“¿Cómo te fue hoy en la escuela?”. En mi casa, esta pregunta por lo general recibe como respuesta un encogimiento de hombros y un murmullo indescifrable. Es por eso que te presento aquí ocho preguntas mejores para formular a los niños después de que vuelven de la escuela y entablar con ellos una conversación.

1) ¿Formulaste hoy una buena pregunta en clases?

Esta es la pregunta que la madre del Dr. Isador Rabi le formulaba cada día. El Dr. Rabi, un físico mundialmente reconocido que ganó el Premio Nobel en 1944, recuerda: “Mi madre me convirtió en un científico sin tener la intención de hacerlo. Después de la escuela, todas las otras madres judías en Brooklyn les preguntaban a sus hijos: ‘¿Cómo estuvo la escuela?’. Pero mi madre siempre me formulaba una pregunta diferente: ‘Izzy, ¿formulaste hoy una buena pregunta?’. Esa diferencia (formular buenas preguntas) fue lo que me convirtió en un científico”.

Preguntarles a nuestros hijos cuáles fueron sus preguntas del día, señala que su curiosidad es importante y que vale la pena cultivarla.

2) Cuéntame una cosa (pequeña o grande) que hayas aprendido hoy

La maestra de cuatro grado de mi hijo sugirió esta pregunta, y funciona. Describir todo el día puede ser abrumador para un niño, pero concentrarse y conversar sobre una pieza de información que aprendió durante el día es menos amenazante.

3) ¿Cómo ayudaste hoy a alguien?

Esta pregunta da fuerza a los niños y puede llevarlos a pensar de sí mismos como personas que 'dan' y 'ayudan' a los demás.

4) Si tú fueras el/la maestro/a, ¿qué harías?

Esta pregunta puede dar paso a muchas sugerencias emocionadas. Después de pasar por el inevitable: “¡Recreo todo el día!”, los niños pueden transmitir algunas ideas sorprendentes que te brindan una ventana para entender cómo ven su escuela.

Esto también alienta a los niños a pensar en sus maestros como personas reales, que tratan de hacer lo mejor por sus alumnos.

5) ¿Cómo lo manejarás la próxima vez?

A menudo, los niños temen el fracaso y no siempre saben cómo enfrentarlo. Preguntarles respecto a estrategias para actuar mejor la próxima vez, les permite entender que no hay ningún problema en fracasar y que lo más importante es lo que aprendieron de sus experiencias.

6) Si llegara a tu escuela un monstruo gigante con lunares, ¿a qué hora te gustaría que entrara?

A veces, a través de bromas y juegos es la mejor manera de lograr que los niños se abran y hablen sobre otras cosas.

7) Cuéntame una cosa buena que te haya ocurrido hoy

Pedirles a los niños que recuerden cada día experiencias positivas no sólo es una forma de comenzar conversaciones, sino que los estudios demuestran que también mejora la salud mental.

El Dr. Robert A. Emmons de la Universidad de California y el Dr. Michael E. McCullough de la Universidad de Miami, le pidieron a voluntarios que pasaran cada semana cierto tiempo pensando y escribiendo sobre eventos que les ocurrieron en esa semana. A algunos voluntarios se les pidió enfocarse en eventos positivos, otros repasaron eventos negativos y un tercer grupo escribió sobre temas neutros. Diez semanas más tarde, los resultados fueron sorprendentes: aquellos que dedicaron cada semana tiempo a reflexionar sobre experiencias positivas eran mucho más optimistas y se describieron a sí mismos como más felices con sus vidas. También habían hecho más ejercicio y experimentaron menos problemas médicos que aquellos que reflexionaron sobre experiencias negativas o neutras.

8) ¿Qué hiciste hoy en gimnasia/arte/música?

Puede ser tentador prestar más atención a las materias académicas al hablar sobre la escuela, pero preguntar por las materias electivas, tales como arte y música, puede dar lugar a grandes conversaciones e incluso puede alentarlos a ser más creativos y exitosos en la escuela y en la vida.

Esta es la conclusión del profesor Robert Root Bernstein de la Universidad del Estado de Michigan, quien examinó las vidas de científicos extraordinarios ganadores del Premio Nobel. En comparación con otros científicos, estos genios eran más propensos a expresarse también de otras maneras fuera de lo académico. Los ganadores del Premio Nobel tenían 22 veces más probabilidades de destacarse en las artes, 12 veces más probabilidades de escribir ficción, siete veces más de crear arte y dos veces más de tocar o componer música.

Al preguntar sobre las clases de arte o de gimnasia no convertiremos a nuestros hijos en ganadores de Premios Nobel, pero les transmitiremos el importante mensaje de lo importante que es la autoexpresión.