Llevar a los niños a dormir siempre fue mi parte preferida del día. Es cierto, algunas noches ese momento parece extenderse eternamente, y es a la vez la mejor y la peor hora del día. Pero ese es el momento cuando disfruto con mis hijos nuestros mejores momentos de “calidad”. También es la oportunidad en la que exploramos algunas ideas y tradiciones judías, y terminamos el día con plegarias y canciones judías.

Aquí hay cinco rituales judíos nocturnos corroborados que ayudan a que el momento de irse a la cama sea una oportunidad para conectarnos con nuestros pequeños y con las tradiciones judías.

Historias con un tinte judío.

Una buena amiga tuvo su primer bebé y cuando buscaba qué regalarle a ella y a su nueva beba, encontré un libro de historias judías para la hora de irse a la cama. Me preocupó un poco que el libro pareciera demasiado religioso, pero las ilustraciones eran llamativas y divertidas. Algunos años más tarde mi amiga me dijo que ese era el libro favorito de su hija para que le leyeran antes de irse a dormir.

Mi amiga y su hija no son particularmente observantes, y ese libro con historias judías se convirtió en su principal fuente de conocimientos. “A mi hija le fascinan las historias, son poco usuales”. Mi amiga terminó comprando para su hija una serie completa de libros con temas judíos. Ese era el lugar especial en el que aprendían sobre los valores y las tradiciones judías.

Shemá Israel

El Shemá es la plegaria judía básica antes de irse a dormir, en la que declaramos nuestra fe en un Dios único. Shemá Israel, Adonai Eloheinu, Adonai Ejad - Escucha oh Israel, Hashem es nuestro Dios, Hashem es Uno. Tradicionalmente nos cubrimos los ojos al decirlo, para ayudar a concentrarnos en el impresionante significado de estas palabras.

Estas palabras judías eternas ayudan a los niños a entender claramente quienes son. Una generación atrás, el Shemá incluso permitió que algunos judíos pudieran regresar con sus familias después del Holocausto.

Rav Iosef Kahaneman (1888-1969), un brillante erudito, educador, miembro del parlamento de Lituania y director de la famosa Ieshivá Ponevitz, reconoció el peligro que enfrentaban muchos niños judíos. Mientras la Segunda Guerra Mundial arrasaba en Europa, Rav Kahaneman abrió en Israel un orfanato para niños judíos europeos. En 1946 él regresó a Europa para buscar niños judíos que hubieran sobrevivido al Holocausto.

En un pueblo, le dijeron que muchas familias judías desesperadas habían entregado a sus hijos al orfanato local. El sacerdote cristiano que dirigía el lugar negó que allí hubiera niños judíos. Rav Kahaneman le pidió que tan sólo le permitiera encontrarse con los niños, y el sacerdote aceptó. Rav Kahaneman se paró en medio de los huérfanos y comenzó a recitar el Shemá. De inmediato, los niños judíos que habían escuchado esas palabras muchos años antes, comenzaron a llorar: “¡Mamá, mamá!” y colocaron sus manos sobre los ojos. Entonces, como ahora, escuchar el Shemá a la hora de irse a la cama es un momento judío definitivo para los niños judíos.

Decir gracias

Una forma maravillosa de poner fin al día es conversar sobre las cosas por las que estamos agradecidos, además de ser una manera creativa de dar comienzo a una charla. Sentirse agradecido también se asocia con la resiliencia emocional, mejora la salud y provee niveles más elevados de felicidad.

El profesor Robert A. Emmons de la Universidad de California, y el profesor Michael E. McCullough de la Universidad de Miami, le pidieron a dos grupos de estudiantes que escribieran un diario personal. A un grupo le pidieron que registrara sus actividades diarias y al segundo grupo le pidieron registrar aquellas cosas por las que estaban agradecidos. Los resultados fueron dramáticos. Los estudiantes que cada día dedicaron tiempo a registrar aquello por lo que se sentían agradecidos, se sentían mucho más optimistas y felices con sus vidas. (Los estudiantes que registraron en sus diarios eventos neutros no reportaron ningún cambio).

Sentirse agradecido es un profundo valor judío. Considera pedirles a tus hijos que compartan cada noche algo por lo que se sienten agradecidos y tú también pruébalo. Este ritual nocturno puede mejorar el estado de ánimo y el bienestar de todo el mundo.

Historias familiares

“¿Por quién me pusieron este nombre?” “Cuéntame otra vez la historia de cómo se conocieron los abuelos”. A mis hijos les encanta oír historias sobre sus parientes, y es especialmente divertido cuando algo de las historias les permite conectarse con ellos mismos.

Hace algunos años, un estudio de los psicólogos Robyn Fivush y Marshal Duke de la Universidad Emory, reveló la fuerza que tiene transmitir el legado familiar. Los niños que conocían detalles sobre las vidas de sus parientes e historias familiares, mostraban mayor resiliencia y más salud emocional. Dedicar tiempo a relatar lo que vivió nuestra familia y las experiencias que formaron a nuestros ancestros es uno de los mejores regalos que podemos darles a nuestros hijos. Los momentos de calma antes de irse a dormir son un momento ideal para comenzar a compartir estas historias.

Repasar el día

En el judaísmo se acostumbra a tomarse unos momentos antes de dormir para pensar en el día que termina y tratar de corregir los errores que podemos haber cometido. Muchos judíos repasan su día y se esfuerzan por perdonar a cualquiera que pueda haberlos dañado. Aunque esta idea puede parecer un poco difícil, para muchos niños repasar los acontecimientos del día con uno de sus padres antes de irse a dormir, permite que los padres sepan lo que ocurre en sus vidas y les da la oportunidad de compartir con los niños técnicas de resolución de problemas.

Formular preguntas como: “¿Cómo te sentiste cuando pasó eso?”, “¿Qué te gustaría haber hecho de otra forma?” y “¿Qué piensas que debes hacer la próxima vez?”, puede abrir la discusión y ayudar a los niños a resolver problemas. El momento de irse a la cama es un lugar de calma que permite hablar sobre los desafíos del día y las esperanzas para el día siguiente.