinat jinam, ‘odio infundado’ entre las personas. En todas las generaciones, el pueblo judío es llamado a rectificar este odio practicando ahavat jinam, ‘amor por los demás sin ninguna clase de prejuicio’. No es fácil, pero podemos hacerlo; y para ello, debemos comenzar por casa.

Aquí hay tres simples tácticas para enseñarles a nuestros hijos a amar sin prejuicios:

1. “Quizás no quería hacerlo”.

Enséñales a tus hijos el concepto de ‘otorgar el beneficio de la duda’.

La mejor manera de hacerlo es enseñando por medio del ejemplo. Podemos entrenarnos a nosotros mismos para pensar bien sobre los miembros de nuestra familia y evitar atribuir su comportamiento a motivos ulteriores.

“Mi esposo dejó su taza en la pileta, ¡porque es una persona desconsiderada!”.

“¡Mi hija no limpia su cuarto porque es perezosa!”.

“Mi hijo desarmó su juguete porque no valora ni cuida sus cosas”.

Cuando atribuimos el comportamiento de nuestra familia a motivaciones negativas, generalmente nos enojamos con ellos. Y cuando estamos enojados, tendemos a decir lo que pensamos en voz alta, acusándolos por su falta de consideración o aprecio y por su pereza.

Si asumimos que sus intenciones fueron buenas, entonces es menos probable que nos enojemos; es más fácil juzgar a nuestros familiares de manera positiva:

“Mi esposo por lo general es considerado… si dejó la taza en la pileta debe haber sido porque estaba muy apurado esta mañana”.

“Mi hija actúa como una adolescente normal. Limpiar no es una prioridad para ella”.

“A mi hijo le encanta desarmar las cosas y ver cómo funcionan. Es simplemente curioso”.

Podemos contarles a nuestros familiares sobre nuestro proceso de pensamiento, dándoles un ejemplo de cómo funciona el beneficio de la duda: “Me enojé mucho porque rompiste el juguete, pero después me di cuenta de que te daría el beneficio de la duda. Sólo querías ver cómo funciona, ¿verdad?”.

2. Enséñales a pensar en los demás.

Llegan las vacaciones y probablemente tus hijos ya son expertos en “campamentos de verano”. Los niños suelen ser egocéntricos y no saben cómo ponerse en el lugar de otros. Es posible que ni siquiera sepan que podrían ayudar a los niños nuevos del campamento a adaptarse y hacer nuevos amigos. Lo mejor sería que nosotros les señalemos formas de ayudar.

Cuando tu hijo vuelva a casa el primer día, podrías preguntarle:

“¿Hay algún niño nuevo en tu grupo? ¿Se te ocurre algo para hacerlo sentir más incluido?”.

Y si mandas a tus hijos a un campamento en el que también se quedan a dormir, antes de que se suba al autobús podrías recordarles que ayuden a los niños nuevos.

3. No chismees.

Sabemos que chismear es malo, pero igualmente nuestros hijos escuchan chismes todo el tiempo.

“No puedo creer que Juan haya comprado esa casa. ¡Qué decisión tan tonta, se cae a pedazos!”. “Sara es tan torpe, es la segunda vez que se accidenta”. “¿Viste lo que vistió Jana ayer? Tiene un gusto pésimo”.

Escuchar un flujo constante de negatividad les enseña a nuestros hijos a juzgar a los demás y envenena las relaciones. Esto podría hacer que nuestros hijos crezcan con temor, preocupados porque ellos también serán juzgados con esa dureza. Debemos estar conscientes de lo que decimos y debemos intentar que nuestro hogar sea un área libre de chismes.

Enseñarles a nuestros hijos a amar sin prejuicios es una de las enseñanzas más importantes que debemos impartir. Enseñarles a dar el beneficio de la duda, recordarles que piensen en los demás y evitar los chismes son tres formas efectivas de impartir este valor.