Cuando mi hermano David recibió el Premio Emmy por su programa "House", él se paró frente a 35 millones de personas, y declaró: "Agradezco a mis padres por hacerme feliz y por darme estabilidad para poder disfrutar esto. Pero también quiero agradecer a todas las personas que han llegado a mi vida y me han hecho miserable, cínico y furioso, porque este personaje (Dr. House) no sería lo mismo sin ustedes".

Al aproximarse el Día de la Madre, empecé a pensar sobre la nuestra. ¿Cuál era el secreto de esta mujer? Ella crió tres varones en Londres, Ontario, en una casa de clase media no tan observante del judaísmo, y con expectativas de que todos nos convirtiéramos en abogados, doctores o contadores (como papá). De alguna manera, nosotros tres rompimos el molde y nos ha encantado hacer cosas interesantes.

David, el mayor, era nuestra máxima esperanza de "normalidad". El se convirtió en abogado, y en un exitoso integrante de una firma en Toronto. Pero rápidamente lo dejo, ya que quería probar su mano como escritor en Hollywood. Y para sorpresa de todos, con excepción de nuestra madre, ¡verdaderamente lo logró! Después de ingresar a los equipos de escritura de "La Ley y El Orden" y "Los Practicantes", el creó y produjo su propio programa llamado "House". Con 26 millones de telespectadores a la semana.

¿Y yo? Me fui de casa a los 17 años de edad, rechacé mi beca universitaria y el pago de la primera cuota de la universidad que mis padres habían hecho la semana después de mi nacimiento (¡en serio!), impresioné a mi familia y amigos, y me anoté en la escuela rabínica de Aish HaTorah en Israel. Además de ser el Director de Desarrollo de Recursos, también estoy encargado de HonestReporting.com, el sitio más grande de defensa contra las falsas noticias en contra de Israel.

Rafael, mi hermano mellizo, dejó a un lado sus aspiraciones cinematográficas, y también se convirtió en rabino. Recientemente ha retomado sus aspiraciones por la filmación, pero de una manera más provechosa, y produjo el galardonado documental "Obsesión", que expone la amenaza del Islam radical. Ha sido observado por alrededor de 10 millones de personas y ha creado conmoción en los Estados Unidos a través de sus múltiples presentaciones en Fox TV y otros canales televisivos. Él está trabajando en la continuación llamada "La Tercera Yihad".

Gracias a Dios, los tres estamos felizmente casados y hemos sido bendecidos al traerle muchos nietos a mis padres.

¿Qué nos concedió nuestra madre, que nos hizo tener la confianza de tomar los riesgos de salir al mundo, crear nuestros propios caminos, y tener éxito?

Entonces, he estado pensando, ¿qué nos concedió nuestra madre, que nos hizo tener la confianza de tomar los riesgos de salir al mundo, crear nuestros propios caminos, y tener éxito?

Un recuerdo que tengo atado a mi mente, es que ella siempre creyó que éramos perfectos. Nunca tuvo dudas acerca de si teníamos el cerebro y el potencial para tener éxito en cualquier cosa que nos interesara. Quizá es por eso que ella felizmente me incitó a asistir a clases de viola, piano, guitarra, golf, tenis, fotografía, natación e incluso de lectura rápida.

Cuando se trata de sus hijos, ella tiene la asombrosa habilidad de borrar de su memoria, casi instantáneamente, cualquier acto o cualidad negativo. Ella sólo se acuerda de lo positivo. Según su versión revisionista de la historia, nosotros nunca peleamos, siempre estudiamos con rigurosidad, y definitivamente nunca fuimos llamados a la oficina del director de la escuela por pegarle a algún compañero durante el recreo. Mientras que nuestra memoria de peleas no concuerda con la de ella, siempre supimos que teníamos una admiradora inquebrantable, alguien que creía en nosotros completamente. Y obviamente, las interminables horas que David pasaba frente al televisor, ahora pueden considerarse como ¡entrenamiento para el trabajo!

Estábamos seguros que nuestra madre siempre iba a estar ahí para nosotros, y asumimos que era una condición natural propia de la maternidad. Ella dejó su amada carrera de enfermería para estar con nosotros en casa. En los primeros años escolares, caminábamos a casa para almorzar con una gran sonrisa. Al llegar, siempre nos esperaba una deliciosa sopa, un emparedado de mantequilla de maní, y una banana cortada en forma de cara sonriente, o alguna otra de sus originales creaciones. En los últimos años de escuela, ella insistía en prepararnos el almuerzo para que así tuviéramos "más tiempo para estudiar".

Cada esfuerzo y logro era siempre alabado y animado, no importa cuán chico era. Ella sabía que nos convertiríamos en lo que nosotros creyéramos que seríamos. Si estábamos heridos, ella nos consolaba y nos decía cuán valientes éramos. Siempre nos hacía saber cuán orgullosa estaba después de una buena prueba. Quizá nos aburríamos de sus cumplidos, pero el mensaje llegó: Teníamos lo que se necesitaba para ser exitosos en la vida.

Incluso cuando nos echaron de la escuela hebrea por enésima vez, esta vez por saltar de la ventana del salón de clases en el segundo piso, ella siempre nos respaldaba. Cuando finalmente fuimos expulsados, ella aceptó nuestro reclamo por una educación menos formal, y nos buscó una nueva alternativa. Ella no podía ni sospechar que estaba tratando con dos futuros rabinos.

Pero con todos estos recuerdos, algo me seguía molestando. Todas esas acciones son básicas para la educación. Seguramente, muchas madres han dominado esas técnicas. ¿Entonces, cuál era su secreto?, sin tener otra alternativa a mi disposición, decidí preguntarle directamente a ella.

Ella me contó el siguiente incidente: "David nació 20 meses antes que ustedes dos. Los primeros años fueron muy acelerados, pueden imaginarse, pero sentía que me habían regalado el mundo. Cierta vez, una amiga se me acerco mientras iba de compras con ustedes dos en el cochecito y con David en los brazos. Ella me dijo en un tono compasivo: "Pobre de ti, debes estar exhausta". Rápidamente le respondí: "Yo pienso que soy la persona más afortunada del mundo". Eche un vistazo hacia abajo, y note como una enorme sonrisa se dibujaba en la cara de David. Entonces me di cuenta, que todo lo que uno dice y hace, determina si los niños se sentirán bien acerca de ellos mismos o lo contrario".

Yo era muy joven para recordarme de ese incidente, pero sí recuerdo a Mamá frecuentemente diciéndonos que cuando las otras madres se quejaran por tener a sus hijos en casa durante las vacaciones de verano, volviéndolas locas, ella les diría (y nos diría) que estaban locas, que ella amaba tenernos en casa haciéndole compañía.

Yo creo que ese era el secreto de Mamá. Ella disfrutaba ser madre y ella disfrutaba de nosotros. Y ese mensaje penetró más profundo que cualquier otro mensaje que ella nos pudo haber dado.

¡Te queremos Mamá!

P.D. Ella terminó su mensaje diciéndome: "¡Claro esta que también ayuda escoger un buen marido y un buen padre!"