Hay sólo una cosa invariablemente perfecta en este mundo: los copos de nieve. Son hermosos, únicos, de perfecta forma – pero se derriten rápidamente.

La imperfección es el sello de este mundo. Eso vale para la educación de los hijos también.

Reconocer que no existe tal cosa como un padre perfecto es un paso importante para acercarnos a ser buenos padres.

Los buenos padres ayudan a sus hijos a entender y aceptar la imperfección en el mundo y en ellos mismos. Y sin embargo, muchos padres bien intencionados, sin quererlo le enseñan a sus propios hijos a ser perfeccionistas.

¿Qué es el perfeccionismo?

Los perfeccionistas no pueden separar quienes son de cuán bien les va.

Cada vez que un perfeccionista tiene una tarea o una prueba que realizar, es de vida o muerte. Son buenos solamente si les va bien. Si les va mal, algo está mal con ellos mismos.

Esto es una receta para el desastre.

Condenados a infinitas pequeñas fallas (ya que, después de todo, el perfeccionista está viviendo en un mundo imperfecto), los niños desarrollan una baja autoestima y falta de confianza en su habilidad para hacer cosas – porque hacer cosas implica hacerlas de forma perfecta, y eso casi nunca ocurre.

Si eres un perfeccionista, tu hijo está destinado a aprender a relacionarse con el mundo de la misma manera. El aspecto más importante de enseñar a tu hijo a aceptar la imperfección es modelando esa conducta en ti mismo.

Cuando tu hijo llega a casa y te dice que obtuvo una calificación promedio en un examen, no le digas "¿Y por qué tuviste esas respuestas mal?" Eso es homicidio.

Construye sobre lo Correcto

Los niños tienen que ser "atrapados" haciendo lo correcto. La educación adecuada de tus hijos – en materias de la escuela o en la vida – construye sus éxitos. Piensa en la forma en que los niños aprenden a hablar:

No te sientas con tu hija de 16 meses de edad para familiarizarla con los sonidos de las 26 letras del abecedario y sus combinaciones, y luego le indicas que practique poner la lengua en la posición adecuada para cada letra.

¡Ella simplemente habla!

En Latinoamérica, los padres y madres son llamados "mamá" y "papá"; en Israel, son llamados "Ima" y "Aba".

Un niño de 16 meses sentado en una silla en Israel, balbuceando "ma, ma, ma..." está solamente haciendo ruidos de bebé. En América Latina, la madre del bebé salta de alegría, aplaude y llama a su madre para decirle que su hijo comenzó a hablar "¡Trató de decir `mamá`!".

En Israel, "ma, ma, ma" no significa nada, pero si el bebé hubiera dicho "Im, im, im..." la abuela recibe una llamada telefónica. Y el bebé aprende a decirlo nuevamente.