La gente piensa que porque tengo muchos hijos, sé mucho acerca de la paternidad, y siempre me piden consejos.

Me avergüenza admitir que, de cierta profunda manera, mientras más tiempo llevo educando a mis hijos, menos siento que sé. Cosas que afirmé decididamente cuando mis niños eran jóvenes y (así pensaba yo) manejables, me parecen tontas e ingenuas ahora. Mientras más tiempo llevo educando, menos control tengo – no puedes levantar a una niña de 16 años y ponerla en su habitación, ni tampoco querría hacerlo.

No obstante, a pesar de mis protestas, las personas continúan preguntándome acerca de educación. Así que he intentado destilar unos cuantos principios básicos por los cuales yo intento guiarme. Me rompí la cabeza buscando un lindo acrónimo pero fallé rotundamente, así que aquí van (sin ningún orden en particular):

1. Actitud:

Aquello que nos decimos a nosotros mismos acerca de nuestro día, nuestros hijos y nuestra experiencia del momento, da forma a nuestras respuestas. Puede que no seamos capaces de cambiar los eventos externos – los niños pequeños estarán cansados e irritables al final de la tarde; de hecho también los grandes – pero podemos cambiar nuestra reacción.

Cuando nuestros hijos pelean, ¿nos tiramos el cabello y chillamos “¡no puedo soportarlo!” o nos decimos a nosotros mismos calmadamente “esto también pasará”? O quizás, alternativa #3 (¡ya que la #2 parece fuera de alcance para la mayoría de los mortales!), ¿vestimos a todo el mundo y salimos afuera a jugar, cambiando el ánimo y la energía?

Lo que pensamos que podemos o no podemos soportar marca toda la diferencia.

Myriam Levi, autora de Educación Judía Efectiva, me inspiró en esto. “¿A qué te refieres con que no puedes soportarlo?”, la escuché decir una vez. “Ser cocinado en aceite hirviendo es algo que no puedes soportar. Esto no”.

Cambia esos discos que están sonando en tu cabeza. Crea un nuevo mantra. Me gusta La Pequeña Locomotora que Pudo (a tus hijos les gustará también): “Yo pienso que puedo, yo pienso que puedo”. A veces cuando me siento particularmente abrumada, tomo prestada una frase de Alcohólicos Anónimos – sólo que ellos son un poco muy ambiciosos para mí. En vez de “Un día a la vez”, yo digo “Una hora a la vez”.

Cada persona tiene que encontrar que es lo que funciona para ella. Pero reconocer que podemos controlar nuestras respuestas y reenfocarnos es tremendamente motivador. Tus hijos notarán la diferencia.

2. Tú eres un ejemplo, te guste o no:

No puede ser dicho suficientes veces: Lo que decimos es mucho menos relevante (¿me atrevo a decir irrelevante?) que lo que hacemos. Nuestros hijos nos están observando – que vestimos, que comemos, que compramos, nuestras expresiones faciales, nuestro lenguaje corporal, como tratamos a los demás.

Y no es fácil engañarlos. Así que no hagas nada a menos que estés dispuesto a responder por ello.

La forma en que actuamos tiene una profunda influencia en nuestros hijos. Puede ser un poco atemorizante. No hay duda de que todos cometemos errores en nuestro esfuerzo por ser modelos perfectos. Eso está bien. Confiésalos. Nuestros hijos aprenderán de aquello también.

Y ellos están observando nuestros matrimonios. Si descuidamos a nuestra pareja para favorecer a nuestros hijos, ellos harán lo mismo. Si tratamos a nuestra pareja groseramente, ellos harán lo mismo. Los padres están sobre el escenario todo el tiempo, (y nuestra meta es ganar el premio Oscar…).

3. Expectativas:

Cuando observamos a nuestros niños pequeños durmiendo, frecuentemente complacemos nuestras fantasías acerca de quienes serán, las oportunidades que ellos tendrán que nosotros no tuvimos, nuestras metas no cumplidas que ellos cristalizarán. Desde una edad muy temprana, tenemos expectativas de cómo formaremos a nuestros hijos y qué crearemos.

Pero los niños no son arcilla para modelar. Ellos no son pizarras en blanco. Vienen con personalidades, con inherentes fortalezas y debilidades. Podemos afinarlos y dirigirlos, pero no podemos cambiar su esencia.

Si intentamos vivir a través de otro, si intentamos forzarlos a ajustarse a nuestros sueños y visiones, los lisiaremos y destruiremos nuestra relación. Uno de los regalos más grandes que podemos entregarle a nuestros hijos es el reconocimiento de quienes son – separados de nosotros – y valorar sus cualidades y talentos especiales.

4. Rezo:

Ya sea que eres superado en número, como mi esposo y yo, o no, tú realmente no tienes el control.

Nuestros hijos tienen libre albedrío y fuertes impulsos corporales. Luego de toda la paciencia, orientación, ejemplo y apreciación, ellos aún tienen el poder de elegir. Y necesitamos la ayuda de Dios para guiarlos al resultado apropiado.

Queremos que cada uno de nuestros hijos alcance su potencial único, y no podemos hacerlo solos. Necesitamos rezar por el futuro de nuestros hijos, con toda la emoción que tengamos a nuestra disposición.

Cuatro simples principios – fáciles de decir pero no tan fáciles de llevar a la práctica. Especialmente cuando uno está abrumado, con falta de sueño, intentando balancear 101 cosas. Ser un padre decente es probablemente el trabajo más difícil del planeta, sin embargo buscamos este trabajo porque sabemos que no hay nada que podamos hacer que marque una mayor diferencia para el futuro. Todo lo que podemos hacer es intentarlo – y mientras estamos rezando para que Dios ayude a nuestros hijos, quizás podríamos pedir alguna cosita para nosotros también.