Las madres son centrales para la vida judía y nuestra tradición está repleta de formas concretas en las que podemos honrarlas. Debido la situación actual, en muchos paises se ha propuesto aplazar la celebración o cancelarla por completo para evitar contagios, pero la verdad, eso no importa, ya que el judaísmo honra a las madres siempre, tanto en el día de la madre como en cualquier otro día del año. Aquí te presentamos 5 maneras en las que el judaísmo honra a las madres:

1) Madres judías heroicas

En la Torá y en la literatura judía, las madres se destacan como figuras claves que permiten la supervivencia del judaísmo y del pueblo judío.

Cada Pésaj, recordamos a las parteras judías del antiguo Egipto, quienes bajo pena de muerte desafiaron la orden del faraón de matar a los bebés varones y arrojarlos al Nilo. Recordamos a las matriarcas (Sará, Rivká, Rajel y leá) que moldearon y crearon al pueblo judío. La Torá describe que nuestra matriarca Rajel está encargada de suplicar en beneficio del pueblo judío en el Mundo Venidero: “Una voz se escucha en lo alto, lamentaciones y llanto amargo. Es Rajel que llora por sus hijos” (Irmiyahu 31:14).

La Torá relata que una y otra vez fueron las mujeres judías, a menudo madres, quienes salieron a defender lo justo. En los oscuros días de la esclavitud en Egipto, los hombres judíos comenzaron a perder las esperanzas. ¿Qué sentido tenía casarse y construir familias judías cuando sus hijos sólo lograrían sufrir como ellos la esclavitud? Las esposas y madres judías fueron quienes llegaron al rescate: día tras día, después de horas de duros trabajos, esas mujeres juntaban energías para vestirse, adornarse y tener un tiempo con sus esposos, asegurando que tuviera lugar la vida familiar así como la supervivencia de las futuras generaciones del pueblo judío. Más tarde, cuando en el desierto algunos judíos construyeron un becerro de oro para idolatrarlo, las mujeres judías se resistieron a participar y mantuvieron su fe únicamente en Dios.

El Rey Shlomó describe que todas las tradiciones judías emanan de nuestras madres: “No olvides la Torá de tu madre” (Mishlé 1:8). A lo largo de la historia, las madres judías fueron quienes instilaron en sus hijos conocimiento y amor por ser judíos, y nuestra tradición reconoce esta profunda verdad.

2) Una mujer valiosa

Cada viernes a la noche, en la mesa de Shabat los judíos de todo el mundo recitan un bello poema: Eshet jail (Una mujer valiosa). Escrito por el Rey Shlomó, este es el mayor tributo al pueblo judío y a nuestra relación con Dios.

Eshet jail describe a una mujer ideal y sus relaciones con amigos y parientes, con sus vecinos, con su esposo y sus hijos. La tradición judía enseña que también es alegórico: esta madre idealizada representa al pueblo de Israel. El Rey Shlomó escribió el poema como un himno de alabanza a su propia madre, Batsheva, y está impregnado de amor y admiración. Al describir a la mujer y a la madre ideal, revelamos las cualidades que más deseamos tener.

En mi familia, mi esposo comenzó con una tradición singular en nuestra mesa de Shabat, Antes de cantar Eshet jail, él le pide a cada uno de nuestros hijos que diga tres cosas que Mamá hizo por ellos esa semana. Es una experiencia divertida y establece un tono de gratitud y valoración que dura mucho más allá de la cena del viernes. También los ayuda a comprender que la mujer valiosa sobre la que cantamos comparte muchas cualidades con las madres de la vida real: ella es caritativa, trabaja duro, cuida a su familia. Cantamos: “Sus hijos se levantan y la bendicen con felicidad y también su esposo la alaba” (Mishlé 31:28). Es un bello momento que revela la reverencia que el judaísmo tiene hacia las madres.

3) Respetar a la madre

Los Diez Mandamientos nos dicen que debemos tratar a los padres con respeto. La Torá repite esta instrucción de dos formas diferentes. En Shemot se nos ordena: “Honra a tu padre y a tu madre” (Shemot 20:12). En Vaikrá, Dios nos ordena: “Temerás a tu madre y a tu padre” (Vaikrá 19:3). Tradicionalmente, el pensamiento judío interpretó que esto significa que tenemos ciertas obligaciones claves de “honrar” a nuestros padres y otras de “temerles”.

“Temer” a nuestros padres implica no ser rudos con ellos. Esto puede parecer algo de sentido común, pero es un cambio refrescante ante algunos comportamientos que enfrentan los padres modernos. La tradición judía estipula pasos concretos: los hijos no pueden llamar a sus padres por sus nombres. Si los padres acostumbran a sentarse en un lugar que todos saben que les pertenecen, no podemos sentarnos allí. No podemos hacer nada que pueda avergonzar a nuestros padres.

El mandamiento de ”honrar” a nuestros padres tiene sus propios consejos. Tenemos que ayudar a nuestros padres: llevarles comida y bebida, pararnos por respecto cuando nos encontramos con ellos y ayudarlos de forma material. Tenemos que hablarles de formas que resalten su dignidad y evitar pensar en sus defectos cuando conversamos con amigos o con otras personas.

Para las madres actuales, estas antiguas instrucciones son particularmente refrescantes. Una encuesta del 2005 reveló que casi el 70% de los norteamericanos sentían que la gente era más grosera que una generación previa, y los niños se encontraban entre los menos respetuosos y corteses de todos. Un estudio del 2002 descubrió que sólo el 9% de los norteamericanos sentían que los niños que veían actuaban “respetuosamente” hacia los adultos. Para los padres atrapados en la encrucijada de educar niños corteses en una era de descortesía, las reglas corroboradas del judaísmo para respetar a los padres pueden ser una gran ayuda. En un primer momento puede parecer restrictivo que nos digan que no podemos hacer gestos ni quejarnos sobre nuestros padres cuando estamos cansados, pero tratar de vivir de forma acorde al ideal judío de honrar a los padres puede ayudarnos a crecer y volvernos más sensibles, además de transmitir un poderoso mensaje a nuestros propios hijos respecto a lo que es la compasión y el respeto.

4) El honor a los padres continúa después de la muerte

En el judaísmo, nuestra obligación de honrar a los padres nunca termina. La orden de hablar con respeto sobre nuestros padres, honrarlos y resaltar sus recuerdos continúa incluso cuando ellos ya no están en este mundo. Se acostumbra a referirse a los padres que ya no están vivos con la frase “de bendita memoria”; a estudiar y a efectuar actos caritativos en su memoria.

5) Las madres como socias de Dios

En el pensamiento judío, la maternidad no es sólo criar un niño, sino ser "socias" de Dios. El Talmud enseña que “hay tres socios en la (creación) de un hombre: Hashem, su padre y su madre” (Nidá 31a). (El Talmud especifica que esto también incluye a los padres adoptivos y no sólo a los padres biológicos). El momento del nacimiento se compara con la creación del mundo: ambos son increíbles milagros y momentos de intensa santidad.

El Talmud explica que al dar nombre a los hijos, las madres (y también los padres) reciben una medida de profecía para elegir el nombre correcto para ese niño particular (Brajot 57b). Esta es una forma diferente de considerar la paternidad: no sólo criar a los hijos, sino hacerlo de una forma que traiga santidad y espiritualidad al mundo.

Intenta encontrar una forma para incorporar algunas de estas ideas judías respecto a la forma de honrar a nuestras madres. Hacerlo puede dar realce a la manera en que vemos a nuestras madres y cómo enfrentamos nuestra propia maternidad. También puede ayudar a que el tiempo que compartimos con nuestras madres sea especial y significativo.