Todos quieren tener un hogar feliz, y como padres tenemos la habilidad y la responsabilidad de crear un hogar en el que los niños se sientan seguros y amados. Queremos promover un ambiente en el cual todos se sientan respetados y la individualidad de cada persona sea celebrada. Queremos que nuestros hijos y nuestra pareja quieran regresar a casa al final de sus largos días.

Esto no tiene por qué ser difícil. Hay algunos simples cambios que podemos implementar para ayudar a crear esa sensación de calidez hogareña.

1. Haz que la llegada a casa sea feliz

El mejor consejo de matrimonio que yo recibí fue este: levántate y ve hasta la puerta a recibir a tu esposo cuando llegue a casa. Guárdate tus quejas, estrés, problemas y lloriqueos para después (o para nunca).

Cuando mis niños eran pequeños, este era un consejo fácil de seguir. Mi esposo llegaba a casa del trabajo y nuestros hijos paraban lo que fuera que estuvieran haciendo, corrían rumbo a la puerta y se lanzaban sobre mi marido. La entusiasta bienvenida era disfrutada por todos. A los niños les encantaba y yo disfrutaba observando la escena.

Aunque mis hijos ahora son mayores y ya no son tan saltarines, todavía trato de mantener esa sensación de alegría y felicidad cuando mi esposo entra a casa. Cuando veo su auto estacionarse, doy un grito de felicidad y le digo a mis hijos: “¡Llegó papi!”. Paro lo que sea que esté haciendo, camino a la puerta y le doy una cálida bienvenida. Trato de evitar temas pesados durante ese momento: nada de hablar de cuentas, la futura visita de la tía Ethel o una inoportuna llamada de uno de los maestros de nuestros hijos.

También intento hacer esto con cada uno de mis hijos. Unos cuantos minutos de atención cuando entran a casa pueden hacer un mundo de diferencia. Muchos niños necesitan de tu completa atención al final de su día. La escuela es como un largo día de trabajo para ellos. Un abrazo, un beso, un bocadillo y un oído dispuesto a escuchar, son formas simples pero poderosas de hacerles saber que son valorados y queridos.

No es el momento de hablar de temas serios o disciplinar a tus hijos. “¿Entregaste el trabajo que estaba atrasado?”. “Sabes que dejaste tu ropa sucia en tu cuarto, ¡tienes que subir ahora mismo y hacerte cargo de eso!”.

Los padres también pueden intentar hacer que sus hijos hablen sobre su día. La mayoría de los niños considera que las inofensivas preguntas de sus padres son entrometidas:

“¿Cómo estuvo tu día?”. “¿Te divertiste?”. “¿Se sentía mejor Sara hoy?”.

En lugar de eso, es mejor hacerles saber que estás feliz de verlos: “¡Estoy tan contenta que estás en casa!”. Las discusiones, disciplina y preguntas es mejor dejarlas para otro momento.

2. Dales tiempo de transición

Después de saludar con alegría a nuestra pareja e hijos, tenemos que darles un poco de tiempo de transición entre trabajo/escuela y hogar. Todos necesitan un poco de tiempo para relajarse y cambiar de ánimo. Queremos hacerlo lo más placentero posible.

Tengo una amiga cuyo esposo llega a casa del trabajo y se encierra en su cuarto por 5-10 minutos (con el apoyo y permiso de su esposa), solamente para recobrar el aliento. Sólo entonces puede sentarse a cenar con su familia.

Los niños también necesitan tiempo para relajarse. Aunque hay algunos niños que necesitan repasar su día por completo con sus padres, muchos niños sólo necesitan un poco de tranquilidad. A menudo los padres alientan a sus hijos a hacer su tarea inmediatamente cuando llegan a casa para “sacarla del camino”. A veces hay actividades extracurriculares planeadas, trámites de último minuto o tareas que deben hacerse. Muchos niños no tienen el foco, atención o habilidad para realizar un giro rápido como ese.

Para los niños puede ser beneficioso esperar hasta que se hayan relajado antes de comenzar a hacer su tarea. Los horarios pueden planificarse con un poco de flexibilidad, y los trabajos pueden esperar un poco hasta que haya habido un poco de tiempo de descanso.

Les aconsejo a las madres, si pueden, tomarse algunos minutos antes de que todos sus hijos lleguen de la escuela para hacer algo sólo para ustedes, para disfrutar y saborear los últimos minutos de tranquilidad antes del ajetreo y el estrés de la hora de la cena y las tareas.

Tengo otra amiga que llega a casa del trabajo después que su esposo e hijos. Ella detiene su auto unas cuantas cuadras antes de su casa, escucha un poco de música y come un bocadillo saludable. Esto le da el tiempo y la paciencia que necesita para saludar a su familia después de un largo día laboral.

3. Haz que la relajación sea un valor en tu hogar

Nuestras vidas son tan ajetreadas y estresantes que eso impacta nuestra salud y bienestar. La relajación parece ser una necesidad olvidada o un lujo. Sin embargo, debiera ser una prioridad y necesita ser incluida en nuestras rutinas diarias. Es imperativo que todos los integrantes de la familia tengan un poco de tiempo para relajarse.

Para los padres puede ser de gran ayuda identificar las formas de relajación de sus hijos y asegurarse de que puedan realizar esa actividad. Algunas formas comunes con las que los niños se relajan son:

  • Manualidades.
  • Lectura.
  • Tocar un instrumento.
  • Jugar afuera.
  • Cuidar animales.
  • Jugar deportes.
  • Pasar tiempo con amigos.
  • Saltar en un trampolín.
  • Actividades relacionadas con la naturaleza.
  • Coleccionar cosas: piedras, insectos, estampas.

Lo mismo aplica a tu pareja. Averigua qué le gusta hacer para relajarse y asegúrate que pueda hacerlo. Salir a caminar, manualidades, cocinar o leer son algunos ejemplos de esto.

4. Risa

La comunidad médica concuerda en que la risa es la mejor forma de liberar estrés e incluso enfermedades más serias. También es la mejor forma de conectarse con otros. Las familias crean lazos a través de una buena risa. Es una señal de un hogar feliz.

Toda familia sana tiene ciertos chistes internos, en los que incluso una palabra o una mirada hacen que todos se rían. Compartir recuerdos de vacaciones que salieron mal, pedirles a los niños que compartan los momentos más graciosos de su día y decirles a los niños las tonterías que hacían cuando eran bebés son formas de mantener un flujo de risa.

Todos sabemos que el hogar es donde está el corazón. Crear bienvenidas alegres, darles a tus seres queridos tiempo de transición, desarrollar hábitos de relajación saludables y reír, puede ayudarnos a vivir en un hogar feliz.