Una maquina de oxigeno zumba en el vestíbulo del amplio departamento. A la derecha hay una habitación suavemente iluminada, con cuatro camas repartidas contra las paredes. Echo un vistazo hacia ellas – cuatro niñas pequeñas, profundamente dormidas. "¡Naomi tiene 5!" dice un colorido cartel en la pared. Cada una de estas niñas es en cierto modo un milagro – todas enfrentaron el abandono de sus padres biológicos debido a sus discapacidades, pero fueron rescatadas de un destino incierto por el amor incondicional de Yael y Jim Putney.

En el acogedor salón, la conversación fluye fácilmente entre nosotros. Es precisamente esta atmósfera sin complicaciones lo que les permitió a Jim y Yael hacer lo improbable – adoptar a cuatro niñas judías con necesidades especiales y hacerlas florecer en la Tierra de Israel. Las cuatro niñas – las gemelas de cinco años Abby y Becca, Naomi de 5 años, y Ahuva Dina de tres años – están afectadas con una variedad de problemas de salud, incluyendo el Síndrome de Prader-Willi, parálisis cerebral, problemas pulmonares, y discapacidades de desarrollo. El tanque de oxigeno en el pasillo es tan sólo una de las varias intervenciones en el "arsenal" médico de los Putney, que sus circunstancias especiales les exigen. Pero de sus actitudes relajadas se puede ver que son una pareja que toma con calma todo lo que enfrentan.

"En vez de comprar un yate, adoptamos cuatro niñas".

Yael bromea que está en su tercera maternidad. La pareja se conoció y se casó hace diez años, juntando cuatro y cinco hijos respectivamente, de matrimonios previos. Él se dedica al marketing legal y a la investigación para una compañía en Florida. Ella trabaja en el turno nocturno como escritora técnica y directora de documentación técnica de una compañía de software, también en Florida. Mientras que la mayoría de las parejas en esta etapa de la vida, están explorando opciones de retiro, los Putney están entrevistando maestras de jardín de niños. "En vez de comprar un yate, adoptamos cuatro niñas", bromea Jim.

"Jim siempre dice que si estás haciendo las cosas por las razones correctas, todo sale bien", cita Yael sin reservas. Yael siempre había soñado con adoptar un niño, a pesar de haber criado exitosamente a cinco propios. Jim admite nunca haber tenido sueños como ese. Sin embargo, le impresionó mucho una carta que recibió del director de una ieshivá de su ciudad natal, Miami Beach, Florida, la cual describía la lucha de varios niños judíos que esperaban ansiosamente familias adoptivas. Antes de la carta, Jim ni siquiera sabía que existía una necesidad tan fuerte. Esta revelación, combinada con el idealismo innato de Yael, llevó a la pareja a inscribirse en un curso de entrenamiento de ocho semanas de JAFCO (Jewish Adoptive and Foster Care Options – Opciones de Adopción Judía) para averiguar de que se trataba la adopción.

El curso estaba diseñado para ser duro y realista, describiendo con gran detalle lo que los padres adoptivos debían tener en cuenta. A pesar de que los puntos positivos fueron descritos maravillosamente, las desventajas eran significativas y no se hizo ningún intento por maquillar las cosas.

Los Putney eran una anomalía – tanto en el curso de entrenamiento como en su enfoque hacia la adopción en general. Mientras que la mayoría de los candidatos a adopción eran incapaces de tener sus propios hijos biológicos, Jim y Yael eran padres experimentados y realizados. Su motivación era puramente altruista, y estaban ahí sin expectativas preconcebidas de quien sería su potencial hijo adoptivo.

Además de buscar un niño en Florida, los Putney llenaron también un cuestionario formal con un rabino en Denver que ubica a niños judíos en hogares judíos adoptivos. "¿Adoptarías a un niño que puede morir a edad temprana?", les preguntaron, y "¿Qué nivel de discapacidad podrías manejar?"

La llamada llegó una noche antes de un viaje de visita a Israel que Jim y Yael tenían programado. Había un bebé en el condado de Palm Beach, cuyos padres estaban interesados en darla en adopción. Los problemas de salud exactos del bebé aún no se sabían. ¿Querrían ellos conocer al padre natural?

Yael describe su conversación con el padre natural como muy dolorosa. Él estaba emocionalmente dividido entre querer quedarse con su hija y criarla, mientras se enfrentaban a la profunda comprensión de que él y su esposa eran incapaces de cumplir con las necesidades particulares de un niño con necesidades especiales. Luego de que la montaña rusa emocional llegó a su lento final, el veredicto era claro: los padres biológicos decidieron entregar a su hija de seis semanas a los Putney. Los detalles legales y demás pormenores fueron arreglados, y Naomi se unió a la familia.

Yael y Jim son abiertos acerca de la adopción – con familia y amigos, y con las niñas mismas. Cuando Naomi se transformó en parte de la familia, los Putney enviaron anuncios de nacimiento. La alegría y felicidad, sin embargo, fue nublada por la realidad de la situación: Naomi estaba en la Unidad de Tratamientos Intensivos para recién nacidos, conectada a una sonda de alimentación debido a un síndrome que inhibe el reflejo de succión. Luego de ser dada de alta del hospital, Yael la alimentaba laboriosamente con una jeringa; para ingerir 60 ml de fórmula tardaba una hora completa.

Poco tiempo después, el clan creció para acomodar a las gemelas Abby y Becca, adoptadas respectivamente a la edad de 14 y 17 meses. Al igual que con Naomi, los problemas de salud fueron un hecho dado, pero la actitud positiva prevaleció. Esto fue un poco antes de que recibieran otra llamada: otro bebé estaba disponible. ¿Adoptarían a un cuarto niño?

Han tenido que reconsiderar la pregunta: "¿Adoptarías a un niño que puede morir a edad temprana?".

Ahuva Dina ingresó recientemente a la familia Putney, luego de un exhaustivo procedimiento legal, y sus problemas médicos les han hecho correr en busca de más ingresos. Las diez internaciones en el hospital que ella ha experimentado durante el año pasado han sido agotadoras, especialmente ahora que el hospital más cercano está a ¡cuarenta minutos de su hogar! Y a pesar de que Yael y Jim habían contestado "No" a la pregunta de "¿Adoptarías a un niño que puede morir a edad temprana?" la situación médica de su hija más joven los ha forzado a reconsiderar la pregunta.

Hubo desafíos y preocupaciones, de seguro. Inicialmente la preocupación era descifrar exactamente cuales eran los problemas de su nueva hija, y como enfrentarlos de la mejor forma. Muchas visitas a médicos, llamadas telefónicas, e investigación estuvieron en juego. Adicionalmente, los Putney necesitaban encontrar la forma de ingresar al sistema del Servicio Social de Estados Unidos, un laberinto de burocracia, entrevistas, formularios e incluso más investigación.

Quizás el desafió actual es la gran cantidad de energía física que se necesita para que cuatro niñas pequeñas pasen un día y una noche normal. Cuando vivían en Miami Beach, las hijas mayores de la pareja ayudaban, especialmente en llevar a las niñas a sus numerosas citas médicas. Ahora que se han establecido en Israel, la ayuda es más escasa y su semana se compone mayormente de visitas al médico. Desde que trajeron a Naomi a casa los Putney han contratado alguien que los ayuda en el hogar de tiempo completo – una necesidad más que un lujo; si alguien más está lavando la vajilla y la ropa, Yael está libre para cuidar a las niñas. La rutina del día a día es agitada, como se puede imaginar.

Luego de considerarlo cuidadosamente, la pareja optó por hacer aliá a Israel. Sus consideraciones para hacer esta gran jugada tuvieron en cuenta las ventajas de los servicios sociales ofrecidos allá. En su experiencia, la mayoría de los servicios que ellos recibían en Estados Unidos, en Israel son igualados o superados. Reciben un estipendio mensual que toma en consideración sus hijas con necesidades especiales, y su hija con parálisis cerebral probablemente calificará para un subsidio por falta de movilidad, que les permitirá comprar un auto. El sistema médico estatal ha sido muy efectivo – mientras las citas con los médicos eran a veces imposibles de conseguir con poca anticipación en Estados Unidos, en Israel hay casi siempre citas disponibles para el mismo día.

Como delicadas flores que se giran hacia el sol, las cuatro niñas desde su adopción han prosperado y florecido. Sus problemas de salud han mejorado enormemente, al punto de que una de las niñas ingresará en la red escolar regular el año que viene, mientras otras dos están también a punto de lograrlo. Están siendo nutridas por la energía única que impregna a su familia especial – una bella mezcla de amor, compasión, relajado entusiasmo por la vida, y sueños de un futuro mejor. Dice Yael, "Hemos aprendido que si no podemos salvar al mundo, podemos hacer nuestro pequeño pedazo de mundo mejor".