¿Qué contestarían tus hijos si les hicieran las siguientes preguntas?:
 
  • ¿Eres bueno?
  • ¿Eres amable?
  • Cuando intentas algo nuevo, ¿esperas tener éxito?
  • ¿Crees que tienes una contribución única para hacer al mundo que nadie más puede hacer?
  • ¿Estás orgulloso de ser judío?
 
Todos queremos criar hijos con una buena autoestima - niños que puedan responder un “sí” a todas las preguntas anteriores.
 
Y nosotros como padres tenemos mucho poder en lo que se refiere a ayudarlos a construir una auto-imagen positiva.
 
El Concepto Judío de Autoestima
 
El judaísmo enseña el concepto de autoestima intrínseca. Tenemos valor simplemente por el hecho de que fuimos creados a imagen de Dios (Génesis 1; 27). Esto significa que tenemos un valor que no se relaciona con nuestros logros. Recientemente vi un letrero en la calle que mostraba a un niño y su título era “Sé que no soy basura porque Dios no hace basura”.
 
En esta serie de artículos voy a discutir el concepto de autoestima y cómo se relaciona con los niños. También daré algunas herramientas prácticas para construir la imagen personal de tu hijo. Algunas de las herramientas serán universales mientras que otras serán únicamente judías.
 
Como comienzo, debemos formular la pregunta básica: ¿Cómo sabemos que nos merecemos tener una imagen positiva de nosotros mismos?
 
Como hemos escrito previamente, la Torá nos enseña que estamos creados a imagen de Dios. El ser humano fue el objetivo de la creación. Dios creó todo en el mundo para servirnos, dándonos el dominio sobre todo, confiándonos la responsabilidad de lo que hacemos con la creación.
 
El Talmud nos enseña que cada persona debe sentirse como si el mundo hubiera sido creado para él solamente. Más aún, se nos enseña que cada ser humano tiene una misión importante que realizar y que nadie más puede realizarla. Finalmente, se nos dice, que la meta humana es emular a Dios (nada más ni nada menos), lo cual significa que es posible alcanzar increíbles niveles de grandeza.
 
¡Todo esto junto hace que la humanidad sea una entidad bastante importante!
 
Sumado al hecho de haber sido creados a la imagen de Dios, se encuentra el hecho de formar parte de una nación cuya misión es ser un compás moral y una luz espiritual para el mundo - y si esto es entendido adecuadamente, contribuirá a una imagen personal elevada.
 
Esta es la dimensión espiritual de autoestima. Los judíos que saben cuál es su lugar en el mundo y cómo pueden contribuir con sus regalos y talentos que Dios les ha dado, se sentirán bien acerca de si mismos con lo que están haciendo.
 
Actitud Moderna
 
Compara esta actitud con la de nuestra sociedad moderna.
 
¿Cómo medimos nuestro valor personal? Generalmente, el valor personal de alguien depende de los trabajos que tiene, del dinero que gana, de los autos que maneja, del poder que tiene, de la fama que logró, etc. Vivimos en un mundo donde nos juzgamos a nosotros mismos y a otros, a través de lo externo.
 
Piensa sobre cómo esto te ha afectado a ti y cómo te sientes sobre ti mismo.
 
Recientemente, compré un coche nuevo. Durante 16 años manejé un Chevy de 1979. Era un poco extraño, pero era excelente para aventones (tenía nueve asientos con cinturón de seguridad), y nunca tuve que preocuparme si tenía un raspón en la pintura o si los niños comían algo camino a casa. Pero debo decirles que a veces sentía algo de vergüenza. Cuando conocía a alguien nuevo y esa persona veía mi coche, quería decirle: “Sólo quiero que sepas que no somos perdedores. Simplemente tenemos prioridades de cómo gastar nuestro dinero”.
 
Estoy muy conciente de cómo la gente es juzgada en nuestra sociedad, y por más que no me guste estar bajo esa mentalidad, y no quiera que mis hijos la vivan, también estoy consciente de que nadie de nosotros está inmune a ella. Todos sufrimos frente a la sobre-exposición a los anuncios comerciales que pintan la imagen de una persona verdaderamente exitosa. ¡Afortunadamente, ahora yo me veo como una persona mucho más exitosa cuando manejo! (¡Fiuuu!).
 
Una Cuenta de Banco Espiritual
 
Está muy bien saber que fuimos creados a imagen de Dios y que tenemos una misión en la vida, pero este conocimiento debe ser puesto en acción para que podamos realmente sentirnos bien sobre nosotros mismos.
 
Mi esposo, una vez me explicó que la autoestima es como una cuenta de banco. Dios hace el depósito inicial al crearnos a Su imagen. Nosotros hacemos depósitos en la cuenta, emulándolo cuando somos compasivos, lentos en enojarnos, o buscadores de la verdad. Cuando utilizamos el tiempo adecuadamente, cuando le cocinamos a un vecino enfermo, cuando damos caridad o hacemos cambios positivos en nuestro carácter, entonces, estamos añadiendo a la cuenta. Cuando le gritamos a nuestros hijos, le hablamos mal a nuestras esposas, escogemos comodidad en lugar de significado o nos dejamos llevar por la tercera porción de pastel de chocolate estamos quitándole a la cuenta.
 
Construir autoestima es, consecuentemente, tomar decisiones para emular a Dios en forma constante (encaminarnos “en sus caminos” Deuteronomio 28:9), y así cumplimos uno de los propósitos de la creación. Este es un sentido mucho más profundo de valor propio que aquel que se saca 100 en la escuela, juega bien al tenis o tiene un gran salario.
 
Dado que el concepto de autoestima es abstracto, especialmente para los niños, necesitamos enfocarnos en lo práctico, porque un niño (en verdad cualquier persona) no va a sentir un valor personal intrínseco a menos que esté haciendo algo bueno. Cualquiera que esté constantemente tomando decisiones malas en la vida, no le servirá que le digas: “¡Vamos, tienes un valor intrínseco!”. Esa persona no va a sentir un valor personal hasta que no tome buenas decisiones que aumenten su imagen personal positiva.
 
Enfocándote en lo Práctico
 
Construir la imagen personal de nuestros hijos depende en gran parte del grado en el cual les podamos enseñar a sentir placer al emular a Dios.
 
  • Primero, nuestros hijos deben vernos moldeando este comportamiento y obteniendo gran placer y satisfacción al refinar nuestras personalidades, realizando actos de bondad y tomando responsabilidad para nosotros y el mundo.
  • Segundo, debemos tratar de rodear a nuestros hijos con gente que pueda servir como modelo - además de sus padres. Si sus amigos, escuela y comunidad reflejan estos valores judíos también, entonces la presión social será en la misma dirección que la nuestra.
 
Una vez tratamos de llevar a nuestros hijos a que visiten un asilo de ancianos con nosotros cada domingo. Una de nuestras hijas no soportaba el olor y no quería saber nada de ir a la casa de ancianos. Años más tarde ella fue a visitar amigas de otro vecindario en Shabat. Cuando le pregunté qué es lo que hacían todo el día me replicó que después de comer iban a una casa de ancianos. ¿De verdad?, le pregunté. “Sí. Van todas las semanas. No es una gran cosa”.
 
  • Tercero, debemos darle a nuestros hijos oportunidades de participar en actividades que los amplíen como seres humanos y promuevan una conciencia social. Ser tutores para amigos, hacer una comida para una familia de luto, cuidar a los niños de una señora embarazada, o llenar sobres para un recolector de fondos, son algunos ejemplos.
  • Cuarto, nosotros como padres debemos valorar y alabar aquellas actividades que construirán sus cualidades internas al igual o más de lo que los alentamos cuando hacen un Gol.
  • Quinto, debemos hablar lo bien que nos hace tener una relación con Dios, escoger el bien sobre el mal, buscar sabiduría y verdad, luchar por una buena causa u obtener control sobre nuestras emociones.
  • Sexto, debemos minimizar nuestra preocupación por las cosas externas, mencionadas arriba (autos, decoración, imagen corporal, etc.)
 En resumen, queremos que nuestros hijos se sientan bien sobre si mismos como consecuencia de creer que están haciendo las cosas para las cuales fueron creados, cosas que tienen significado y propósito, cosas que realmente afectan al mundo y a la gente que lo habita, cosas que requieren que seamos seres humanos en el máximo sentido de la palabra. La mejor manera para lograr esto es trabajar en nosotros mismos para sentir y mostrar cuánto placer obtenemos cuando estamos involucrados en aquellos objetivos - y por supuesto, debemos incluir a nuestros hijos siempre que sea posible.