La rivalidad entre hermanos es uno de los desafíos más difíciles que deben enfrentar los padres. Ni siquiera mis amigas abogadas se sienten preparadas para mediar en los conflictos que surgen sobre quién va a presionar el botón en el elevador o qué hacer cuando el jugo en los vasos de sus hijos no es exactamente parejo.

Es difícil observar y dirigir, pero la mayoría de los expertos concuerdan en que las peleas entre hermanos son normales y que incluso pueden constituir una forma sana de aprender sobre cómo manejar conflictos.

He aquí cuatro simples formas de ayudar a tus hijos a llevarse bien entre ellos.

1. Deja el rol de juez y reflexiona sobre sus sentimientos:

Cuando los hermanos pelean, los padres suelen actuar como árbitros y dicen: “Si no pueden compartir, entonces nadie puede usar el juguete”, “Él estaba jugando primero con eso así que él puede usarlo” o “¿Te gustaría que alguien te quitara tu juguete?”. A pesar de que esto pareciera ser correcto, sólo logra que los niños se pongan más a la defensiva y más aferrados a su posición; entierran sus pies y no se mueven de allí.

Es más efectivo que los padres reflexionen sobre los sentimientos de sus hijos: sobre cuán difícil es vivir y llevarse bien con otros, incluso con los miembros de la propia familia.

Validar sus sentimientos y mencionarlos ayudará a nuestros hijos a pensar con mayor claridad. También los ayudará a ver el problema desde la perspectiva de su hermano. Y hay un beneficio adicional: ayudará a los padres a ver realmente ambos lados de la historia. Nos mantiene a nosotros —los padres— calmados y nos ayuda a disciplinar sin gritar o acusar.

Hijo: “¡Yo no hice nada!”.

En vez de juzgar así: “Si tú no hiciste nada, entonces, ¿por qué ella está llorando? ¡Tienes que dejar de molestarla!”.

Prueba esto: “A veces puede ser difícil llevarte bien con tus hermanas. Tú no sabes qué fue lo que causó que ella se molestara tanto, pero a veces decimos cosas que no nos damos cuenta que pueden herir a otro…”.

Niño: “¡Él siempre comienza!”.

En vez de juzgar así: “Bueno, si tu fuiste el que empezó, entonces ¡tienes que irte a tu habitación!”.

Prueba esto: “Suena como que están enojados el uno con el otro. Eso pasa a veces entre hermanos. Puede ser difícil llevarse bien con las personas con quienes vivimos”.

Los niños —especialmente los más sensibles—se sienten por lo general mal por haber peleado. Ellos piensan: “¡Soy tan malo! ¿Por qué me cuesta tanto llevarme bien con mis hermanos? Quizás soy una mala persona”. Otros niños podrían pensar: “Mi hermano es el peor, ¡él siempre me molesta!”.

Hacerles saber que pelear es una parte normal de la vida familiar ayudará a los niños sensibles a sentirse mejor sobre sus sentimientos: él es normal, no malo. También les hará saber a todos los niños de la familia que sus hermanos no son los “peores”, sino que sólo están muy frustrados.

Todo esto prepara el camino para el siguiente paso:

2. Ayúdalos a enfocarse en soluciones:

Una vez que hemos pasado un poco de tiempo reflexionando sobre los sentimientos de nuestros hijos, podemos intentar ayudarlos a resolver el conflicto. Podemos sugerirles amablemente que piensen en soluciones sobre cómo llevarse bien.

Podemos decir:

Traten de pensar en por qué compartir un juguete puede ser difícil. ¿Tienen algunas ideas que puedan funcionar?”.

¿Qué podrían hacer ustedes para resolver este problema?”.

¿Están listos para pensar en algunas soluciones sobre cómo determinar quién va a barrer el piso, o todavía están demasiado enojados?”

¿Qué haces si los niños no quieren ofrecer ninguna solución?

Vuelve a reflexionar sobre sus sentimientos, luego menciona el problema y ofrece algunas sugerencias con un tono neutral:

¡Dos niños y un juguete! ¡Es difícil compartir! ¿Quieren escuchar lo que hacen otros niños? Algunos deciden hacer turnos, cada persona juega durante cinco minutos… algunos niños deciden encontrar otros juguetes para jugar…”

Esto sí que está difícil, dos niños que no quieren barrer el piso y una mamá que necesita que lo barran. ¿Puedo darles algunas sugerencias que podrían funcionar? Ben, haz tú la mitad del piso y Eli hará la otra mitad… o ¿qué tal si Eli lo hace hoy y Ben lo hace mañana…?”.

También tenemos que recordar que educar a los hijos es un proceso lento. Estás preparando el escenario para cómo lidiarán con el conflicto más adelante cuando crezcan. Puede que no se les ocurran soluciones en este momento en esta situación, pero tú estás construyendo una actitud de resolución de problemas.

3. No permitas que los niños se queden pegados en roles negativos:

Muchas veces los niños son encasillados en roles negativos ya sea por sus hermanos o incluso por sus padres. El “presumido”, el “llorón” y el “cruel” son solamente algunos ejemplos de las etiquetas peyorativas que las familias pueden usar para describir a sus hijos. Esto puede terminar empeorando inconcientemente el problema entre los hermanos.

Cuando vemos que un niño exhibe una conducta desagradable, tendemos a señalárselo. Podemos decir: “¡Estás actuando como un presumido!”. Los otros niños podrían no haberse dado cuenta de la conducta desagradable, pero ahora que tú la has mencionado y etiquetado, seguro la notarán. A estas alturas probablemente toda la familia se subirá al carro y comenzarán a llamarlo “presumido”. Todos comenzarán a ver a este niño de una forma negativa.

Desafortunadamente, él también comienza a pensar sobre sí mismo de esa forma. Los niños suelen terminar convirtiéndose en las etiquetas por las que son llamados. Un niño piensa: “Si mis padres y hermanos piensan que soy un presumido, entonces debe ser verdad”. Se convierte en parte de su imagen de sí mismo, y entonces comienza a trabajar naturalmente para cumplir ese rol, lo cual no hace más que agregar combustible al fuego de molestar, pelear y discutir entre hermanos.

Como padres debemos evitar usar etiquetas negativas para describir a nuestros hijos, y una vez que lo hemos hecho, debemos trabajar duro para erradicar el rol en el cual ha sido encasillado ese niño. Esto puede sonar contradictorio, pero para cambiar la conducta de un niño debemos enfocarnos en su conducta positiva, lo que él o ella hacen bien, en lugar de enfocarnos en lo que hacen mal.

Tienes que lanzar una campaña para cambiar la imagen negativa de tu hijo. Para hacer eso tienes que encontrar los momentos en que actúa “bien” y señalárselo tanto a él como a quienes lo rodean.

Por ejemplo, cuando no actúa como un “sabelotodo” o un “presumido”, tienes que destacar su actitud y hacérsela saber.

Para la hija que le gusta ser el “centro de atención”, en lugar de decir: “Sara, ¡deja de tratar de ser siempre el centro de atención! ¡Deja que Eli tenga una oportunidad de hablar!”.

Prueba esto: (Incluso si ella dejó de hablar solamente para respirar) “Muy bien Sara, paraste con tu historia para que Eli tuviera un turno de hablar…”

Para el “llorón”, en vez de decirle cada vez que llora: “Tú siempre lloras por todo…”, destaca las veces en que maneja la vida con ecuanimidad: “Te decepcionaste cuando Zac canceló su cita para jugar contigo, ¡pero luego invitaste a Max en vez de él!”.

Encontrar los momentos en que tus hijos actúan bien puede ser un desafío, pero puede ayudarte en gran manera a reducir la rivalidad entre hermanos que hay en tu casa y a hacer que los niños se lleven bien entre sí.

4. Ten frases preparadas para mantener la paz:

Muchas veces tan sólo necesitamos unas cuantas frases pegajosas para mantener la paz en nuestras familias. Hay frases de una línea que le hacen saber a nuestros hijos de manera concisa que es importante para nosotros que se lleven bien. Los niños aprecian cuando las usamos porque decimos lo que queremos transmitir sin esa larga conversación (¡los niños las odian!).

Así que cuando nuestros hijos estén peleando, molestándose o menospreciándose, podemos simple pero firmemente decir:

"En nuestra familia nos apoyamos mutuamente".
"Molestar hiere los sentimientos".
"¡Saca las manos de ahí!".
"Tienes la capacidad de ser amable, ¡úsala!".

La rivalidad entre hermanos puede ser un desafío, pero tú puedes ayudar a tus hijos a llevarse bien unos con otros mediante reflexionar sobre sus sentimientos, ayudarlos a encaminarse hacia soluciones y evitar las etiquetas.